La importancia de conocer(nos) gracias al árbol genealógico

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Alejandro Pignataro- Licenciado en Psicología.

EL PUEBLO dialogó con el Licenciado en Psicología, Alejandro Pignataro, quien expone la importancia del “entramado familiar” que representa el Árbol Genealógico, esa gráfica, ese “mapa” en el que se refleja la estructura familiar y sus interacciones. Compartimos con ustedes los conceptos vertidos por el facultativo.

ENTRAMADO FAMILIAR

Cuando hablamos de “Árbol genealógico” o “Genograma” nos referimos a una representación gráfica de nuestro entramado familiar. Se trata de un “mapa” en el que se refleja la estructura familiar y sus interacciones; la realización del mismo nos permite visualizar no solo cómo está conformado nuestro sistema familiar, sino el lugar que ocupamos dentro del mismo. Analizando el árbol, también podemos tomar conciencia de cómo son los vínculos que hemos establecido (y seguimos haciéndolo) con el resto de las personas que forman parte de nuestra familia e incluso de qué aspectos pudieron quedar “sin resolver” en otra generación anterior y que ahora nos afectan.

Una idea clave que debemos considerar es que conocer la historia familiar conlleva conocernos a nosotros mismos: explorar en el conocimiento de nuestros antecedentes socio-familiares (quiénes fueron nuestros ancestros; cómo, cuándo y dónde vivieron; cómo se vincularon; qué características tuvieron…) nos podrá ayudar a desarrollar un fuerte sentido de “identidad” y saber quiénes somos en realidad. La comprensión de nuestro pasado familiar es de suma importancia porque “de ahí venimos” y desde ahí mismo interiorizamos formas de pensar, sentir y actuar que no siempre se perciben y vivencian como “sanas”. Existen “compromisos de lealtad” que se van gestando generación tras generación y esto podría entrar en conflicto con lo que “yo soy”, con lo que “yo siento” o lo que “yo quiero” en el aquí y ahora.  

PAUTAS GENERACIONALES

Construir nuestro propio árbol genealógico podría ser una técnica muy útil también para tomar conciencia y analizar ciertas pautas que se “repiten” de generación en generación (como las elecciones de parejas) así como las “lealtades familiares” que forman parte de nosotros. Estos son dos tópicos que aparecen de forma muy recurrente en el trabajo con diferentes pacientes, en el ejercicio de la psicología clínica.

Por un lado, la conformación de vínculos de pareja conlleva de por sí un gran desafío. Al explorar el árbol genealógico muchas veces logramos visualizar cuán “condicionados” estamos al elegir una pareja y vincularnos sexo-afectivamente con otra persona. Poder explorar los patrones familiares que rigen en este tipo de elecciones puede llevar a replantearnos por qué elegimos de la forma en que elegimos. Es crucial repensar que muchas de las parejas que conforman nuestro árbol no fueron creadas por amor sino para compensar carencias de generaciones anteriores: teniendo en cuenta esto, podremos decir que cuando nuestras relaciones de pareja se ven afectadas, algunos de los motivos podrían ser de índole transgeneracional y una vez identificados, podrán ser transformados y/o resignificados.

Por otro lado, en cuanto a las “lealtades familiares”, me interesa destacar que como todos pertenecemos siempre a algún sistema familiar, en muchas oportunidades sentimos, pensamos y actuamos de acuerdo a qué tan leales nos sentimos con respecto al mismo; de esta manera se expresan lealtades visibles e invisibles, manifestadas consciente o inconscientemente. Cada familia tiene sus propias leyes, expresadas en forma de deseos y hábitos compartidos, compromisos, valores, experiencias, negociaciones, y cada integrante se encuentra condicionado a esas leyes, que en algunos casos logra cumplir pero en otros casos no. Es en esa “dificultad de cumplimiento” que podrían aparecer sensaciones de “deslealtad”, de “traición”, sentimientos de culpa, crisis de ansiedad, miedos, así como otros síntomas orgánicos, que pueden afectar la calidad de vida. Esto es muy recurrente encontrarlo en el trabajo clínico con diferentes pacientes. Muchos de ellos llegan a la consulta con el “peso” de “tener que cargar” con aspectos que no son propios, sino que los fueron “arrastrando” de familiares de otras generaciones. También es muy frecuente que la culpa y el dolor aparezcan no por esas cargas en sí, sino por “no poder sostenerlas”: esto genera que en gran medida se vea afectada su propia identidad, aparezca la sensación de no poder lidiar con el dolor de sentirse “desleales” a su sistema familiar e incluso el hecho de quedar “excluidos” del sistema por su carácter “disidente”. Poder tomar conciencia de esto (ser responsable de nuestras propias formas de pensar, sentir y actuar, pero no de las ajenas) y poder trabajarlo en el ámbito personal y clínico resulta altamente liberador y sanador.

Recurrir a la confección de un árbol genealógico puede hacernos visualizar estos modos de vinculación y entender mejor nuestro sistema, pero también poder realizarnos algunas preguntas, tales como: ¿Reconozco las lealtades visibles o invisibles que conforman a los sistemas a los cuales pertenezco? ¿Qué tan leal soy a mi sistema familiar y cómo me siento con esa lealtad? ¿Qué legados necesito confrontar para poder avanzar? ¿Hay cuestiones relacionales que continúo perpetuando para que el sistema me siga reconociendo como parte integrante (sin tener en cuenta mis deseos) o mi lealtad es motivada por deseos personales que sí están en consonancia con aquellos aspectos? ¿Soy capaz de imponerme a una lealtad que no me satisface sin que me genere algún sentimiento de culpa o “traición”?

LA HISTORIA DE NUESTROS ANTEPASADOS

Otro de los aspectos importantes que se pueden plantear al indagar en el árbol genealógico, es que al permitirnos conocer la historia de nuestros antepasados podremos llegar a entender también cuáles fueron los desafíos que afrontaron y, dando un paso más, qué dificultades no pudieron resolver. Una de las premisas de la psicología con enfoque transgeneracional es que lo que no se sana en una generación, tiende a repetirse en la siguiente. Y aquí hago dos señalamientos: por un lado, reafirmo la importancia de entender que lo que les sucedió a nuestros ascendientes y no pudieron resolver, seguramente no fue “su culpa”, sino que quizás no tuvieron los medios para poder hacerlo o no tomaron conciencia a tiempo; que nosotros sí podamos identificar esos aspectos podría llevarnos a potenciar nuestra empatía y a mejorar nuestra relación con los demás familiares que nos rodean. Por otro lado, reafirmo también la relevancia de ser conscientes de que eso que aún “no se sanó” todavía está a tiempo de cambiar o transformarse: recordemos que muchas veces no podemos elegir lo que nos pasa pero sí qué hacer con eso que nos pasa.

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