«Nunca estuve ni estoy atado a ningún lado»
Carlos Eduardo Nalbarte Fontoura es salteño (nacido el 16/9/77) y pese a su juventud ha cosechado una vasta trayectoria en tareas diplomáticas dentro y fuera del país. Ahora, radicado otra vez en Uruguay (funcionario de Cancillería, en Montevideo), así conversó con EL PUEBLO:

Háblenos de sus años en Salto…
Crecí en barrio Talleres Norte. Fui al jardín Los Parchís, en calle Uruguay, y a la Esc. 4 de jardinera a 6to. Pese a tener que atravesar en ómnibus toda la ciudad, fue un gran acierto que nos hayan inscripto allí a mi hermano y a mí; años maravillosos, maestras que nos enseñaron de forma seria y familiar, fomentando la superación personal y la amistad. En 1990, empecé el Liceo 3; tiempos de comenzar a ver el mundo «con ojos de grande» y aprender todo sobre la marcha. Tuve la suerte de entrar en el coro del liceo, un grupo que representaba a la institución, y a esa edad no le dábamos la importancia que tiene. 5° y 6° fui al liceo 5, al mes pasé al Nocturno. Tengo grandes recuerdos e imágenes, eran momentos que servían para escapar de la realidad que a veces nos golpeaba a corta edad, y que no era generada por nosotros sino por el entorno que nos había tocado, con lo cual teníamos que aprender a convivir…épocas donde la ayuda profesional a la infancia no era corriente.
Y luego, partida hacia el sur…
En el 96 realicé el primer «movimiento de reubicación y recomenzar de cero», de Salto a Montevideo, para empezar Comunicación Social en UTU. Me recibí 3 años después como Técnico, con postgrado de radio y tv, y 1 año extra en el Centro de la Imagen y la Palabra, que tenía Cristina Morán. Luego estudié en el Ateneo de Montevideo, producción y logística de eventos. Y continué formando parte de coros, uno en Malvín y otro en Aguada. Cuando llegué a Montevideo, a la par de estudiar, para poder mantenerme trabajé en un supermercado, en dos videoclubs y finalmente entré como pasante en el Ministerio de Relaciones Exteriores, primero honorario y luego remunerado, hasta 2001. Entonces entré a una empresa de transporte de pasajeros, luego a una empresa de limpieza nocturna en Montevideo Shopping y finalmente en una sucursal de otra empresa de transporte, esta vez en la terminal de Salto, hasta 2003, cuando comencé el segundo «movimiento de reubicación y recomenzar de cero».
¿Y entonces surge la posibilidad de ir al exterior?
Por la complicada etapa del país desde 2002, aproveché una propuesta de irme con la opción de tener trabajo, a través de un amigo que se encontraba en Massachusetts. Los uruguayos teníamos visa libre por 3 meses. Con tremendo esfuerzo de mis padres, pidiendo prestado de un lado y de otro, llegamos a cubrir los costos del pasaje y algo extra para poder pasar la aduana sin complicaciones, en abril de 2003. La llegada a Boston fue con -10 ºC , en diciembre/enero llegábamos a tener -20 ºC, de allí a Quincy, donde comenzaría a trabajar al día siguiente en Dunkin’ Donuts, una cadena de cafeterías, cumpliendo el horario matutino en la tienda en que estaba fijo y a la tarde-noche cubriendo días libres de funcionarios en otras sucursales. Jornadas muy largas y pesadas, además de atender al público había que limpiar, ordenar, controlar stock…En 2004 llega el momento de la tercera «reubicación y recomenzar de cero», mudándome a Nueva Jersey -ciudad de Newark- donde de un lado de la terminal de tren residen los estadounidenses y del otro se entremezclan la colonia portuguesa, brasilera y latina en general. Retomé la búsqueda de trabajo y por la experiencia ganada en Massachusetts, entré en una sucursal de Dunkin’ Donuts, hasta que supe de una vacante en la Misión Permanente de Uruguay ante las Naciones Unidas y me presenté confiado en la experiencia que tenía de haber estado más de 3 años en Cancillería, y pasé la prueba.
Háblenos de ese trabajo…
Diez años que presté funciones en la Representación Uruguaya, como «contratado local», donde la persona cumple funciones hasta que una de las dos partes desistan del contrato; no es la figura de «funcionario público», si bien se realizan los aportes sociales al Uruguay, pero es como empresa unipersonal. Viví en Newark, con un año y medio en Elizabeth, donde reside la colonia uruguaya. Vi llegar huracanes complicados, destrozos en toda el área triestatal formada por Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, además con fuertes inviernos que paralizan las ciudades, por lo que se instauró el hoy conocido «teletrabajo», para el trabajo no se detenga por adversidades climáticas.
¿Le costó adaptarse?
Nunca tuve problemas. Pero si bien acostumbraba venir a Uruguay en mis vacaciones, a Montevideo y Salto, en marzo de 2014 decidí regresar del todo y cerrar esa etapa en el exterior. Al estar allá como funcionario contratado local, rápidamente se llega a un techo en el trabajo que hace que todo se convierta en una rutina extrema…
¿Ese fue el motivo de regresar?
El tiempo pasa muy rápido y cuando uno ya no encuentra motivación en lo que hace, sumado a que nunca me deslumbré por el país, creo que hay que hacerle caso al instinto que alguna vez me hizo emprender vuelo, pero esta vez en sentido contrario. Sabía que era jugar a la ruleta rusa; en toda mi historia, al no tener ayudas políticas, de padrinos o amigos, nunca pisé sobre seguro, pero las situaciones van forjando el coraje para arriesgarse. El 1° de abril de 2014 aterricé nuevamente en mi Uruguay, para comenzar la cuarta «reubicación y recomenzar de cero». Mientras una vez más buscaba trabajo, decidí presentarme para una pasantía honoraria en la Secretaría de UNASUR en Cancillería, como forma de estar activo y poder volver al ruedo.
Pero luego ingresa en el Ministerio de forma permanente…
En 2015 retomé mi camino en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Un mes y medio en la Dirección de Personal y luego en la Dirección de Prensa, donde presté funciones hasta julio de este 2020, cubriendo las actividades del Ministro y otras autoridades, y las logísticas generales de eventos de la Cancillería, a la vez de introducirme en el universo de la página web ministerial, sus sucesivos cambios y ajustes. En 2017, luego de un llamado a concurso pasé a ser funcionario presupuestado, luego de tanto camino andado desde aquel 1998 en que comencé como pasante honorario. Desde julio de 2020, luego de estar con teletrabajando 4 meses en casa porque la Diabetes Tipo 1 así me lo marcó, me encuentro desempeñando funciones en la Dirección Gral. para Asuntos de Frontera, Limítrofes y Marítimos.
Desde lo profesional, ¿en qué lo enriqueció trabajar fuera del país?
No implicó gran diferencia, al haber estado aquí en lugares diferentes y con tareas diferentes desde joven, obligado por la necesidad de ser una persona del interior tratando de abrirse paso en la capital, conjugando las responsabilidades del estudio con las laborales, permitió forjar una base que hizo que todo lo nuevo que podía ir recibiendo en materia tecnológica o de disciplina de trabajo, lo asimilara y potenciara fácilmente. Tampoco es que EEUU sea un planeta diferente. Hay más concordancia con lo nuestro de lo que uno se imagina.
¿Se iría otra vez de Uruguay?
Nunca estuve ni estoy atado a ningún lado. Si mañana la vida me ofrece comenzar una nueva «etapa de reubicación y recomenzar de cero», lo haré, el calendario avanza y las oportunidades se acotan.
¿Algún lugar especial al que le gustaría volver?
Boston, una ciudad con los contrastes de modernidad y antigüedad muy marcados, con limpieza y orden, gente muy amable, educada y divertida. Pero el mundo es muy grande y hay tanto por descubrir que si me tocara ir una vez más al exterior, trataría de no repetir lugar.
Hoy por: Jorge Pignataro
