El miércoles 3 de julio, en la librería Escaramuza de Montevideo, se realizó la presentación de Apuntes, la nueva novela de Roberto Appratto (Montevideo, 1950). De dicho evento participaron los escritores y docentes Leonardo de León (Minas, 1983) y Martín Arocena (Montevideo, 1979). La elección de los presentadores no ha sido casual. Además de las afinidades literarias, lo fundamental es que ambos presentadores son docentes. En el caso de Arocena se suma que fue alumno de Appratto, tanto en el Instituto de Profesores Artigas como en su taller literario.
En una entrevista reciente con el periodista Jaime Clara el autor declaró: “Lo que más soy es docente. Lo que más me interesa, y lo que más me gusta a mí es enseñar, transmitir la experiencia. Lo hago con los talleres y esta vez lo hice en diferido, lo hice por escritura.” En la misma entrevista define Apuntes como: “una autobiografía… un texto autobiográfico narrativo, con énfasis en la escritura y la docencia.”
El libro está estructurado en dos partes. La primera, titulada “La escritura invisible”, al decir del escritor, “es una reflexión dramática sobre el hecho de escribir”. Es decir, la voz narrativa expone el problema de decir, de llevar a la escritura todo aquello que no lo es. Se habla de la previa, de la cocina, de lo que pasa por la cabeza y por el cuerpo del que necesita y quiere escribir. Cualquiera que lo haya intentado, cualquiera que esté intentándolo, sentirá de inmediato la identificación con este asunto. Los treinta y ocho capítulos, breves, de esta primera parte, ponen en primer plano fragmentos de vida, pensamiento y lenguaje, los borradores de lo que pudo ser un ensayo, una novela, un poema, una clase. En eso se quedan, en apuntes mentales, en la evidencia psíquica de una lucha con la palabra, en una especie de huella previa.
La segunda parte se titula “Apuntes de clase”, consta de treinta y seis capítulos, también breves, y era el proyecto inicial del escritor. Fue escrita antes de la primera parte, pero un trabajo editorial (a cargo de Criatura Editora), en acuerdo con el autor sumó las dos partes bajo un mismo título. Es que el tema las une, la diferencia quizás esté en el foco. En la segunda parte este es más nítido, las anécdotas son más claras. Vemos a Appratto estudiante de derecho deslumbrado por una lectura de “Preocupaciones de un padre de familia” en el patio de la facultad, o al alumno de José Pedro Díaz al que se le siembra la noción del abismo que hay debajo de cada lectura y que jamás llegaremos a completar, salvo que aniquilemos el valor de una obra encerrándola en máximas efectivas, pero reduccionistas. Acompañamos al docente que va a dar una clase sobre Rulfo o Huidobro, o que ve cine y entiende un mecanismo narrativo, y seguimos viendo, junto a todos estos, al escritor que da clases, ya sea en secundaria, la universidad o en un taller de escritura. El problema y el placer siguen siendo el mismo: el lenguaje. ¿Cómo conseguir que el lenguaje muestre lo importante del lenguaje, su forma de asociarse, de construirse? ¿Cómo cuestionar, también con lenguaje, todo el andamiaje de lugares comunes que transitamos?
Los lectores de Appratto sabemos que sus libros siempre tienen como protagonista al lenguaje, este unido a su experiencia personal. Podrá ser una novela sobre el padre, la madre, la dictadura, las esperas, pero en el fondo, siempre se hablará sobre lo que el lenguaje puede decir de todo eso y cómo puede decirlo. Los que fuimos sus alumnos sabemos que cada cosa que dice y escribe es una lucha en contra de aquello que es una comodidad, un estancamiento del pensamiento, de la crítica o de la escritura. Es una constante lucha en contra del lugar común. Dice en el capítulo dieciocho de la segunda parte: “El lugar común, lo no literario, invade lo que se escribe como una mancha voraz, una perversión que inutiliza todo, nota, texto crítico, cuento, poema, novela, lo que sea. Algo que no es uno hablará por uno, le dará la comodidad de un saber general, hasta prestigiado…”
Todo aquel que escriba, pero también el que lea, debe saber cuáles son esos “lugares comunes”, esos sitios cómodos en los que se apoyan los que dejan todo quieto en la cultura y en la mente y emociones de los lectores. Esos que solo buscan una identificación tranquilizadora, pero que no logran conmover las raíces de nada ni de nadie.
En la presentación, de León habló de una escritura de “agujeros”. Otros escritores están preocupados por tejer tramas, por hilar argumentos, Appratto está más preocupados por los agujeros, por los espacios vacíos que hay entre todo eso. Arocena recordó una enseñanza del profesor, cuando era su alumno, que sigue aplicando en sus propias clases, esto era una definición de poesía de Leopardi: “un lenguaje exacto para nombrar lo inexacto”.
Leer Apuntes es asistir a clases de literatura, de lectura y de escritura. Es un libro indispensable para todos aquellos que escriben o quieren escribir (y para los que ejercen la docencia). Para quien firma esta nota, es una nueva instancia para recordar, agradecer y continuar aprendiendo. De alguna manera es volver a aquel salón de clases en el que fui su alumno para poder pararme, con la honestidad intelectual aprendida, en el que ahora soy docente.
