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La poesía de luto, murió Alfredo Fressia

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Diario EL PUEBLO digital
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Jorge Pigntaro

El pasado lunes, en Bra­sil (donde vivía desde hace varios años), fa­lleció uno de los poetas uruguayos contemporá­neos más importantes: Alfredo Fressia. Había nacido en Montevideo el 2 de agosto de 1948; murió en San Pablo, este 7 de febrero. Fue ade­más de poeta, ensayis­ta, traductor y docente. Formado como profesor de Literatura y de Fran­cés, dictó clases en Uru­guay hasta 1976, año en que fue destituido por la dictadura y se insta­ló en San Pablo, donde continuó escribiendo y dictando clases. Desde 1985, volvía sistemáti­camente a Montevideo, donde residía al menos dos meses por año. In­tegrante de la llamada Generación del 60, fue de los poetas que marcó una época en la poesía nacional, junto a au­tores como Circe Maia, Washington Benavides, Cristina Peri Rossi, Hugo Achugar o la salteña Ma­rosa di Giorgio.

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A continuación com­partimos las palabras

de homenaje que, ante su partida, escribió el poeta cubano-uruguayo Renée Fuentes Gómez. Y además, poemas de Alfredo Fressia, ya que leerlo será siempre el mejor homenaje.
CRÓNICA POR LA MUERTE DE UN POETA ALTO V GRANDE
Durante mis primeros 15 años en Uruguay fuimos amigos y escribí varios artículos sobre algunos de tus libros. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, DESTINO: RÚA AURO­RA (1986), FRONTERA MÓVIL (1997) o ECLIPSE (2003)? Libros funda­mentales en cualquier estudio que se haga de la poesía uruguaya.
A veces cuando venías, me visitabas o tomába­mos un café en el bar San Rafael. Era otro Uru­guay, con suplementos culturales y revistas. La calle San José y la Aveni­da 18 de Julio eran más parecidas a tus poemas de Montevideo. Cuando escribí POSTA­LES QUE NADIE PEDÍA (2004), una tarde en la c

asa de Luis Bravo, me dijiste riendo: «Aprove­cha a escribir de acá, antes de que dejes de ser extranjero». Incluso, en ese libro mío, deu­dor eterno de FRONTE­RA MÓVIL, en el poema «Verde musgo» te men­cioné junto con tantos poetas, músicos y escri­tores de aquel Uruguay. Por entonces, yo era flaco como aquel libro flaco que escribí con ex­trañeza y sorna.
Años después, tú escri­biste unas hermosas palabras para la contra­tapa de mis SILBIDOS DISPERSOS (2009) y nos seguimos viendo y escri­biendo durante un tiem­po. Luego nos distan­ciamos radicalmente durante muchos años.
Pero en noviembre del año pasado te llamé. Quería y aceptaste po­ner otra vez en esa com­pilación publicada en otro país y que dentro de unos días presenta­ré en otro y en otro país tus palabras de poeta uruguayo.
Es otro libro más de los que durante todo este tiempo he escrito, con y luego sin tu amistad, pero respetando siem­pre y reconociendo

el valor de tu obra. Y cuando en noviembre te llamé, me dijiste: «Sí, publica otra vez esas palabras». No hubo una charla animada como en otros tiempos. Adiós nos dijimos y basta. Pero quedó el gesto de llamarte y reconocerte como el gran poeta que eres y serás. Y quedó tu integridad de no desde­cir o cancelar lo dicho en aquellas palabras. Y hoy, mientras escribía sobre y para publicar en otro país lejano, me llegó la noticia de tu muerte. Y pensé y pien­so en cómo uno no sabe lo que debe a la obra de los otros y cómo los otros no saben o casi nunca saben lo suficien­te de cuánto aportan a otros y a la memoria de otros.
En fin, señoras y seño­res, hoy murió en Brasil el poeta uruguayo Alfre­do Fressia. Y otros poe­tas de tantas partes del mundo lamentamos su partida.
Acaso ahora él está to­mándose un café en to­dos y en cada uno de los aeropuertos.
Atento, con sus piernas largas y cruzadas, mi­rando hacia aquí. Míentras en Montevideo cae la tarde y la noticia de su muerte pasa. Despa­cio y doliendo».

VIENTO DEL MAR
Está bien, ganó el vien­to. Ahora digamosque he caminado por Mon­tevideoy hoy llego en sueños a la calle Jack­son
esquina Durazno, el por­tal es ciego.
Portal sin puerta para que entre Alfredo, y a cielo abierto el corre­dor, me espera la hume­dad de una pieza donde puedo ver la muerte pei­nando sus muñecas. Unos en otros se enca­jan mis huesos como recuerdos quebradizos, nombres para tantear, medir si son espectros Roque y Esther, Grade

la, Juan o Jorge.
Está bien, ganó el vien­to (siempre gana),no habrá más preguntas al Ubi sunt.
Una gaviota grazna, está extraviada,y no sé si soy sombra u hombre aún.
VEJEZ
Llegaste a un país con­gelado y tiritas.
Nunca estuviste en el Edén, Alfredo, lo del odio de Dios será men­tira y hay golpes en la vida.
Abandona entonces la poesía y ahora cuídate de esa tos de perro, de ti mismo y de las cóleras en frío.

parentesis

Cuando nací el sexo fue un destino. No se pue­de elegir ser poeta. De las mujeres nunca amé a ninguna sin duda por­que las amé en bloque. Fue un amor largo y sin alegría. Ellas también me amaron sin deseo y sin gozo. Las miré con la nostalgia de una vida más bella. Cuando qui­se ser mejor quise ser mujer. Después me ol­vidé. Devoré la costilla de Adán en la travesía del desierto. Fui hom­bre, poeta, amé a otros hombres. Tuve hambre. Llegué a la playa de este mar eterno, al sur del Brasil. Mi olor es de sal virgen y de yodo azul. Sé que una mujer devolve­rá al mar el pez con una moneda en la boca. Ella escribe mi poema. Yo aguardo.

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