RAÚL ALFONSÍN.
Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. El pasado 10 de diciembre, la República
Argentina conmemoró los 37 años del retorno a la Democracia.
Tras la cruel dictadura que derrocó al gobierno de María Estela
Martínez de Perón, en Marzo de 1976 y de la controvertida Guerra de
las Malvinas, en 1982; se cerraba un ciclo de opresión y
autoritarismo, abriéndose otro de concordia y reconciliación.
El ex Presidente de la República Argentina, el Dr. Raúl Alfonsín, fue
el hombre clave para reconquistar las libertades perdidas. Luchó en
tiempos en los que América Latina transitaba por el oscuro período
dictatorial, inaugurando en el sufrido continente, el retorno al camino
de la legalidad. Supo ser un estadista de estirpe, poniendo por
encima los intereses de su Nación, procurando siempre los
consensos necesarios en la ardua tarea de gobernar, reflejándolos
cual rumbo a seguir, desde el día mismo de su asunción, cuando
hablándole a una Plaza de Mayo colmada de banderas de distintos
partidos dijo: “Iniciamos una etapa que, sin duda, será difícil, porque
tenemos toda la enorme responsabilidad de asegurar, hoy y para los
tiempos futuros, la democracia y el respeto por la dignidad del
hombre en la tierra argentina”.
A veces las cosas no suceden como se planean, siendo
imprescindible sortear prudentemente las dificultades, para evitar
males peores. Durante su gestión, se enfrentó a serios problemas
económicos, siendo el dolor de cabeza más grande, la hiperinflación,
que trató de superar con el Plan Austral, el que fracasó; sindicales,
debiendo contrarrestar el peso de tres paros generales de la
histórica CGT, que jaquearon su gobierno; políticos, que
demostraban la amenaza de ciertos sectores castrenses que
anhelaban el retorno al poder; así enfrentó con firmeza en 1987, el
levantamiento Carapintada, haciéndose famosa la frese que dijese
desde el balcón de la Casa Rosada, una vez superada la tensión:
“Hoy podemos dar gracias a Dios: la casa está en orden y no hay
sangre en la Argentina. Felices Pascuas”. En 1989, el copamiento a
La Tablada, una vez más pretendió empañar la flamante democracia.
De ambos insucesos salió airoso con el respaldo de su pueblo; pero
ya era tarde. Pensando en primer lugar en la estabilidad de esa
democracia que tanto costó recuperar, entregó anticipadamente el
poder al electo Presidente Carlos Menem, el 8 de julio de 1989.
En circunstancias adversas, realizó su cometido: colocar la banda
presidencial a otro Presidente elegido por las urnas.
¿Por qué recordarlo? Pues tenemos el compromiso de tener presente
a los que han sido ejemplo de rectitud y entrega por causas tan
nobles e imprescindibles para una sociedad.
Alfonsín hablaba de la democracia, no sólo la del voto, sino también
de aquella con la que se come, con la que se cura y con la que se
educa. Mirando hacia el porvenir, pregonaba no quedarse en un
pasado que muchas veces llenó de frustraciones, apostando
tenazmente al futuro, utilizando responsablemente como herramienta
a la política y como fin en sí mismo, a la democracia.
En una oportunidad, un periodista le preguntó cómo le gustaría ser
recordado, a lo que respondió: “Yo siempre dije que no quería pasar
a la historia como un presidente conservador. Ahora no sé
exactamente cómo voy a pasar a la historia. Pienso que será
reconocido lo que hice por la democracia”.
Cuanta razón. A 37 años del encuentro con su destino, es recordado,
no sólo por sus compatriotas, como el Gran Demócrata.
