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“Somos unos afortunados de estar en Nueva Zelanda en medio de esta pandemia mundial”

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Liliana Castro Automóviles
Diario EL PUEBLO digital
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La experienca de Lucía y Bruno en Nueva Zelanda desde hace más de cinco años

Lucía Goncálvez es una joven salteña que junto a Bruno – su compañero de vida – decidieron hace casi seis años atrás – probar suerte en Nueva Zelanda.
”En marzo del 2015 me recibí de Licenciada en Comunicación y me costó mucho encontrar trabajo… así que en medio de la búsqueda laboral empecé a ver opciones para trabajar en el exterior. Era un objetivo a largo plazo porque primero tenía que ahorrar dinero así que cuando conseguí trabajo todos mis ahorros estaban destinados a Nueva Zelanda.
En cambio Bruno tenía un muy buen trabajo en Uruguay y era el que más dudas tenía en irse del país pero inesperadamente la empresa de Software en la que trabajaba cerró de un día para otro y la idea de irnos a otro país cobró más fuerza” – comentó a EL PUEBLO Lucía.
Se decidieron por Nueva Zelanda porque era el país más fácil para trabajar legalmente y tenían muchos conocidos que habían viajado a aquel país.
En ese entonces solo había Working Holiday Visa (Visa de trabajo y vacaciones) para Australia y Nueva Zelanda pero el primero exigía más requisitos y era más caro.
Mientras que para Nueva Zelanda era aplicar online un día determinado.
Era más sencilla la aplicación pero no más fácil obtenerla ya que anualmente se otorgan 200 Working Holidays y hay muchísimas personas aplicando a la misma vez, la obtienen aquellos que pagan primero.
“En nuestro caso yo pude obtenerla pero Bruno se quedó sin cupo así que optamos porque viajara a Nueva Zelanda con una Student Visa (Visa de estudiante) que le permitía trabajar 20 horas semanales”.

  • ¿Cómo fueron los primeros tiempos?
  • “Fueron bastante difíciles. Todos nos recomendaron quedarnos en Auckland 3 o 4 días para hacer los trámites que te permiten trabajar y la verdad no fue una buena idea.
    Para el que viaja desde Uruguay Auckland es una ciudad enorme y muy cosmopolita, nosotros nos sentíamos en China por la cantidad de asiáticos que veíamos en las calles.
    Además teníamos la dificultad del idioma, si bien habíamos estudiado en Uruguay el acento neozelandés es es muy difícil de entender.
    Definitivamente no era lo que habíamos imaginado así que estabamos bastante bajoneados al principio.
    Una vez que salimos de Auckland vimos la nueva Zelanda que conocíamos por fotos con paisajes verdes montañosos y repletos de ovejas.
    Allí la cosa mejoró un poco ya que nos hicimos amigos de otros uruguayos y nos acompañabamos bastante.
    Todos juntos viajamos a Queenstown que era donde Bruno tenía que empezar el curso de inglés.
    Una vez en Queenstown teniamos que buscar casa y trabajo.
    Conseguir la casa fue bastante fácil porque todavía era temporada baja y muchas personas se habían ido pero eso nos perjudicó en la búsqueda de empleo.
    Demoramos como un mes y medio en comenzar a trabajar. Una vez que tuvimos casa y trabajo, ya más tranquilos empezamos a disfrutar de Nueva Zelanda.
    EN EL PROCESO DE BÚSQUEDA
    DE UN TRABAJO
  • Cuéntenos sobre su actividad laboral…
  • “He tenido muchos trabajos en Nueva Zelanda, empecé limpiando en un hotel, fui niñera, recepcionista en otro hotel, fui guía en una empresa que hacía tours de vinos, entre otras cosas.
    Antes que la pandemia golpeara Nueva Zelanda estaba trabajando como guía turística en español y portugués, recibía turistas de habla hispana y portuguesa y los llevaba a recorrer la isla sur. Lamentablemente con el cierre de las fronteras no entraron más turistas y después de la cuarentena tuve que buscar otro trabajo.
    Actualmente trabajo en una rentadora de bicis eléctricas como atención al público y haciendo marketing.
    Bruno desde que llegó está en la misma área. Comenzó como asistente de carpintero y ahora es carpintero.
    Acá los edificios son de madera y yeso así que el carpintero es el pilar fundamental para cualquier construcción.
    -¿En cuál ciudad viven y cómo es el estilo de vida?
  • “Vivimos en Queenstown desde que llegamos hace casi 5 años. Escogimos este lugar porque Bruno tenía que estudiar en una ciudad y como después consiguió visa de trabajo acá nunca nos movimos.
    Queenstown es una ciudad/pueblo muy turística, tiene temporada de invierno donde el esquí es el protagonista y también tiene turismo el resto del año porque es la ciudad de la adrenalina. Aquí están los mejores bungy jumping, skydiving, rafting, pistas de bicicletas, entre otras cosas.
    Yo digo que es un pueblo porque tiene una población de aproximadamente 20.000 habitantes pero como pasan más de 3 millones de turistas al año siempre hay alrededor de 45.000 personas y parece más una ciudad.
    Actualmente con las fronteras cerradas y viviendo solo del turismo interno está bastante vacía, muchas empresas que vivían solo del turismo tuvieron que cerrar y otras están luchando por sobrevivir.
    Las personas que viven acá son muy activas, siempre están practicando algún deporte o haciendo alguna caminata de un par de horas o de varios días. Son aventureros. Los niños desde chiquitos practican varios deportes en la escuela y en sus días libres se van de camping con sus familias”.
    ¿Cómo vivieron y viven el proceso de pandemia?
  • “Creo que somos unos afortunados de estar en Nueva Zelanda en medio de esta pandemia mundial. Al principio como todos nos lo tomamos un poco como broma, las 4 semanas que estuvimos en cuarentena (del 25 de marzo al 25 de abril de 2020) fueron como unas vacaciones ya que recibíamos subsidio por parte del estado. Además en Uruguay todavía no había pegado entonces tampoco era que estabamos preocupados por nuestras familias y amigos.
    Después de la cuarentena caímos más en la realidad ya que solo podíamos juntarnos con máximo 10 personas, teníamos que respetar el distanciamiento de 2 metros y registrarnos en cada lugar al que entrábamos.
    Antes habíamos pasado del vivir normal a encerrarnos de un día para el otro, por eso nos chocó más luego de la cuarentena.
    Ahora todos llevamos una vida normal. No hay distanciamento social, los boliches funcionan como siempre, no usamos tapabocas ni acohol en gel. Esto es posible gracias a que las fronteras están cerradas desde marzo de 2020 pero esta decisión también está afectando muchísimo la economía del país.
    Queenstown que suele ser la ciudad más visitada de Nueva Zelanda es la que más está reclamando ayuda en este momento ya que como dije con anterioridad está vacía y muchas empresas están luchando por sobrevivir.
    Las noticias tampoco son muy alentadoras ya que hace unas semanas la primera ministra anunció que las fronteras seguirán cerradas por todo el 2021.
    Quizás lo que sí pueda lograrse es una burbuja transatlántica entre Nueva Zelanda y Australia pero eso después de que lleguen las primeras dosis de las vacunas en marzo.
    -Una lectura del 2020
  • “La verdad es que no nos podemos quejar. Si bien mundialmente fue un año malo nosotros no la pasamos tan mal, estamos viviendo en el país que mejor controló la pandemia y tenemos total libertad.
    Para nosotros fue un año importante ya que logramos uno de nuestros objetivos que era obtener la visa de 3 años.
  • Proyectos para este año…
    “Nos encantaría poder aplicar a la residencia, venimos trabajando hace mucho para ello.
    Como proyecto personal me gustaría poder dedicarle más tiempo a mi blog y así ayudar a todos aquellos que quieran venir a Nueva Zelanda en un futuro.
    También nos encantaría ver a nuestras familias ya sea en Uruguay o Nueva Zelanda pero no sabemos qué pasará con las fronteras así que mucho no podemos proyectar”.
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