Salto volvió a contar con frecuencias aéreas desde y hacia la capital de la República desde el año pasado. La noticia, acompañada de una destacable inversión en el Aeropuerto Internacional de Nueva Hespérides, volvió a colocar a la ciudad en el mapa de una ruta que, si bien no tiene comparación con el transporte terrestre, despierta atractivo en determinada clase de pasajeros y turistas, siendo un factor más de revitalización de nuestro turismo y el consumo regional de esa manera de circulación.
Como todo chiche nuevo, al principio anda bien, y su reaparición en el mercado se anuncia con bombos y platillos; pero -como también es muy nuestro-, pequeños detalles que hacen a la cosa son dejados por el camino, como la contundente, masiva y clara propaganda para los interesados.
Mucha gente desconoce qué empresa es la encargada de los viajes; dónde realizar las reservas y compra de los boletos; qué frecuencias existen; de qué forma ir hacia el aeropuerto y cómo trasladarse hasta la ciudad o los centros termales; en fin…no existe asistencia al turista ni al locatario.
Este tipo de fallas organizativas, de coordinación, son evidentes; pues, si las hubiera y se conocieran las respuestas a dichas preguntas, no estaríamos permanentemente recibiéndolas, sin saber responderlas.
No podemos comprender por qué algo tan fácil de hacer, no es hecho; por qué, habiendo un departamento de Turismo, o de la forma que se llame actualmente, no haya información acorde a la categoría de ciudad turística.
Lamentamos que cada día veamos con acostumbramiento que, el servicio que se está otorgando, no es el apropiado. Se puede y debe rendir más en dicho aspecto.