Una vida marcada por la radio, el fútbol, el cine, la política y una historia de resiliencia

Conocí a Carlos Taylor Izaguirre hace muchos años cuando se encontraba en la incipiente dirigencia del Partido Independiente, luego noté que había dejado la política y se había dedicado a trabajar en la radio. Hoy conduce Tempranísimo Informativo por Alegría FM. La charla que tuvimos en EL PUEBLO para hacer esta nota duró una hora y media, de la que apenas debimos publicar un pequeño resumen, y creo que recién hoy comencé a conocerlo en serio y comprender quién es realmente, alguien que tiene más vida que un gato.
1. ¿Cómo fueron esos primeros años de tu vida?
– Soy hijo de madre soltera, llevo el apellido de mi madre, me crie en San Antonio, alrededor de la Casa Ambrosoni. Mi primera escuela fue la 15. Mis abuelos y mi tía me cuidaron en la primera instancia, mi madre trabajaba. Así fue comenzando mi mundo hasta que me trajeron a la ciudad, hice un recorrido bastante grande con algunos familiares hasta que mi madre pudo tenerme junto con ella. Le debo todo lo que soy y me siento muy orgulloso de ella, pero además tuve la suerte de tener padrinos generosos que se preocuparon mucho por mi educación, fui al Sagrada Familia, que me ayudó a ver la vida de otra manera. A quien siempre recuerdo es a mi padrino, Leonardo Gelpi, que está desaparecido aún, y quien en los cumpleaños siempre me regalaba libros. Trabajaba en el canal con Gelpi, cuando empezó el canal, allí hice mi primera locución, hice todo lo que hay que hacer en un canal de televisión, me llevaron a profesionalizar a Montevideo en uno de los canales, pero yo quería ver el mundo, no me conformaba.
2. ¿O sea que comenzaste de muy joven en la comunicación?
– Sí, tenía creo que 16 años, en un mundo que estaba medio convulsionado. Pero no quería estar solamente en Salto, jugaba al fútbol también, se me dificultaba un poco para entrenar en esa época, jugaba con grandes jugadores, tuve la suerte de ir a Montevideo.
3. ¿Jugabas bien o tenías dos piernas izquierdas?
– No, dos izquierdas y dos derechas (risas), pero me acompañaron buenos jugadores. Me llevaron a Cerro de Montevideo, de invitado nomás, y me ligué una gira con parte del plantel de primera por Brasil. Lo teníamos a Roberto Porta de técnico, campeón del mundo del 30. Éramos juveniles, y en Montevideo no había mucho para alimentarse, no es como ahora. En aquel tiempo había que entrenar y sobrevivir. Ahí terminó mi carrera profesional, y levanté vuelo. Primero lo hice como mochilero, recorrí toda América, una aventura espectacular. Pasamos de todo, pudimos haber muerto de frío en la montaña o en el desierto de Atacama, pasamos mal, pero sobrevivimos, me encantó. Estuve en Perú, en Bolivia, después estuve viviendo en Puerto Alegre porque me enamoré por allá, pero me vine y me fui a Buenos Aires.
4. ¿Qué hiciste en Buenos Aires?
– Tuve que hacer de todo mientras me daban los papeles porque tenía algunos problemitas. Justo estaba la dictadura de Lanusse cuando se le ocurre volver a Perón. Tenía un compañero de trabajo en un restaurante, que entré ahí para poder comer, y me dice, “viene Perón, hay que ir a recibirlo a Ezeiza”. No entendía nada, pero lo acompañé. Fuimos a esperar a Perón por la Riccheri, es por donde se va al aeropuerto de Ezeiza, pero resulta que estaba atascada de gente y arriba estaban los helicópteros de la Armada con las ametralladoras apuntando para abajo y cuando quisimos ver, empezaron a tirar sobre los que estábamos en la Riccheri. Fue una locura.
En el restaurante aprendí a hacer sándwiches, hacía miles, me encantaba. Me fueron a buscar para trabajar y fui encargado de una sanguchería, donde iban muchos artistas porque estaba muy cerca de la calle Lavalle donde están todas las productoras de cine.
5. ¿A qué estrella conociste?
– A muchos, los que más iban eran los de la lucha, como Martín Karadagian. Fui conociendo gente y me empecé a relacionar. Estuve con un compañero que ya trabajaba en cinematografía, un italiano que vivía en Uruguay. Y en una reunión fuimos formalizando y tuve la suerte de entrar en Aries, la productora más conocida y grande de Argentina.
6. ¿Qué hacías ahí?
– Lo primero que hice fue contar a las personas que iba a los cines, y se contrastaba con el borderó del dueño del cine, porque a veces faltaban 200 entradas. Había que ser medio duro. Después empecé a entrar en los sets de filmación como ayudante de director para algunas cosas.
7. ¿Qué película viste filmar?
– Varias. Estuve cerca de Olmedo, Porcel, Moria Casán, Yuyito González. Después estuve en las películas tipo La Carpa del Amor, con todos los actores que las hacían. Alcancé a trabajar casi diariamente con el padre de Valeria Lynch. Y después de todo eso me convocan para Superfilm, que era una de las productoras de Aries, y empezamos a producir películas.
8. Estabas trabajando bien, ¿qué pasó? ¿Por qué decidiste volver?
– Estaba económicamente muy bien. Yo era encargado de la distribución de las películas de Superfilm para todo el país, Bolivia y Uruguay. Había comprado mi casa, mi auto, todo bien, pero pasó algo que hizo un quiebre en mi vida, me secuestraron. Yo era muy conocido ahí, vivía en Avellaneda, sabían qué hacía, en qué andaba. Salgo a pagar unas cuentas para venirme tranquilo a Salto, viajaba cada 30 días para desestresarme. Hago 2 o 3 cuadras, doblo y siento raro el auto. Me bajo a mirar, eran 6 y pico de la tarde. Las luces empezaban a prenderse, era otoño. Todo parecía normal, cuando veo a dos personas que vienen. Uno me dice, “eh, tío, viste”. Y uno se adelantó, quedo mirando y abre la campera, tenía una 9 mm atravesada en la cintura. “Quedate quietito. Subí para atrás. No pasa nada”. Y cuando subí, el otro subió y me apuntó a la cabeza. Habremos estado dos horas dando vueltas saliendo de Buenos Aires. Trataba de negociar y me golpeaban en la cabeza, en la cara con la pistola. Me agachaba y me ponía la pistola en la cabeza. Los dos estaban drogados. Trataba de no ponerlos violentos, el que manejaba me apuntaba, “le pego un tiro y así nos evitamos problemas”, decía. Me sacaron del auto en el Parque Iraola, yendo a La Plata, lugar que está lleno de árboles, es tupido. Ya era de noche. Les dije, “está todo pronto, flaco. Llévate el auto, no pasa nada”. Pero uno de ellos me llevó debajo de un árbol, me dijo que debía arrodillarme, ahí entendí que me iba a matar.
Hasta ahora me sigo preguntando qué pasó, porque no lo sé. Recuerdo que delante de mí había una vegetación muy alta. Y cuando sentí el click que hizo la pistola para amartillarla, pegué un salto para adelante, arriba de los pastizales y caigo, es ahí cuando siento el primer disparo, que quiebra las ramas y pasa la bala al lado mío. Trato de darme vuelta e incorporarme rápido. No veía nada. Siento el segundo tiro que pasa muy cerca de mi cabeza. De cualquier manera, me incorporé y me llevaba todo por delante. Me rompí todo. Sentí el tercer disparo, y corrí. Sentí después que el auto arrancó y fue como un alivio, pero yo seguía corriendo. Me destrocé la cara, la ropa. Quedé herido por todos lados. Nadie te quiere parar en la ruta. Escuchaba un auto que era el ruido del mío, tenía un Ford Mustang, y me tiraba al piso del miedo. Pasé muy mal hasta que llegué a mi casa. La policía me llevó. Estaba en trauma. No podía dormir. Después me entero que era una mafia de siete comisarios que robaban y mataban. Los que me asaltaron eran presos que trabajaban para ellos. Después se descubrió eso. Los tipos que me querían matar no sabían leer, estaban drogados, y si te veían con algo, eras boleta. Por eso me vine. Anduve bastante bien en un momento, después mal, tuve casi dos empresas, por suerte no quedé con deuda.
Un día estaba pensando, había estudiado en Buenos Aires, hice el curso de técnico de radio y televisión. Vine acá y me puse a estudiar el curso de técnico de fútbol. Dirigí fútbol, que era un gusto que me quería dar. Salí campeón con La Blanqueada, después dirigí Palomar, Parque. Unos cuantos equipos más. Y anduve bastante bien. También en la selección de Baby futbol estuve involucrado.
9. ¿Y hoy cómo estás?
– Y ahora espectacular. Un día me acordé que había hecho un poco de locución. Puedo hacer algo de radio, pensé, y empecé un programa deportivo. Y después dije, me gusta la información, y ahí arranqué con Tempranísimo hasta ahora. Fue lo que me salvó un poco de esa crisis emocional. Soy un tipo optimista por naturaleza. No le escapo a ninguna dificultad, es lo que me mantiene vivo.
10. ¿Qué balance haces de todo lo que has vivido?
– Me encantó todo, lo volvería a hacer y si pudiera hacer más, lo haría, menos lo del secuestro (risas). Hay otro tramo de mi vida en familia que no te conté. Mi señora no quedaba embarazada luego de 12 años de tratamientos en Buenos Aires. Cuando decidimos venirnos, lejos del estrés, quedó embarazada sin ningún tipo de tratamiento, sumándole a eso casi 7 u 8 meses internada en el Sanatorio porque no se podía mover. Y nació Victoria, que no podía llamarse de otra manera. La vida me dio todas esas sorpresas, de la cual soy un agradecido permanente de todas las personas que me acompañaron en este camino. Con sabores o sin sabores, la vida tiene que tener un poquito de sal y un poquito de azúcar, más de azúcar le podés poner, pero todo depende de vos cómo enfrentes la vida, porque tenés que enfrentarla.





