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miércoles, enero 28, 2026
Columnas De Opinión
Alejandro Irache
Alejandro Irache
Licenciado en Psicología por la Universidad de la República(UDELAR). Habilitado por el Ministerio de Salud Pública (MSP). Atiendo a adolescentes y adultos, con foco en procesos de angustia, depresión y crisisexistenciales. He complementado mi formación con estudios en psicología laboral, selección de personal IT, psicología del deporte y salud mental grave,realizados en la Universidad de Palermo y en el Centro Ulloa (2024).

Digital detox: desconexión, presencia y salud mental

El digital detox puede mejorar el sueño, pero no resuelve por sí solo la ansiedad ni el vacío emocional. La evidencia sugiere moderar el uso y hacerlo consciente.

Digital detox: entre la promesa de la desconexión y el problema de la presencia

DIGITAL DETOX

La creciente demanda de desintoxicación digital (digital detox) surge ante preocupaciones por el uso excesivo de tecnología. Este concepto se refiere a la práctica de limitar o eliminar intencionalmente el uso de dispositivos electrónicos (smartphones, computadoras, redes sociales) durante un período determinado, con el fin declarado de reducir el estrés, mejorar la salud mental y la calidad del sueño, y reconectar con la vida real. Por ejemplo, un ensayo reciente encontró que un programa estructurado de digital detox redujo significativamente el tiempo de pantalla y mejoró la higiene del sueño. Técnicamente, se asume que al descansar de las pantallas se normalizan los ritmos circadianos y la secreción de melatonina, lo que favorece un sueño más reparador. Sin embargo, esta estrategia no es una “receta mágica” universal: desconectarse no garantiza por sí solo una mayor atención al propio mundo interno. De hecho, aplicar el detox sin considerar por qué la tecnología se usaba puede intensificar la angustia en lugar de aliviarla.

La hiperconectividad como regulación emocional encubierta

En la práctica diaria, el uso permanente del teléfono no suele responder solo al ocio o la productividad. Investigaciones recientes muestran que gran parte del tiempo de uso del smartphone se emplea para regular emociones negativas inmediatas. En situaciones de aburrimiento, soledad, ansiedad difusa o inseguridad, desbloquear el teléfono actúa como un alivio momentáneo. Un estudio demostró que hasta la mitad del tiempo frente a la pantalla se destina a este propósito (por ejemplo, navegando redes sociales o enviando mensajes). Aunque los usuarios perciben estos usos como efectivos para sentirse mejor en el corto plazo, los beneficios emocionales son muy transitorios.

A este fenómeno contribuye el llamado fear of missing out (FOMO). Más que un simple “miedo a quedarse fuera” de eventos sociales, el FOMO refleja una necesidad constante de conexión para evitar el vacío interno. Se ha conceptualizado como un estado emocional negativo resultante de necesidades sociales insatisfechas. De hecho, el FOMO se considera una forma de apego problemático a las redes sociales, asociado a sentimientos de ansiedad, tensión emocional, falta de control y hasta a problemas de sueño. En la lógica de la hiperconectividad, siempre hay algo más que ver o hacer, lo que crea una ilusión de continuidad indefinida. Cuando esta vía de escape se retira, no aparece calma automáticamente sino que afloran los malestares internos evitados. Muchas personas reportan sentir irritabilidad, ansiedad o vacío al intentar desconectarse. El problema no es simplemente la falta de estímulo, sino la exposición repentina a lo que el estímulo ayudaba a evitar.

Qué dice la evidencia científica sobre el digital detox

La investigación empírica sobre los efectos del digital detox es heterogénea. En el plano fisiológico, los hallazgos son relativamente consistentes: reducir el tiempo frente a pantallas por la noche mejora el sueño. La luz azul de dispositivos electrónicos inhibe la melatonina y atrasa los ritmos circadianos, por lo que limitar esa exposición mejora la latencia del sueño y su calidad. Un ensayo controlado reciente muestra que un programa de detox estructurado redujo el tiempo de pantalla y mejoró notablemente la higiene del sueño.

No obstante, los resultados sobre variables psicológicas complejas son modestos. Una revisión sistemática concluye que las intervenciones de desconexión reducen ligeramente los síntomas depresivos (d ≈ –0,29), pero no generan cambios significativos en la satisfacción vital, el estrés percibido o el bienestar general. Otro meta-análisis encontró que el efecto sobre el estrés no fue estadísticamente significativo (SMD ≈ –0,31; p=0,24). En resumen, eliminar el estímulo digital no equivale automáticamente a resolver la función que cumplía. Varios estudios longitudinales sugieren que pasar más tiempo con pantallas se asocia a mayor depresión, ansiedad y soledad, pero los beneficios emocionales a largo plazo del detox parecen depender del contexto y del sujeto. De hecho, se advierte que imponer abstinencia total puede aumentar transitoriamente la ansiedad en personas sin estrategias alternas de regulación emocional. En general, la evidencia sugiere que moderar el uso —más que eliminarlo por completo— suele ser más beneficioso para el bienestar.

De la abstinencia al uso intencional: una perspectiva clínica

En la clínica psicológica se propone ir más allá del esquema binario conectado/desconectado. La meta no es vivir totalmente fuera de línea, sino transformar la relación con la tecnología. Es más útil trabajar la autonomía atencional: ayudar al paciente a distinguir entre el uso consciente del dispositivo y el uso impulsivo como escape emocional. Una pregunta clave es ¿qué emoción aparece justo antes de tomar el teléfono sin motivo claro? Al centrar la atención en ese sentimiento subyacente, se entiende mejor la función emocional del acto. Paralelamente, es fundamental entrenar la tolerancia al aburrimiento y a la inactividad. En nuestra cultura acelerada, aprender a permanecer unos minutos sin estímulos externos puede resultar perturbador pero, a la vez, terapéutico. Esta práctica recupera la divagación mental (mind-wandering), un estado en el que la mente fluye libremente. Estudios señalan que permitir que los pensamientos vaguen sin restricciones se asocia con un mejor desempeño creativo, lo cual apoya la idea de que el ocio mental promueve la integración del yo y la elaboración de contenidos emocionales. Solo cuando el paciente logra sostener su atención sin recurrir de inmediato a la pantalla, cobran sentido las medidas de control técnico (como bloquear apps o fijar horarios). En caso contrario, la prohibición genera un vacío interno para el que no hay recurso alternativo, facilitando las recaídas.

Conclusión. Desconectarse para volver a habitarse

El digital detox no debe verse como una solución rápida ni como una receta universal. La evidencia científica muestra que puede ser útil en ciertos ámbitos, sobre todo para regular el sueño y otros procesos fisiológicos, pero deja claros límites cuando se aplica sin contexto. Desconectarse de la tecnología no equivale automáticamente a reconectar con uno mismo; a menudo, solo hace más evidente aquello que antes se mantenía silenciado. La tarea del profesional no es demonizar las pantallas ni idealizar la desconexión completa, sino acompañar al sujeto desde un uso compulsivo hacia un uso más consciente y reflexivo. La verdadera pregunta deja de ser cuántas horas al día se pasa frente a un dispositivo, y se convierte en qué se evita, qué se busca y qué se teme al apagar la pantalla. En última instancia, la desconexión más profunda ocurre cuando recuperamos la capacidad de estar a solas con nuestra experiencia sin anestesiarla. Surge así una inquietud inevitable: en una cultura colmada de estímulos constantes para evitar el silencio, ¿estamos preparados para afrontar lo que emerge cuando ya no hay notificaciones que nos protejan de nosotros mismos?

Preguntas

  • ¿El digital detox es recomendable para todos?
    No existe una respuesta única. Depende del papel que la tecnología juega en cada persona y de sus recursos psicológicos. No todos la usamos con el mismo fin; por eso conviene evaluar caso por caso.
  • ¿Desconectarse reduce la ansiedad?
    Puede ayudar en algunos casos, pero no garantiza alivio. Estudios muestran reducciones moderadas en síntomas ansiosos en algunos sujetos, pero en otros puede incluso aumentar la ansiedad si no hay estrategias alternativas para manejar las emociones.
  • ¿Cuánto tiempo debería durar un digital detox?
    No hay un tiempo ideal. Los expertos insisten en que importa más el sentido del proceso y la reflexión que la duración exacta.
  • ¿Es mejor eliminar redes sociales por completo?
    No necesariamente. Una revisión indica que reducir conscientemente el tiempo en redes suele producir más beneficios que prohibirlas por completo. Un uso reflexivo y moderado puede ser más sostenible.
  • ¿Cómo saber si uso el teléfono para evitar algo?
    Una estrategia útil es detenerse unos segundos antes de desbloquear el dispositivo y preguntarse qué emoción se siente. Muchas veces el impulso surge por aburrimiento, estrés, tristeza u otras incomodidades internas. Observar esa señal emocional suele ser revelador.

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