Un Salto sin brújula. De la impotencia a la derrota en los 90’ y la caída por penales. La noche que nadie entendió. ¡Un corso a contramano!

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    Salto solo debía empatar.
    Salto incluso, podía perder 1 a 0 y avanzar.
    Sin embargo, el cachetazo. Sin embargo, la condena.
    Sin embargo, esa noche en que nadie entendió, por eso de la ausencia del equipo en su significación más literal.
    La ausencia táctica, pero también la ausencia temperamental.
    Salto terminó siendo vacío, a despecho de esa reacción de última, cuando el “Zurdo” Fagúndez clavó el empate tras la posición adelantada y definió ante la salida de Curbelo. Después, la réplica de Tacuarembó y el pelotazo en profundidad. Cuando Daniel Paz va a buscar, hasta que desde la guarida la reacción con infracción incluída. El penal en la sanción del discreto Fabregat y Cuello mandando la bomba. El 2 a 1. Después los penales. Después la condena. El 4 a 2 de Tacuarembó que fue infalible, certero, mortal, implacable.
    Al fin de cuentas, el Salto de las manos vacías, en esa noche en que costó entender lo que pasó. Y sobre todo, por la abulia del equipo.
    Por el escaso caudal de reacción espiritual. Por la lentitud de siempre en la partida y en la llegada. El hecho es que además, la eliminación se plasma después de la imposición en condición de visitante.
    Lo que Salto ganó afuera, lo perdió adentro. En la noche misma, del Salto a contramano.
    LA TORPE MEDIANÍA
    Porque al cabo, el partido fue la exposición de lo claramente chato, rústico, gris. A excepción de los últimos 25’ de juego, cuando Tacuarembó pareció captar la frecuencia de su mismísima necesidad. Por eso,  soltó amarras.
    Se liberó de los traumas.
    Expulsó los complejos de sentirse penosamente inferior.
    Fue entonces, en que se quedó con la pelota. Siqueira mandó el frentazo del gol a los 21’ de la recta final y por más que Walter Pereira se fue expulsado a los 38’, no se aplastó en la actitud. Conservó la vertical de su diablo sueño finalista. Y más allá de Fagúndez clavar el empate, Tacuarembó terminó con la sonrisa incrustada. Ante ese Salto de la tenue pretensión ofensiva siempre. El del remate de Antonio Gómez por los 12’ del primer tiempo, otro de Héber Martínez a los 18’ y cuánto más en 90’ de desértica ambición ofensiva?.
    Las torpezas en los dos equipos, pero Salto tenía derecho a renunciar tanto a un elemental y básico protagonismo?.
    LOS VOLANTES
    DE LA MARCA
    Y LA CREACIÓN
    ENCARCELADA
    Con Antonio Gómez, Coelho, Martínez y Nicolás Jorge, nadie podría discutirlos como dique de contención. Pero cuál de ellos, pesa en el desdoble ofensivo o en la habilitación más o menos intelectual y técnica?. Acaso el propio Antonio, acaso…. Entonces, que fue Salto, sino una liviana manifestación a la hora de orquestar y producir arriba?. Por eso, el equipo incomunicado siempre y la desventura de Fagúndez y Carballo…. allá ellos, solitariamente ellos, desamparadamente ellos….
    La creación se encarceló siempre entre tanto volante a destajo, pero sin vuelo del que se aventura al hábito de creer que se puede, desde la estrategia misma. Por eso Salto fue y rebotó. Por eso, Tacuarembó le fue perdiendo el respeto. Hasta se fue convenciendo que era cosa de atreverse. O de querer. Ya en el segundo tiempo, el técnico mandó a la cancha a Siqueira por Garín y fue de las llaves a favor de ese Tacuarembó que concluyó con más de un cimbronazo a favor. Desde su saludable y atrevida convicción…
    LA AMARGA DECEPCIÓN
    Hay que suponerlo bien y sin más trámite. Luis Cavani debió variar antes la composición. Sin Pablo González y Dany Samit, no era turno en tiempo y forma para Aranda o Pintos?. Hasta cuestión de lógica pura.
    Por eso, cuando Tacuarembó llega al 1 a 0 y Salto fue tendencia al desprendimiento de su chatura, se topó frente a un hecho real: el no saber que hacer. O como hacerlo. O cual senda para trazarse….
    Más que nunca el corso a contramano. Como una maldición del mismísimo Momo, que hizo soplar los vientos, para que temblara el cielo y ahí abajo, en el Dickinson agua-fiesta de las tribunas semi-vacías, irrumpiera en escena, un equipo por sobre todo SIN JERARQUIA y AFIEBRADO DE ERRORES. Acaso la fibra de Cristian Cavani desde el fondo. Acaso Antonio Gómez por el medio. Acaso y por sobre todo Nicolás Fagúndez, en eso de atreverse, a pesar de los pesares. Cuando en el cuarto minuto, el penal llegó para Tacuarembó y Cuello resolvió notable, entre la amarga comprobación y el descorazonado final del desencuentro colectivo e individual. Después, la sentencia tacuaremboense del 4 a 2 final.
    El capítulo final del Salto eliminado.
    Del Tacuarembó avanzando a la final.
    Del Salto bien a contramano.
    Del Tacuarembó que le costó creer.
    De punto a banca. Lo fue.
    Frente al Salto… que terminó lejos de ser banca.
    Solo de punto…. en esa gruesa impotencia del dolido final.

    -ELEAZAR JOSE SILVA-

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