Cincuenta años después

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Días pasados se cumplieron 50 años de lo que desde ese momento se conoce como “el milagro de los Andes”. Un 23 de diciembre un equipo de rugby uruguayo tras caer repentinamente al pasar la cordillera de los Andes, en la fecha indicada volvió, porque 16 de ellos lograron sobrevivir.

Viajaban a participar de una competencia, más de cuarenta personas, entre los integrantes del equipo, algunos familiares y la tripulación del avión. Pero no fue la única pesadilla que debieron enfrentar, pues días después de haber caído, debieron enfrentar un alud, que puso fin a la vida de varios sobrevivientes de la tragedia inicial.

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Finalmente la osadía, la perseverancia de Parrado y Canesa, de no entregarse nunca y salir a buscar la forma de lograr el rescate de sus compañeros aún con vida, dio sus frutos y un arriero les encontró, les creyó y pronto orquestó el rescate indicando el lugar exacto donde había caído y estaban los restos del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya.

Para muchos fue una anécdota más, que linda en el milagro, debido a que se considera que nadie puede sobrevivir tras accidentarse en la cordillera más alta de Sud América y ser abandonados por parte de todos los que les buscaban.

Pero para los sobrevivientes y felizmente para muchos uruguayos más, a los que el hecho les “enseñó” muchas cosas, fue mucho más que eso. No sólo se trata de una experiencia inolvidable, sino que tanto para ellos, sus amigos y familiares, como para muchos uruguayos más, de una proeza, de una experiencia inolvidable que deja demasiadas enseñanzas a todo ser humano que no es capaz de mantenerse al margen del hecho.

Para los uruguayos en general es un hecho que jamás podrá ser olvidado, o tanto por haber logrado sobrevivir en condiciones totalmente inhóspitas, sino por el valor que han demostrado las personas que lograron sobrevivir. No sólo que fueron capaces de sobreponerse a la tragedia, sino que también han sido capaces de demostrarnos que cualquier “cordillera” que se presente en nuestras vidas es superable, si lo encaramos como corresponde hacerlo.

Todo ser viviente debería de asumir que lo “normal” es que todo ser viviente, animal o vegetal nazca, se desarrolle y muera. La cuestión es asumir que en esta vida muchas veces tenemos posibilidades que no somos capaces de aprovechar.

En los hechos en cada vida hay “cordilleras”, más altas o menos altas que deberíamos enfrentar con fuerza y ganas, como única posibilidad de sobrevivir.

A.R.D.

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