Cuando hace ya algunas décadas se anunciaba el fin de los medios escritos, dijimos y hoy lo reafirmamos, que se equivocaban quienes vaticinaban el fin de la letra en papel.
Es que pocos avances más importantes para la humanidad que el descubrimiento de Gutenberg, allá por mediados del siglo XV, cuando inventó los tipos móviles, que acarrearon un gran avance en cuanto a la impresión en papel.
Desde entonces las principales avances de la humanidad se basaron en la escritura, la que no sólo ha servido para comunicarnos, sino para transmitir los principales descubrimientos.
Hoy cuando muchos afirman que sólo es cuestión de tiempo para asistir a la muerte del papel y la tinta, los diarios las revistas y sobre todo el libro goza de una excelente salud.
Y esto tiene que ver no tanto con la comodidad y las posibilidades de compartir lo escrito en papel, sino con el empleo que se ha hecho de este descubrimiento, es decir que mientras alguien no ve una información escrita en papel y correctamente identificadas las fuentes de quien lo dice y lo que este dice, es como si faltara algo y resulta difícil de creer.
Más diríamos, la prensa escrita no pasará y el libro es la mejor demostración de lo que decimos. Una cosa es leer titulares, y otra muy diferente, enterarse de los argumentos que se exponen.
Es más consideramos que todavía estamos en el tiempo en que se otorgan beneficios, se dan facilidades para tratar de eclipsar o dejar de lado a lo que el hombre ha logrado con el uso correcto de la lengua escrita.
Nos preocupa el hecho de que parece menospreciarse o dejarse de lado cuestiones que han sido elementos sustanciales para la trasmisión de conocimientos.
Es más nos preocupa cuando vemos a jóvenes profesionales u en oficios que requieren mucho conocimiento a los que han llegado luego de años de aprendizaje, pero sin embargo escriben con errores ortográficos.
Indica que no se ha puesto suficiente énfasis en la educación o la enseñanza de este aspecto, que consideramos sustancial.
De por si ya nos preocupábamos cuando notábamos que un mismo idioma se hablaba diferente y se usaban términos diferentes para referirse a los mismos elementos.
Es así como Chile habla un español que utiliza términos totalmente diferentes al que se usan en otros lugares de América del Sur en los que también se habla español.
En definitiva ¿se gana o se pierde con estos “avances”?
A.R.D.
