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CULTURA

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Diario EL PUEBLO digital
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Banda y Orquesta Departamental: ¿crónica de una muerte anunciada?

La música que durante décadas brindó a Salto su «Banda y Orquesta Departamental», hoy contrasta con un pesado silencio. En ese silencio, se la viene apagando lentamente.

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Hay problemas de larga data; otros aparecieron hace poco. Conflictos internos no faltan tampoco. El año pasado, algunos de sus músicos presentaron denuncia por «persecución y maltrato laboral» contra el Director, Sergio Mena; las investigaciones se hicieron, terminaron en diciembre de 2020 y el Intendente, sin embargo, aún no se expidió. ¿La denuncia fue a raíz de nuevas exigencias que Mena planteaba y los músicos no estaban dispuestos a aceptar? Pero resulta que desde hace más de un año y medio, Mena es Director pero «voluntario», es decir, no formalmente, y por ende no remunerado como corresponde al cargo. ¿Es o no es Director? También sobre ello debe expedirse el área de Jurídica de la Intendencia. Por lo que pudo saber este diario, Mena es «interino» desde que un quebranto de salud afectó al Director Efectivo, Oscar Bordagaray (cuando circunstancialmente estaba en España). El Coordinador de Cultura de la Intendencia, Pablo Ferreira Pinto, ante la consulta de EL PUEBLO sobre esta compleja problemática, expresó que no haría declaraciones ahora, sino cuando surja una resolución, probablemente el próximo año.

Crónica de una muerte
anunciada
Quien sí accedió a hablar fue precisamente Sergio Mena, que en síntesis explicó: «La Banda y Orquesta Municipal de Salto ha vivido en carne propia, desde ya hace más de 20 años, lo que titula la novela famosa Crónica de una muerte anunciada. Desde que yo ingresé como funcionario, hace ya 27 años, he escuchado y he visto cómo a cada gobierno de turno se le reclama lo mismo, la recuperación de cargos vacantes que por fallecimiento, por jubilación o por cambio de sector de los funcionarios, se va desmantelando la Banda lentamente, llevándola a una extinción segura. Eso hace años que lo escucho y se lo va repitiendo a cada gobierno, directores de Cultura, gremio… En 1998 entraron los últimos músicos instrumentistas como funcionarios, después de 20 años, cuando yo entré como director se recuperó el cargo de cantante, mediante concurso. En 2018, Jorge de Souza (Dir. de Cultura) propone cambiar la estructura, me propone a mí como director y trabajar con el Conservatorio para que este provea de músicos, egresados o no pero preparados para cumplir con la función que se necesite en la Banda y con intenciones que luego vayan completando las vacantes y se pueda hacer concurso o designación directa, que son las dos opciones con que trabaja la Intendencia.

En ese proyecto él menciona también la necesidad de actualización y superación de los músicos.
Hubo un buen cambio, muy significativo, triplicando la cantidad de actuaciones anuales, logrando un grupo importante de seguidores y generando actividades propias que llenaron los teatros, las plazas, fue muy interesante. En las primeras reuniones que tuvimos con el Director de Hacienda y con el Intendente, como eran varios los requisitos que yo había hecho, me pidieron que eligiera un punto importante dentro de las necesidades, para priorizar.

Respondí que la recuperación de cargos era lo principal, porque veía que la Banda se estaba desmantelando.

Luego que tuvimos las primeras actuaciones y conciertos, con buena repercusión, el Intendente tomó la palabra en varias actuaciones y se comprometió públicamente diciendo que antes que se termine su gobierno los pasantes ingresarían como funcionarios, más allá de que yo había pedido concurso.

Eso nunca se cumplió, se fue llevando y llevando, terminó el gobierno y no se cumplió. Luego del lapso que nos infligió la pandemia, tuvimos la pérdida de dos grandes músicos, el guitarrista Jorge Rodríguez, que era tallerista, y el bajista Marcelo Cantini, que era pasante. Otro funcionario se cambió de sector, otro se jubiló, la administración retiró los ocho pasantes y dejó la Banda con ocho integrantes. Imposible…

Aparte totalmente desparejo, imposible formar algo. Al momento no tengo ninguna información de desintegración del sector, pero no estamos autorizados a ensayar. Y aparte de eso creo que estamos tan cerca de una cosa como de la otra, tanto de desintegración del sector como de reactivación.

Habiendo tantos jóvenes músicos preparados en nuestra ciudad, es una buena oportunidad para inyectarle toda esa sangre nueva a la Banda y Orquesta, y lograr una Banda y Orquesta juvenil, con gente con muchas ganas de trabajar, sin vicios laborales, con mucha intención y conocimiento.

Así que estamos a la espera de que no se cumpla el título de la novela sino la segunda opción, la reactivación del sector, y que las autoridades piensen en ese beneficio para la sociedad».

Sr. Intendente de Salto Dr. Andrés Lima: usted tiene la palabra.

«La obra invisible», otro libro de Garet

Un nuevo libro ha dado a conocer estos días Leonardo Garet: «La obra invisible», veintidós cuentos agrupados en cuatro secciones. Son tiempos estos, de fecunda producción para Garet. Solo este año ha publicado tantos libros como en ningún otro de su extensa trayectoria; si se le suman los del año pasado («Entre la noche y el luminoso mar», «Una vara de almendros» y «Quiroga – Estudios reunidos») hay que concluir que nunca había consolidado en poco menos de dos años, la publicación de una similar cantidad de libros, pero además, con un espectro tan diverso: poesía, narrativa, ensayo. En 2021 reeditó, ampliados, «Los días de Rogelio» y «Las hojas de par en par» (de 1998 y 1999 respectivamente); y sacó a luz «El corazón del trigo» (obra completa de José Ma. Rondán Martínez), «El orden de las letras», «Víctor Lima», y ahora «La obra invisible».

La narrativa de Garet se ha caracterizado, no como regla general -son muchos libros- sino como claro predominio, por un estilo limítrofe entre cuento y prosa poética, con los sueños a menudo como atmósfera envolvente. No es el caso de «La obra invisible»; aunque no faltan esos giros poéticos quizás siempre inevitables cuando el que escribe es por esencia poeta, los textos que ahora conocemos son cuentos en todo el sentido de la palabra. Cuentan vivencias de personajes que se vuelven muy visibles para el lector, por estar muy bien «dibujados», podría decirse, para hacerle una guiñada a la imagen de la carátula: un marco que encuadra una «obra invisible». Son cuentos que por su estilo y características en general, se emparentan con los de «El libro de los suicidas», aquel exitoso libro del autor. Los une -entre otras cosas- que en ambos casos, los cuentos que dan título a todo el conjunto, más allá de la anécdota en sí, encierran una sutil crítica al manejo que hace una sociedad (esta sociedad salteña) del quehacer cultural, sobre todo de sus «artistas». Hay una solapada crítica a la sobrevaloración que suele hacerse de obras que prácticamente no existen (son «obras invisibles»), que solo se sustentan porque sus propios autores se encargan no solo de crearlas sino también de comentarlas e imponer (prensa y redes sociales mediante) ese comentario como una elogiosa verdad. Los de estos cuentos, por otra parte, son personajes a los que cabría clasificar como héroes modernos, esos que se impusieron en la literatura del siglo XX de la mano de maestros como Faulkner o Kafka, cuyas hazañas serán siempre más importantes para sus propias pequeñas almas y su inmediato entorno, que para el resto del mundo: un feriante, un cuidacoches…Sin embargo, hay «algo» (tal vez otros lectores puedan encontrarle el nombre exacto) que los conecta con el universo todo. Si bien el ambiente es reconocible en general como Salto o Montevideo, son personajes que con sus pensamientos y acciones, extienden los cuentos a un plano universal. Cualquiera de ellos podría ser traducido, sin que pierda lo esencial, a cualquier idioma del mundo, algo que no sería experiencia nueva para su autor.
«La obra invisible» es otro libro con que Garet, otra vez, se posiciona entre los grandes narradores uruguayos. «La obra invisible» está a la vista y alcance de los lectores; invita a disfrutarla.

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