APUNTES EN BORRADOR XV

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CANCELAR. Parece estar de moda en la vecina orilla la palabra cancelación, que a su vez viene del norte del continente, donde se trata de hacer justicia con aquellos que durante años han abusado del poder que tenían aprovechándose de esa situación y sometiendo a mujeres a sus más bajos instintos.

Hoy nos encontramos con que las víctimas de abuso que en la mayoría de los casos ha llegado incluso a lo sexual, se revelan legítimamente y denuncian a sus agresores. La sociedad, cansada de mirar para el costado, comienza a empatizar con estas denuncias y las hace propias, llegando a tener una sentencia mucho más dura que la puede provenir de la Justicia. Es la sociedad la que termina cancelando a esos abusadores mientras el sistema judicial se toma su tiempo, como tiene que ser, para dar garantías a todas las partes por el principio de inocencia.

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El fenómeno que estamos viendo ahora también, y sin poner nombres, es que esas denuncias pueden verse superadas cuando mentes perversas se aprovechan de este momento especial que se vive en la sociedad y decide utilizar la herramienta de la denuncia para enchastrar a otros. La línea entre la verdad y la mentira suele ser muy delgada, y lamentablemente, algunas mentes inescrupulosas no temen cruzarla porque su vida ha sido una constante mentira. Acostumbrados a vivir de esa forma, no tienen problema de seguir mintiendo y llevarse a alguien con ellos, sabiendo que la gente está muy sensible a este tipo de denuncias y que siempre prestará principal atención a las víctimas, como con un sentimiento de culpa por haber pasado años negando el maltrato y abuso.

Advirtamos esto y prestemos atención, que las denuncias falsas no destruyan la herramienta de la denuncia legítima porque flaco favor le estaremos haciendo a las verdaderas víctimas del abuso. Vemos en Argentina que ante la mínima mención en las redes sociales, y de la mano de los medios de comunicación, la pelota de nieve comienza a agrandarse rápidamente mientras avanza. No toleremos las falsas denuncias que pueden ser utilizadas como herramienta política para vengarse de otras situaciones que nada tienen que ver con el abuso. Y si éste existiera, que la Justicia llegue hasta el hueso sin que le tiemble la mano, pero no perdamos de vista que así como hay víctimas, también hay personas inescrupulosas que no tienen problema de decir cualquier cosa con tal de dañar, sea del partido político o de la condición laboral y social que sea.

Mi preocupación esencial pasa justamente por proteger esto que se ha alcanzado una vez que se ha logrado vencer el miedo de la víctima y que con fuerza y valentía se ponen de pie para señalar a su agresor. Tampoco digo que hoy haya falsas denuncias, aunque algunas tienen fuertes indicios de que lo sean, pero que sea la Justicia la que lo determine.

Que la sociedad esté alerta, no sea cosa que cancele a personas por el mero hecho de haber sido denunciadas y luego en la Justicia se demuestre que era todo una trama vengativa que solo buscaba dañar la imagen de la persona denunciada, porque una vez que la sociedad cancela a alguien, el daño es irreparable e irreversible.

De todas formas, tengo fe, porque tengo claro que el pueblo uruguayo es distinto al vecino. No digo que mejor, digo distinto, y por nuestra idiosincrasia solemos tomar las cosas con un poco más de temple. Tengamos cuidado, defendamos y protejamos a las verdaderas víctimas del abuso y de la trata de menores, que las hay.

Hasta la semana que viene…

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