Aunque sea antipático

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Los días siguientes al clásico entre Peñarol y Nacional (fue el Viernes Santo) estuve tentado de escribir sobre situaciones que se vieron allí y que parece ya no deberían siquiera existir (si a tiempo se hubieran tomado ciertas medidas). Medidas tal vez antipáticas, pero seguro necesarias. Dejé pasar unos días, pero vistos algunos episodios en el partido que se jugó a mediados de esta semana pasada entre Peñarol y Rosario Central (en Argentina), siento que debo escribir lo que pienso.

No me voy a referir a lo deportivo, apenas diré que si me fijara en eso, debo decir que el fútbol uruguayo es cada vez más feo de mirar. Diga que somos esencialmente futboleros y pasionales además, si no, si fuera por cómo se juega, no sé qué tanta gente miraría. ¡Si hay jugadores que no saben bajar una pelota a los pies o cabecear! ¡y encima cuando patean al arco el tiro se les desvía dos o tres metros! Pero dije que no iba a hablar de lo deportivo.

Digo entonces que daba mucha pena mirar el clásico con una sola hinchada en la tribuna. ¿Por qué?, por miedo a los disturbios que pudiera haber. Entonces, por unos pocos (algunos cientos capaz) que causan disturbios, hay miles y miles que no pueden estar en un espectáculo maravilloso que es ver el colorido, el sonido de los instrumentos y los cánticos de dos hinchadas, ¡de dos, no de una! El duelo de cánticos tiene chispa, picardía, humor, pero… Nunca falta quien deforma todo eso en violencia y el resultado es que nos quedamos sin nada. Sin las dos hinchadas en la tribuna siquiera. ¿Cuál será el próximo paso? ¿Jugar a puertas cerradas? Y sí. Porque si ya nos estamos acostumbrando a que entre una sola parcialidad, si ya lo vamos asumiendo como normal, el siguiente paso es asumir como natural que directamente se juegue sin público. Muy triste, realmente. Porque además, no podemos dejar de agregar, que aún habiendo entrado una sola hinchada, afuera del estadio hubo disturbios y enfrentamientos con la Policía.

Ahora bien… Está claro que no podemos quedarnos en la crítica y el lamento. Hay que actuar. Proponer, al menos. Y nuestra propuesta son medidas fuertes, pero mucho, muchísimo más fuertes que las que ya existen, para sancionar a quienes “se portan mal”. De forma mucho, pero mucho más drástica se debería actuar. Y no estamos pidiendo que la Policía vaya a “moler a palo” a nadie. No, no se trata de eso. Se trata de otras cosas que a continuación pasamos a ejemplificar…

En el clásico del pasado viernes 22, el árbitro detuvo tres veces el partido porque caían proyectiles desde las tribunas. Sí, leyó bien, ¡tres veces! En nuestro entender, la primera vez que cae a la cancha un objeto arrojado desde la tribuna, ya se debe suspender el espectáculo. ¿Por qué tres veces? ¿Se esperaba que en una de esas veces alguien resultara lastimado? Da la impresión que sí.

En el partido frente a Rosario Central, hay un momento donde desde una tribuna se arroja (hacia otra que está más abajo), vallas de hierro. ¿Acaso no ameritaba eso suspender inmediatamente el partido? Pues no, los “expertos” en la materia entendieron que se debía continuar y lo que continuó fue la violencia. Y el partido terminó con un jugador de Peñarol con un corte en la cara por una pedrada. ¿Había que esperar llegar a eso?

Cuando hablo de estos temas, suelo escuchar a quienes dicen que la solución es trabajar en la educación. Estoy de acuerdo a medias, solo a medias con esa afirmación. Pienso que la educación ayuda a la prevención de la violencia siempre y cuando sea acompañada de otras medidas, de otras acciones concretas que no se queden en discursos. Porque ¿acaso los docentes (desde un Caif, pasando por el jardín de infantes, la escuela y el liceo) no trabajan estos valores de respeto, tolerancia, valores elementales para la convivencia? Yo pienso que sí, que trabajan esas cosas. ¿Por qué entonces sigue pasando lo que pasa? Porque la educación solo no es suficiente. A las pruebas me remito. Claro, sé que hay quienes dirán: tal vez falta educación en el hogar. Puede ser, seguramente sí, pero igualmente creo que no alcanza con eso. Insisto: educar y prevenir está muy bien, por supuesto, nadie lo discute, pero también hay que actuar sin que tiemble el pulso cuando las cosas ocurren.

Si cae desde una tribuna un encendedor, una piedra, una petaca de vidrio (por mencionar ejemplos reales que estamos viendo estos días), inmediatamente el partido debe ser suspendido, aunque hayan transcurrido 5 minutos. Entonces, quien pagó una entrada para ver todo un partido y solo verá 5 minutos se va a molestar, y quien invirtió en café, chorizos, panchos, maní o garrapiñada para vender y no pudo hacerlo también se va a molestar, y quien organizó todo lo demás que implica el espectáculo también quedará muy molesto…Todo será un escándalo…Sí, lo sabemos, pero eso pasará una vez, dos veces, diez…Hasta que naturalmente (en vez de aceptar la violencia impune) el comportamiento empezará a ser otro. Es un proceso, no es de un día para el otro, pero todo proceso requiere iniciarlo. Y los mismos vendedores que solo quieren trabajar, y los mismos espectadores que solo quieren ver un espectáculo, se preocuparán y ocuparán de de corregir a los desubicados.

Otra cosa…¿Por qué los jueces, digo en general (por supuesto hay excepciones, aunque cada vez menos), son tan tolerantes con la violencia de los jugadores? No hablo solo de “jugadas fuertes”, hablo de por qué permiten que todos se insulten, que todo se proteste, etc., etc. ¿Acaso las tarjetas amarilla y roja no son el lenguaje universal para que ni siquiera se necesite hablar el mismo idioma? Entiendo y me parece bien que a veces el juez hable con los jugadores, explique algo, sugiera algo, pero todo tiene un límite: no puede esperar que un jugador le grite tres o cuatro veces en la cara para recién mostrarle una tarjeta amarilla. Le digo más, no puede estar advirtiéndole que “la próxima te echo”. Al primer insulto, tarjeta roja y punto. Y si llega un momento que hay tantos jugadores expulsados al punto que no pueda continuar el partido, que se suspenda y listo. Y volvemos a lo mismo: nos molestaremos una vez, dos, diez veces, pero le puedo asegurar que después los jugadores aprenderán a comportarse, porque además, sentirán el peso de quienes tan solo les piden que cuiden el espectáculo, como debe ser.

¿O no nos damos cuenta que esa violencia de los jugadores (ídolos para muchos) se traslada a la tribuna, a la parte de afuera del estadio, al barrio? Así como se trasladan también algunos gestos y disparates que dicen ciertos directores técnicos y dirigentes del fútbol en medios de comunicación, con lo que no hacen más que “dar manija” a los violentos que están ahí nomás, agazapados…

Una cosa que siempre me pregunto es si en verdad sirve tanta tecnología que se pone al servicio de estos eventos deportivos: cámaras de seguridad, cámaras de reconocimiento facial, detector de metales, entre otras cuestiones. Porque cuando queremos acordar, hay drogas dentro de los estadios, y botellas de vidrio y más…Y también me pregunto: cuando esta tecnología logra identificar, por ejemplo, a quien tira una piedra (como pasó en el partido Peñarol-Rosario Central), ¿qué pena recibe la persona identificada? Porque si la pena es tenerla unos días en calabozo y que no entre a un estadio por unos meses, seguimos en la misma…Va a salir con más ganas de volver al estadio a hacer lo mismo (¿o no es altísimo en estos casos el número de reincidentes?). ¿Y qué solución habría? Para mí, entre otras cosas (trabajo comunitario, etc., etc.) a esa persona no se le debería permitir entrar nunca más en la vida no solo a un estadio de fútbol, sino a ningún espectáculo público. Pero ojo! Debe saber de antemano que le pasará eso si tira una piedra. Y entonces que después decida si lo hace igual.

Asimismo hay cosas inentendibles y que también hay que cambiarlas de forma urgente. ¿Cómo podemos seguir aceptando que la Policía no pueda estar dentro de las tribunas? Se trata, otra vez, de una sugerencia de los “expertos”, cuyo trabajo sin dudas respetamos, pero a la vez nos permitimos decir que no está dando buen resultado.

En la tribuna entra gente alcoholizada, con tacuaras, con petacas de vidrio…Pero no puede entrar un grupo de agentes policiales. A la pucha que “es desgolleta’o el asunto del punto de vista de la lógica” dijera Landriscina.

Una última cosa (por hoy, claro, porque habría ríos de tinta para escribir sobre el tema); hay que tener mucho cuidado con las bromas que se hacen una vez que ocurren estos hechos, Hemos visto en las redes sociales que el corte que se le produjo al jugador en la cara, ha servido para un sinfín de chistes. Siempre es bienvenido el humor, pero con un límite, porque cuando se abusa con algo, por más humorístico que sea, puede volverse violento. ¿O acaso el bullying muchas veces no nace del abuso de bromas a alguien? Hay quienes todavía, después de algunos años, aún siguen bromeando con el caso de una garrafa que cayó de una tribuna en un clásico…¿Dónde está lo gracioso?

En fin…Quizás algún día se entienda que por el bien común, muchas veces ser drástico y antipático no es malo.

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