Salto enfrenta desempleo, inseguridad y crisis en salud y justicia. Crítica a la política y llamado a la participación ciudadana para fortalecer la democracia.
La salida no es el desencanto ni la antipolítica. La democracia se fortalece con ciudadanía activa, con control, con participación

El Dr. Cartagena habla sin estridencias, pero con la firmeza de quien está acostumbrado a analizar los problemas más allá de la coyuntura. No necesita elevar la voz para marcar sus puntos: le alcanza con ordenar ideas y ponerlas en contexto. La conversación gira, inevitablemente, en torno a Salto y a una realidad que —según advierte— ya no admite maquillajes discursivos.
“Salto no está atravesando una crisis aislada, sino un conjunto de fallas estructurales que se retroalimentan”, señala. Para el profesional, el desempleo es el primer síntoma visible de un modelo que no termina de dar respuestas. “Cuando falta trabajo genuino, todo lo demás empieza a crujir: la seguridad, la salud, la convivencia social. No es casualidad”.
Cartagena insiste en que el problema no es solo económico, sino también político. “La política se ha ido alejando de la vida real de la gente. Se habla mucho en clave de relato y muy poco en términos de soluciones concretas. Eso genera frustración y descreimiento”, afirma. En su análisis, el departamento paga el costo de años de decisiones postergadas y de una falta de planificación sostenida.
La inseguridad aparece rápidamente en la charla, no solo como fenómeno delictivo, sino como percepción social. “Cuando el ciudadano siente que el Estado no llega, que no protege, que no escucha, se rompe un contrato básico. Y reconstruir esa confianza es mucho más difícil que perderla”, reflexiona. Para Cartagena, no alcanza con estadísticas ni anuncios: la seguridad se construye con presencia institucional y políticas coherentes.
En materia de salud, el diagnóstico es igual de contundente. “Tenemos recursos humanos valiosos, pero sobrecargados, sistemas tensionados y usuarios que muchas veces sienten que acceder a la atención es una carrera de obstáculos”. Subraya que la salud debe ser entendida como un derecho efectivo, no como una prestación condicionada por la suerte o la burocracia.
Cuando el camino elegido no conduce al destino prometido, hay que recalcular. En política, como en la vida, escuchar es tan importante como decidir
Uno de los tramos más críticos de la entrevista surge al hablar del acceso a la Justicia. Cartagena baja el tono, pero endurece el contenido. “Cuando reclamar un derecho se vuelve lento, caro o inaccesible, la democracia empieza a vaciarse por dentro. La Justicia no puede ser un privilegio de pocos ni un laberinto para el ciudadano común”.
Consultado sobre el rol de los partidos políticos, es claro: “Hoy hay responsabilidades de gobierno que deben asumirse sin excusas, y oposiciones que necesitan redefinir su rumbo. Gobernar no es administrar discursos, es hacerse cargo de la realidad”. La distancia entre lo que se dice y lo que se vive, sostiene, es uno de los grandes problemas actuales.
Sin embargo, el Dr. Cartagena evita caer en el pesimismo. “La salida no es el desencanto ni la antipolítica. La democracia se fortalece con ciudadanía activa, con control, con participación”, afirma. Recuerda que los derechos no se conservan solos y que exigir también es una forma de compromiso cívico.
Antes de despedirse, deja una última reflexión: “Cuando el camino elegido no conduce al destino prometido, hay que recalcular. En política, como en la vida, escuchar es tan importante como decidir”. Para Cartagena, Salto tiene potencial, pero necesita algo básico y urgente: que la política vuelva a mirar a la gente a los ojos.





