Alimentación escolar: las cosas como son

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Por Jorge Pignataro

Sobre fines de diciembre, mientras conversaba con un docente y asiduo lector de EL PUEBLO, en un momento me dijo: “Qué duro que fuiste este año con las críticas que le hiciste a la educación”.

“Sí y no”, le respondí. Porque si bien es cierto que redacté varias notas de opinión con fuertes críticas a variados aspectos del sistema educativo, a su funcionamiento, no es menos cierto que me quedaron en el tintero miles de líneas que podría haber agregado y no lo hice por diferentes motivos. Prefiero quedarme, con el resumen de: “desde hace unos veinte años, la Educación Uruguaya está en franca decadencia”. Si ahondara, debería introducir temas personales que (también por diferentes motivos) no haré.

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Pero además, le expliqué a ese docente, le recordé mejor dicho, que también me había dedicado varias veces a destacar aspectos positivos. Tampoco ahora entraré en detalles porque sería demasiado redundante, pero es claro que en más de una nota, y los archivos resisten (para usar una frase que parece estar de moda) elogié por ejemplo la dedicación extraordinaria de algunos docentes por dar lo mejor de sí a pesar de todos los pesares, o la sobresaliente actuación (a nivel nacional e internacional) de algunos estudiantes en diferentes disciplinas y actividades.

Y hoy también quiero hablar de algo bueno, y tiene que ver con la alimentación que reciben nuestros gurises por parte del sistema educativo. Creo que, aunque sea una frase más que trillada, no estaría de más reiterar que por supuesto todos aspiramos a que algún día no sea necesario que las escuelas y liceos brinden alimentación. Por supuesto, va de suyo para este tema, que lo ideal sería que todo estudiante (niño, adolescente, mayor…) estuviera bien alimentado en su hogar y no fuera necesario que la institución educativa a la que asiste tuviera que cubrir esa necesidad. Pero, ante una realidad que no es la ideal, hay que trabajar para que sea, al menos, lo mejor posible. Y en ese sentido es que hoy destacamos el trabajo que se viene haciendo.

Actualmente en nuestro país, hay más de 200.000 alumnos que reciben alimentación en la Educación Pública. Vuelvo a insistir: claro que estaríamos más contentos si ninguno de ellos lo necesitara, pero eso no nos puede hacer desconocer que el trabajo que se viene haciendo es bueno.

Son datos y no una opinión personal, que el famoso PAE, esto es el Programa de Alimentación Escolar, ha sido considerado en no pocos países como “un programa ejemplo en América Latina”, y sobre todo porque “entre 2020 y 2023 casi duplicó su presupuesto”.

En su momento lo dijimos y hoy volvemos a hacerlo: no es cierto que en las escuelas uruguayas no se le permita a un niño repetir el plato de comida, como se nos quiso hacer creer en algún momento. No es cierto que los comedores escolares sean mezquinos con la comida que brindan. Nos consta, porque lo hemos comprobado con nuestros propios ojos, que en muchísimos centros educativos sobra la comida. Indudablemente no vimos con nuestros propios ojos “todos” los que hay en el país, pero nos animamos a afirmar con total seguridad que faltar comida, no falta en ninguno de ellos, de ninguna manera.

Pero resulta interesante observar algunos datos…

Durante el año 2023, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) proporcionó: 194.829 almuerzos en 1.383 centros educativos y 203.074 copas de leche en 920 instituciones. En tanto la inversión de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) en 2023 fue de $3.361.219.747 para la alimentación de 210.000 alumnos de Primaria y Educación Media.

¿Qué pasará en este 2024 que se está proyectando? Pues se prevé una inversión de $3.727.135.994 para este rubro este año, según explicaciones brindadas por la directora del programa, Rosa Lezué. No está de más repasar que, como bien se ha explicado muchas veces: “Los servicios de alimentación escolar cumplen tres funciones -alimentación, socialización y educación integral de los estudiantes- y su objetivo es lograr una correcta nutrición y estimular la adquisición de buenos hábitos”. Pues bien, es en ese sentido que la Directora General de Educación Inicial y Primaria, la maestra Olga de las Heras, señaló que el Programa de Alimentación Escolar “no es meramente asistencial sino que tiene un fuerte contenido pedagógico”. Estamos de acuerdo.

La docente Rosa Lezué manifestó que, además de la cobertura habitual, el programa brinda alimentación en días de paro y asambleas técnicas docentes, y agregó que “durante la emergencia hídrica en Montevideo y Canelones, se destinó 45.567.130 pesos en partidas para compra de agua”. Qué tema el de los comedores los días de paro, ¿no? En más de uno de esos días, durante el año que pasó, fuimos testigos de momentos en que echarse la culpa de un lado a otro era moneda corriente. De un lado a otro queremos decir: autoridades de la Educación y organización de docentes.

La misma Lezué, dijo en algún momento que se le estaba dando al PAE“una mirada más humanista”, y que se aspira a “que la salud de los niños sea la mejor, que se proyecte a la familia y a la sociedad”. El trabajo de nutricionistas en este ámbito también existe y es importante mencionarlo.

Es decir, como para ya ir finalizando, la parte de alimentación en el sistema educativo uruguayo funciona y funciona bien. Sucede que, como lamentablemente todo se partido-politiza, nunca faltan los desconformes con todo. Hubo desconformes con las famosas bandejas de alimentación de hace unos cuantos años atrás y sigue habiéndolos ahora, cuando aquello ya fue superado. Y si usted, estimado lector, razona fría y profundamente, le aseguro que comprobará que siempre los desconformes (y más quienes echan leña al fuego del inconformismo de otros) en el 99,9 % de los casos tienen escondida en la manga una carta con intención política en contra del gobierno de turno.

El Programa de Alimentación Escolar es modélico en América Latina (aunque haya quienes no quieran verlo) y ha sido puesto como ejemplo incluso en diversos foros patrocinados por la FAO (Food and Agriculture Organization), Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. “Tenemos nuestros propios comedores equipados totalmente y eso solo sucede en Uruguay”, se ha insistido desde el equipo que dirige el PAE, y es verdad.

La ANEP casi duplicó el presupuesto de este programa desde el año 2020, pasando de U$S 47,8 millones en ese año a U$S 89,8 millones en 2023. Justo estamos hablando de años en que comenzó a gobernar otro color político, podrán pensar algunos. Sí, aunque es probable que si hubiera seguido gobernando el Frente Amplio tal vez también se habría dado ese aumento en la inversión. ¿Cómo saberlo? Lo cierto es que el gobierno cambió y que aumento en la inversión, los números demuestran que hubo. ¿Podemos dedicarnos en otro momento a hablar de cifras de pobreza infantil y hambre? Sí, claro, sin dudas, y en ese caso seguramente el actual gobierno no saldría demasiado favorecido. Pero respecto a lo que estamos tratando hoy, hay que decir las cosas como son.

“Prácticamente se ha duplicado la inversión en la satisfacción de esta necesidad básica alimentaria, que no es lo esencial de un servicio educativo, pero que tenemos internalizado como un cometido propio, que lo hacemos con muchísima satisfacción”, dijo pocos días antes de terminar el 2023 el vicepresidente del Codicen, Juan Gabito Zóboli.

Solo nos resta desear que este programa se mantenga en la permanente ayuda, indispensable sin dudas, a tantos miles de familias de nuestro país. Aunque, lo decimos una vez más, en el horizonte debe seguir brillando la esperanza de que algún día, cada estudiante tenga en su propio hogar lo suficiente para alimentarse, y pueda ir a los centros educativos únicamente a estudiar y socializarse. Ojalá.

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