En las últimas horas un operativo policial permitió decomisar en un barrio alejado del centro de la ciudad una importante cantidad de mercadería argentina y brasileña, junto a carne y otros productos cárnicos, milanesas, chorizos, y otros. Se hallaban para comercializar en forma irregular, violando exigencias específicas en la materia, que tienen que ver con la procedencia, las condiciones sanitarias y demás. Junto a los productos decomisados fue detenida la responsable del comercio y no sabemos cual ha sido la resolución judicial en definitiva.
Sin ignorar el aspecto delictivo que configura la venta de carne de dudosa procedencia en lugares no autorizados y en condiciones totalmente irregulares, que consideramos que es correcto que se persiga y evite, porque configura un riesgo potencial para la salud de la población, no compartimos lo referente al decomiso del resto de la mercadería.
Y no compartimos, no porque no sepamos que puede constituir delito, por lo menos el delito de contrabando.
No compartimos porque en primer lugar, se está aplicando la ley arbitrariamente. Todos los comercios de barrio, salvo raras excepciones muestran la misma realidad.
Tienen que vender mercadería extranjera, que “alguien” arrima a sus locales, porque en caso contrario les resulta imposible subsistir, ante la competencia desleal y totalmente irregular que significa el lugar que centraliza esta actividad y donde hay comercios con tal abundancia de mercadería extranjera que ya quisieran tener los bolichitos de barrio.
¿En qué medida entonces es justo perseguir a los comercios de barrio?
¿Por qué a los chicos sí y a los demás no?.
Es una incongruencia, casi diríamos aún absurdo, hoy “complicarle” la vida a alguien que trata de subsistir mediante una actividad que si bien no es totalmente legal, tampoco se roba o se la quita a nadie.
La Justicia y el gobierno mismo, comenzando por el Parlamento, debe definirse de una vez por todas sobre cual es la política a aplicar en esa materia.
De no ser así, seguiremos en la situación actual, en la que se persigue y castiga a los más chicos, en cambio los “peces gordos”, siguen tan campantes como siempre.
Por lo tanto, es cuestión de alcanzar determinada dimensión en el delito para ponerse en el “limbo” donde la Justicia no llega.
Sencillamente no es justo. ¿verdad?.