“No tengo odio ni rencor, no encontraré a mis padres pero quiero saber qué hicieron con ellos”, expresó

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    No es la primera vez que vino a Salto pero aún así no ha podido hacerlo todas las veces que quisiera. Afirma que es feliz junto a su familia y en la noche que homenajeaban a su madre estaba preocupado por la salud de la pequeña beba de pocos meses de edad que estaba con un poco de fiebre.
    Es que Carlos D’Elía, hijo de la maestra Yolanda Casco, detenida desaparecida por la dictadura argentina hace 31 años, vino a Salto desde su Buenos Aires natal para rendirle tributo a su madre y al resto de los que en su misma condición perdieron la vida a manos del autoritarismo de la época.
    Luego de descubrir una placa en el salón de actos de la Junta Departamental, de emocionarse hasta las lágrimas por la situación que le estaba tocando vivir, donde todos utilizaban una foto de su madre en el pecho y sus familiares biológicos estaban presentes, atentos a su mirada porque les recordaba a la de su madre, Carlos D’Elía, habló con EL PUEBLO.
    Un tanto apurado porque después del homenaje en la Junta todos se trasladaban hasta la esquina de las calles 19 de Abril y Juncal, donde residía su madre Yolanda Casco cuando era niña y donde aún residen sus familiares biológicos para descubrir una placa en su honor, Carlos, con 31 años de edad, recuerda su historia.
    “Yo viví durante los primeros 17 años de mi vida en el centro de Buenos Aires, ciudad en la que nací y en la que vivo ahora, con una familia, la cual creí que era mi familia biológica y que me crió con mucho amor”, dijo.
    Pero reconoció que vivió un “antes y un después” cuando a los 17 años de edad, siendo un adolescente más de la capital argentina, cuando “recupero mi identidad, conozco mi verdadero origen, me encuentro con mi familia biológica”.
    Narró que cuando él fue tenía pocos días de nacido y fue despojado de los brazos de su madre, en los terribles “pozos de Banfield”, una cárcel clandestina que tenían los órganos de represión de la dictadura argentina para torturar y asesinar a los presos políticos sin que nadie se enterara, fue a parar a manos de una familia “que me anotó como propio con una partida de nacimiento falsa, firmada por el médico policial de apellido Garcés, que no solo había falsificado solo la mía sino otras más, por una denuncia anónima se supo en Abuelas de Plaza de Mayo que potencialmente yo podía ser un hijo de desparecidos”, contó Carlos.
    Aseguró que así fue localizado y entonces después de una investigación “me encuentran” y tras algunos años de continuar con la investigación confirman con los análisis genéticos “que efectivamente yo era hijo de Yolanda Casco y de Julio César D’Elía y ahí empezó un proceso de saber la verdad y de conocer a mi familia biológica”, afirma ya con temple firme.
    EMOTIVO
    Confesó que al momento de estar haciendo referencia a la persona de su madre durante la ceremonia de la Junta Departamental “no sabía cómo reaccionar en ese momento. Levantaba la vista y tenía a mi abuela, a mi tía, a mis primos, a mi mujer, las veía emocionadas y no sabía que decir, lo único que sabía era emoción, agradecimiento y espero que esto sirva como memoria, y para que se sepa la verdad y la Justicia que es algo que toda la sociedad se merece, necesita saber”.
    Admitió que no tiene “odio ni rencor” por lo que le pasó a sus padres y por el destino que tienen hasta el día de hoy que es estar desaparecidos. Pero advirtió que “lo único que quiero es saber la verdad y qué hicieron con mi papá y mi mamá”.
    Y subrayó que su máximo deseo es “poder crecer fuerte” y que para eso “hay que tener claro poder cerrar las cicatrices del pasado”.
    Tiene la esperanza de que “si todo sigue avanzando yo podré saber algo más, porque las heridas van a quedar pero si las puedo cicatrizar y bueno para poder seguir mirando hacia adelante como lo hago hasta ahora buenísimo. Yo tengo una vida donde formé una familia muy linda, soy feliz, vivo en Buenos Aires, pero es un vacío que uno tiene adentro que necesita llevar adelante”.
    Y expresó: “no encontraré a mis padres, pero por lo menos quiero saber qué fue lo que hicieron con ellos”.

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