Historia de vida: Margarita Baldassini y su legado humano

Margarita Baldassini dedicó su vida a la educación y la salud mental en Salto. Su proyecto “Mundo Nuevo” marcó a generaciones con empatía y formación.

Margarita Baldassini: un mundo de empatía y aprendizaje

Hoy tenemos el privilegio de compartir la historia de vida de Margarita Baldassini, una mujer que ha dedicado gran parte de su vida a construir espacios de aprendizaje, desarrollo personal y humanidad en su comunidad. Con una trayectoria que combina pasión, compromiso y sensibilidad social, Margarita no solo ha formado profesionales, sino que ha creado verdaderos mundos de empatía y acompañamiento, donde cada persona que ingresaba a sus proyectos podía sentirse escuchada, valorada y motivada a alcanzar sus metas.

Su familia, núcleo íntimo junto a su esposo Alejandro, se extiende más allá de los lazos de sangre: hermanos, sobrinos, ahijados, hijos postizos y amigos cercanos conforman un entramado afectivo que refleja su filosofía de vida: las relaciones se construyen desde la conexión, la comprensión y el apoyo mutuo, trascendiendo los vínculos tradicionales. Esta mirada integradora también se refleja en su labor profesional.

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Formada como operadora en psicología social, Margarita ha trabajado profundamente en la salud mental y el bienestar emocional de su comunidad. Consciente de la importancia de escuchar y comprender a cada individuo, siempre enfatizó que el inicio del cambio reside en uno mismo y en el entorno cercano. Sus reflexiones sobre el impacto de las redes sociales, la violencia y las agresiones muestran su compromiso con una mirada crítica y responsable, donde hablar es importante, pero actuar desde la empatía y la conciencia lo es aún más.

Su proyecto emblemático, “Mundo Nuevo”, nace de un sueño plasmado en una máquina de escribir y se convierte en una empresa con más de 20 profesionales, un espacio donde la calidad humana y profesional eran los pilares fundamentales. Margarita se propuso que cada alumno sintiera confianza, paz y armonía; que cada encuentro fuera una oportunidad para aprender y crecer. Su filosofía no se limitaba a la enseñanza académica, sino que buscaba tocar el corazón de cada persona, reconociendo sus sueños, frustraciones y talentos. El cierre de Mundo Nuevo, lejos de ser un final abrupto, fue un acto consciente de cierre de etapa, celebrando los logros y dejando espacio para nuevas etapas de su vida y de quienes formaron parte de ese proyecto.

Hoy, Margarita disfruta de su vida jubilada con la misma intensidad y alegría que en sus años de dirección: sin horarios que limiten su tiempo, dedicada a sus afectos, a proyectos personales y a transmitir su experiencia mediante charlas y conferencias. Su historia es un recordatorio de que la vida está llena de posibilidades, que nunca es tarde para aprender, para crecer, para actuar y para soñar. Con una mirada profundamente humana, Margarita nos enseña que cada gesto de amabilidad, cada escucha atenta y cada palabra de aliento tienen el poder de transformar vidas y construir un mundo mejor, aquí y ahora.

Por tal motivo, la protagonista de la historia de vida de hoy es Margarita Baldassini.

¿Cómo está conformada tu familia?
«El núcleo íntimo: mi esposo Alejandro y yo; luego tenemos un núcleo también muy íntimo formado por nuestros hermanos, por nuestros sobrinos, por nuestros ahijados, y no menos importante por los hijos postizos que tenemos, y eso también nos llena mucho, y todos los amigos que son parte de nuestra familia. O sea, nuestro núcleo familiar trasciende el vínculo de la pareja, sino que realmente estamos muy rodeados de tantas personas por las actividades que realizamos y quizás también por lo que nosotros sentimos.»

¿Sos psicóloga?
«Yo soy operadora en psicología social. El título lo tengo de una Universidad de Buenos Aires. Yo hice la carrera de Psicología Social en Salto, en Uruguay. No está reconocida la carrera de Psicología Social, ¿pero en Argentina sí? Quien un grupo de Salto habíamos realizado el curso acá, lo continuamos en Argentina con otro grupo de compañeros argentinos, hicimos una homologación y obtuvimos el título en Argentina.»

Qué importante hablar hoy en día de salud mental
«Creo que es un tema fascinante, por lo menos a mí me fascina muchísimo, porque se habla mucho, pero quizás por mi etapa de la vida, por todo lo que he vivido, es importante hablar, pero más importante es actuar. La salud mental comienza por uno mismo, por la familia, por el entorno. Se habla muchísimo de salud mental como de violencia, como de agresiones, pero ¿dónde está el origen de todo eso? Un día comenzó y lo que comenzó también puede finalizar. Entonces, es cierto que vivimos en un mundo convulsionado por un montón de situaciones a nivel mundial, a nivel nacional, a nivel departamental e incluso personal, de situaciones que quizás nos generan estrés y confusiones en nuestras emociones y en nuestro actuar. Todo eso me parece que es inherente a la naturaleza humana, no hay que magnificar, porque también hay tantas cosas tan lindas que quizás no se consideran tanto como las otras cosas negativas.»

«Por ejemplo, vemos el tornado que significan las redes sociales y en un segundo se puede exaltar a una persona y hundirla. Es una herramienta que tenemos y me parece que bien utilizada es maravillosa. Quizás pongo en tela de juicio cómo la estamos utilizando. ¿Estamos usando de buena manera las redes sociales? Quizás es un 50/50. Entonces, es importante cuestionarse qué aportan las redes sociales: ¿un chisme negativo o algo positivo?»

¿Qué fue Mundo Nuevo para vos?
«Fue parte de mi vida, de mi historia personal.»

¿Cómo nace Mundo Nuevo?
«Con una máquina de escribir, una cantidad de ilusiones en mi mente de querer hacer algo, y cuando quise acordar tenía una empresa con más de 20 empleados, todos profesionales, había logrado el objetivo que quería en esa empresa, ‘Mundo Nuevo’, por eso era su nombre, para que todos los que llegaran a ese lugar encontraran que había algo diferente en este planeta, este mundo, en nuestro querido Salto, y de hecho, creo que se dio.»

«Mundo Nuevo fue todo para mí, pero también tenía muy en claro que en algún momento tenía que terminar, no terminar como frustración, sino terminar consciente como una etapa donde salimos por la puerta grande, donde hicimos el cierre porque consideramos que era la mejor opción en ese momento para todos.»

¿Cómo lograbas que las personas que trabajaban en Mundo Nuevo tuvieran esa empatía, amabilidad fuera de lo común?
«El slogan de Mundo Nuevo era ‘calidad humana y profesional’ y lo internalizamos como parte de nuestra vida. ¿Cómo logramos eso? Porque veíamos en cada alumno una persona, un ser humano, corazones. Nunca vimos si venía en una 4×4 o si llegaba en caballo y lo ataba en el árbol en la esquina. Sabíamos que la persona que entraba a Mundo Nuevo tenía proyectos, sueños, frustraciones, dolores, pero si entraba ahí era porque buscaba algo, aunque fuera por curiosidad. No importaba cómo entraba, lo que importaba era que supieran que ahí había un lugar diferente en este planeta. Ese era mi objetivo. Logramos esa calidad humana y esa sinergia de todos apostar a lo mismo. Ciertamente, esto supone una filosofía de vida, un estilo de vida: no estar centrados en el otro, sino en el otro que llega a uno buscando algo, y si hay algo triste en la vida es entrar a un lugar buscando algo y salir frustrado porque no colmaron tus expectativas, incluso con un ‘buenos días’, ‘muchas gracias’, o hacerte una explicación de por qué no o por qué sí.»

«Realmente disfrutaba las clases, amaba lo que hacía y trataba siempre de mirar a cada alumno a los ojos. Nunca dejé a una persona para atrás en una clase, trataba de seguir con la vista a todos; así sabía que tenía una conexión. Que hablara o no hablara la persona para mí no era tan importante; lo importante era la conexión, y yo sabía que la tenía. Ciertamente, eso supone una actitud abierta y conciencia de lo que estás haciendo.»

¿Hay alguna anécdota que te haya quedado de algún alumno que te haya hecho reflexionar?
«Creo que todos los días me encontraba con una anécdota e historias de vida, algunas hermosas, otras muy tristes, y con la alegría de poder haberlos escuchado. Tengo tantas anécdotas de personas que consiguieron trabajo, de personas que iban a estudiar y les preguntaban ‘¿para qué?’, si no iban a conseguir trabajo, y después llegaban con la alegría de haber conseguido trabajo por Mundo Nuevo. Esas cosas gratificaban mucho. Después, también, la confianza que las personas depositaban en mí, no sólo como directora, sino en los profesores también, eso era maravilloso.»

«Creo que el alumno que llegaba a Mundo Nuevo sentía que podía confiar, que es un problema en el mundo actual; somos muy desconfiados, como que no estamos en paz, y yo creo que Mundo Nuevo era un mundo de paz, un lugar de armonía, un lugar en donde cada alumno era empoderado.»

Cuando cerraste la puerta de Mundo Nuevo, ¿qué sentiste?
«Lo tenía muy elaborado. Cerramos con Leticia, nos sacamos fotos, yo cerré, pero antes me había despedido de cada lugar, de cada rincón, y sobre todo había agradecido cada espacio. Lo recorrí todo, lo agradecí, sabía que bajaba un telón para abrir otro. Salí yo primera, después Leticia con la llave en la mano, cerramos, nos abrazamos y dijimos ‘etapa cumplida, comenzamos otra’. Fue un momento muy fuerte, pero muy elaborado. Yo pensé siempre desde mis creencias que todo es cíclico en la vida, todo es Dios, y que también hay que dejar espacios y hay que buscar nuevos.»

¿Hoy en día cómo es tu vida?
«Hermosa, tan hermosa como en Mundo Nuevo, sin horarios que me limiten. Yo viví 50 años con un reloj en la mesita de luz, un reloj en mi casa, varios relojes en el instituto, siempre pendiente de la hora, porque en una institución había que organizarse en los tiempos. En este momento no tengo reloj y lo disfruto 100%, a tal punto que cada día desde que me jubilé tiene algo nuevo, tiene un encanto. Prácticamente las horas del día no me alcanzan porque siempre tengo proyectos. Sigo dando charlas y conferencias, lo hago de corazón, voy con muchísima alegría, creo que todavía estoy en una parte de mi vida que puedo dar mucho porque la vida me ha dado mucho. También quiero hablar de las personas mayores, de esa gente que piensan que se les terminó la vida; no, para aprender y amar sí te basta. Es una etapa de la vida maravillosa, son etapas que hay que vivir y agradecer a la vida, con sus encantos y desencantos, porque la vida no es siempre color de rosa, pero depende muchísimo de cómo nosotros interpretamos lo que nos sucede.»

¿De qué disfrutas hoy?
«De todo, de levantarme y compartir un desayuno con mi esposo, que antes lo hacíamos pero con el reloj corriendo; ahora no tenemos hora. Disfruto de mirar una planta, de tomar el té con una amiga, de ir a almorzar con algún sobrino, de encontrarme con alguien, disfruto de todo. Disfrutamos de vacaciones en Piriápolis, de un viaje a Brasil con amigos, pero sobre todo de crecer como personas, que es importante.»

«Quiero que quienes lean esta entrevista sientan que no hay edad. Aquel que está por cruzar los brazos, por decir ‘no puedo más’, quiero decir que siempre podemos. El ser humano es un ser que siempre tiene un potencial interior; claro, por circunstancias de la vida ese potencial puede ir perdiendo fuerzas y eso también hay que comprenderlo, y qué importante es que encuentren una oreja que los escuche y les diga ‘podés, seguí, todavía te queda mucho por hacer y por dar’. Todos podemos dar una sonrisa, un apretón de manos, todos podemos decir un ‘muchas gracias’, no es necesario hacer grandes obras o que nos levanten monumentos; son esas pequeñas grandes cosas las que armonizan la vida del hogar, la vida de una ciudad, y es lo que debería armonizar el mundo.»

«Realmente vale la pena vivir el presente, pero sobre todo no dejen de soñar. Abrazos para toda la audiencia.»

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