Exboxeador, Campeón Salteño y Campeón Uruguayo: 24 triunfos, 1 empate y 1 derrota
Sergio Ballesteros Correa cumplirá el mes próximo sus 46 años de edad: nació en Salto el 14 de abril del año 1975. De profesión herrero, goza de una amplia clientela y reconocimiento generalizado de los salteños por su destreza como tal; trabaja en su propio taller ubicado en el corazón del populoso barrio Cerro (calle Julio Delgado al 1600). Ese ha sido siempre su barrio, desde que nació.
Pero su historia como boxeador, deporte que le dio muchas satisfacciones y le permitió posicionar a Salto más de una vez en un lugar de privilegio, merece ser contada. Es por eso que él, Sergio Ballesteros, es el protagonista de nuestra sección Al Dorso de hoy.
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¿A qué se dedica en la actualidad?
Actualmente tengo un taller de herrería, así como lo tuvo mi abuelo y mi padre, los cuales a pesar de que ya no están, aún son conocidos por ese trabajo que realizaron, y además por su pasión por supuesto, que era el Box.
Es decir que este deporte es tradición familiar. Cuéntenos algunos recuerdos de infancia y adolescencia.
Crecí en ese ambiente, viendo desde muy chico combates de Box, estando en vestuarios, etc. Cuando cumplí 7 años mi padre me regaló guantes de Box y juntaba gurises del barrio para enseñarnos. Yo soy nacido en el Cerro y crecí en el Cerro; actualmente incluso sigo en este barrio también. Fui a la Escuela Nº 64 «España», y asistí luego al Liceo Nº 2 «Antonio M. Grompone».
¿Cuál ha sido, a grandes rasgos, su trayectoria en el boxeo?
Mi primera pelea fue a los 17 años, en el Club Peñarol. Yo había ido a mirar una velada y faltó un boxeador de mi peso, mi padre me mira y me dice: ¿te animás? ¡Qué emoción sentí! Entre nervios y ansiedad subí al ring, pero al subir como que cambió todo, era otro mundo para mí, ya no escuchaba ni veía otra cosa que no fuera mi rival. Gané en esa pelea, es decir en mi debut, y me di cuenta que me gustaba y me hacía bien. Como te decía antes, mi primera pelea fue cuando tenía 17 años…Después, hice un total de 26 peleas, con la cosecha de 24 triunfos, 1 empate y 1 derrota. Y mi última pelea fue cuando tenía 22 años. Dentro de esa trayectoria destaco que salí Campeón Salteño en el año 1993 y Campeón Uruguayo en el año 1996.
Números casi perfectos… ¿A qué personas mencionaría al momento de reconocer a aquellos que hicieron algo por usted para que lograra ese nivel tan bueno?
Mencionaría por ejemplo a mi abuelo, que era además mi entrenador: Hugo «Tintín» Ballesteros. Y mi padre, que también siempre estaba, estaba siempre en el rincón con él. Mi abuelo todos los días al terminar de trabajar juntaba su equipo y se iba a entrenarnos, nunca cobró un solo peso, al contrario, él ponía cuando hacían falta cosas.
Viendo la tradición familiar, es inevitable preguntarle si algún hijo o sobrino suyo siguió ese camino…
No, no… En realidad yo fui el último de la familia que boxeó.
Hablemos ahora del boxeo salteño de aquellos años en que usted lo practicaba: ¿dónde eran las peleas?
Recuerdo que las peleas en Salto se hacían principalmente en el Club Nacional, en Círculo Sportivo, en el Club Ceibal… Aunque la primera en mi caso, como te decía, fue en el Club Peñarol, y la verdad que no recuerdo que hayan hecho otras veladas ahí. En cuanto a otros boxeadores puedo decir que en realidad eran muchos, pero entre los más conocidos estaban Luis «Elástico» Guglielmone, Wilson «Látigo» Fagoaga, Wilson «Topadora» Galli…
¿Tuviste oportunidad de pelear también fuera de Salto?
Sí; también estuve en Montevideo y en Artigas, además en Concordia y en Quaraí.
¿Cómo ve actualmente este deporte?
Actualmente está un poco dormido el boxeo, pero creo que está así a nivel nacional, teniendo en cuenta el tema del Covid 19.
Entonces es entendible, pero tengo fe de que va a resurgir pronto.
Es bastante común que se identifique al boxeo, por sus características, con la violencia. Y se tiende a pensar que el boxeador es violento, que es este un deporte que promueve la violencia… ¿Qué reflexión le merece?
Bueno…te puedo decir que en mi caso fue diferente. Diría que fue todo lo contrario. Me pasó que de chico era muy común que se armaran peleas en la escuela, en el campito, en un cóctel, en un baile, y yo era muy calentón, por eso me decían «Polvorita» (risas)… explotaba fácilmente. Entonces cuando mi padre me dijo: ¿por qué no te arrimás a practicar (boxeo) al gimnasio?, yo dije: qué bueno, voy a aprender a pelear mejor, voy a aprender a pegar más y a que me peguen menos a mí. Sin embargo, todo lo contrario: al asumirlo al Box como un deporte, eso me calmó, me controló, me ayudó a manejar las energías. Creo que me hizo sentir más seguro de mí mismo y ya no enojarme y pelear por cualquier cosa por ejemplo.
La última: ¿qué nos podría contar de su familia en la actualidad?
¡Actualmente ya soy abuelo! Me gustaría contar que tengo cuatro hijos. Tengo una hija de 23 años que está cursando tercer año de profesorado; un hijo de 22 años que en él yo tenía esperanzas que saliera para el boxeo (risas), pero no, prefirió más el fútbol, y es policía de la Guardia Republicana en Montevideo; después, tengo un hijo de 13 años que va a segundo año del liceo; y una nena de 8 años que está en tercero de la escuela.
Hoy por: Jorge Pignataro
