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miércoles, enero 14, 2026

El debate sobre las ollas

El debate sobre las ollas populares es una muestra más de que en el Uruguay todo se politiza, hasta la comida de los más vulnerables.

A que nos ha llevado esto, pues a una decepción y una radicalización generalizada. Las ollas populares cumplen una función social básica, puede que haya personas que prefiera y se acostumbre a vivir sin trabajar, pero nos atrevemos a decir que siempre serán las excepciones.

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Los uruguayos nos gusta ganarnos los que llevamos ala olla, pese a opiniones discrepantes, que las hay, nos atrevemos a asegurar que todas las personas que conocemos prefieren ganarse su propia mantención y no que otros, o el propio Estado (que somos todos) , se la proporcionen.

Que siempre hubo abusos y abusadores, gente que hizo su “negocio” con las necesidades ajenas no es nuevo. Que esto está mal y que debe ser penalizado porque quien lo hace está delinquiendo, es un delincuente y debe ser tratado como tal.

Pero está tan mal como el no hacerse cargo de los jóvenes que pululan por la ciudad, revolviendo los contenedores de basura y no todos son consumidores.

Hay quienes añoran la cadena perpetua o la pena de muerte. Hay quienes dicen hay que hacer como en china, que a los ladrones y delincuentes los cuelgan…No es esta una solución válida y pero es mucho más fácil tomar distancia y desentenderse del tema.

Nadie elige por qué quiere vivir en la calle, generalmente es porque “les da lo mismo”, y porque no hay otra opción, De esto somos culpables todos. Es más fácil decir “está así porque quiere…”, “no estudia porque no quiere…” o “no trabaja porque no le gustan las obligaciones”, Esto no quiere decir que nos guste o que los eximamos de toda culpa, pero tampoco podemos sentirnos totalmente ajenos a las causas del tema.

Nadie concurre a una olla popular porque le gusta hacerlo. Que siempre hubo abusos y abusadores nos es nuevo. Que debe controlarse. Si hay delitos, hay delincuentes y como tales deben ser tratados con el agravante social que especulan con las necesidades ajenas.

Lo que nos tememos es que esta politización concluya sacando del ruedo precisamente a quien o quienes más lo necesitan y no detectando a los delincuentes que llevan a estas situaciones.

A.R.D.

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