Víctor Hugo Solís es parte viva de la historia cultural, comunicacional y social de Salto. Su nombre está inevitablemente ligado a la radio, a los eventos que marcaron generaciones enteras y a una forma de hacer comunicación atravesada por la pasión, el esfuerzo y el compromiso con la gente. Hablar de Víctor Hugo es hablar de más de cuatro décadas de micrófono abierto, de noches interminables de trabajo, de sueños apostados aun cuando el contexto no era favorable, y de una vocación que se sostuvo incluso en los momentos más difíciles de la vida.
Su recorrido comienza en los años clave del regreso a la democracia, cuando la radio no era solo un medio, sino también un espacio de resistencia, de aprendizaje y de encuentro. Desde Radio Cultural, rodeado de verdaderos referentes de la comunicación, fue formándose en un oficio que no se enseñaba en academias, sino en la práctica diaria, en la observación, en el respeto por la palabra y en el compromiso con la audiencia. Aquella radio abierta, plural y profundamente democrática fue su escuela y el punto de partida de una trayectoria que no se detendría.
Con la llegada de las FM, Víctor Hugo volvió a apostar. Produjo, vendió, creó y sostuvo sus propios espacios, entendiendo desde el inicio que la independencia y la autogestión eran claves para permanecer. Así nació una nueva etapa que trascendió fronteras, llegando incluso a oídos argentinos, y que consolidó su identidad como comunicador integral: conductor, productor, gestor y emprendedor de medios.
Pero su huella no se limitó al aire. Supo leer como pocos a la juventud de su tiempo y creó espacios que marcaron época. Estudiantina no fue solo un evento: fue un fenómeno social, un punto de encuentro donde miles de jóvenes encontraron pertenencia, expresión y alegría, involucrando incluso a las familias y generando recuerdos que hoy siguen vivos en quienes fueron protagonistas. De allí surgieron voces, artistas, murgas y lazos que perduraron en el tiempo, convirtiéndose en parte del patrimonio afectivo de la ciudad.
A lo largo de los años, Víctor Hugo también fue testigo y protagonista de la transformación del entretenimiento en Salto: de los bailes de orquesta a la era de la discoteca, de los clubes a los grandes escenarios, trayendo artistas nacionales e internacionales y batiendo récords de convocatoria. Siempre con la misma premisa: trabajar con seriedad, arriesgar, innovar y ofrecer propuestas que la gente pudiera disfrutar.
Su historia profesional está profundamente entrelazada con su historia personal. Padre, compañero, sostén y aprendiz constante de la vida, ha atravesado alegrías inmensas y dolores profundos, especialmente la pérdida de Alfonsina, la Pipi, una presencia luminosa que marcó para siempre su manera de mirar el mundo. Desde ese lugar humano, sensible y honesto, Víctor Hugo sigue eligiendo la radio como refugio, como desestrés y como espacio de verdad.
Esta historia de vida no es solo el recorrido de un comunicador, sino el testimonio de alguien que eligió vivir de lo que ama, que entendió la comunicación como un acto de entrega y que dejó una marca imborrable en varias generaciones de salteños. Una historia construida con micrófono, música, eventos, emociones y, sobre todo, con una profunda conexión con la gente.
Por tal motivo, el protagonista de la historia de vida de hoy es Víctor Hugo Solís.
¿Cuáles son tus primeros pasos en la comunicación?
«En Radio Cultural. Ahí trabajé, todo comenzó con política. Me arrimó ahí Mirta Parcovich; en aquel entonces Mirta y su esposo tenían Los Juncos, que era en Termas del Arapey. Existía la Semana del Estudiante y ahí conocí a Leticia, que era la hija de ellos; nos hicimos amigos y ellos me llevaron a Radio Cultural. Trabajamos en el año 1984, en la vuelta del 83, 84, la vuelta de la democracia. Me dijeron para trabajar en algún lugar y yo preferí que me enseñaran, quería quedarme en la radio. Ellos me aceptaron, don Ramón dijo que sí, Pepe también, y ahí empecé ya con programas, con grandes locutores, gente que había en aquel tiempo como Pereira, Enrique ‘Quique’ Panissa, Falcón. Era una radio muy abierta y donde se había luchado mucho por recuperar la democracia, y yo aprendí con todos ellos: Echevarría, aprendí con todos esos realmente grandes de la comunicación. Cuando las AM no existían, las FM tenían grandes producciones también: Radio Arapey, Radio Salto, Tabaré y Radio Cultural.»
Cuando arrancás en FM, ¿en qué radio comenzás?
«En Del Éxodo. Fue la segunda; la primera fue Del Lago. Y nosotros, a los pocos meses inaugurada Del Éxodo FM 106.5, que marcó realmente una audiencia, no solamente en Uruguay, sino que llegamos lejos, en la parte de Entre Ríos, Argentina; nos escuchaban. Y ahí nació la historia de trabajar en FM, siempre coproducciones, siempre produje mi programa, siempre compré espacio. Desde el principio me dediqué a vender, a producir mi programa, y ahí creciendo en eso y hasta el día de hoy mis programas los produzco, los hago, los eventos, la tele también; ahí nació la historia.»
Hace más de 40 años que estás en la radio, ¿es difícil permanecer en este medio?
«Y hay grandes que han permanecido: Bocha Ardaix, Juan Rodríguez Cristaldo, que ya no está con nosotros, John Weston, JJ Díaz. Hay de otra temporada, de otra generación que está, y nosotros llegar también, un poco nosotros más chicos que ellos, llegar a 43 años. Este año festejamos: 1984, 43 años, es porque realmente primero hacemos lo que nos gusta y vivimos de lo que nos gusta y eso es un poco más fácil. Aunque la radio hubo un momento que tuvimos en el país que se veía venir ya aquello que pasó en el 2000, 1999. Nosotros fuimos a Estados Unidos igual, allí con Santiago Berni, con Víctor Andrés, mi hijo, y con Fernando Olivera, que hoy tiene Radio Charrúa. Se hizo una radio, la primera radio por Internet en Estados Unidos, y trabajamos ahí. Hicimos bailes en Elizabeth; cuando jugaba Uruguay nos trasladábamos, íbamos a las colonias de uruguayos, seguimos trabajando, pero ya no dentro del país, pero seguimos manteniendo el no perder el contacto con lo que hacíamos.»
Además de la comunicación, también te dedicás a la parte de eventos y a la parte de diferentes cosas, como lo que fue algo que marcó mucho, como lo fue Papis.
«Papis nació en el Club Chana, y después lo que marcó a la juventud fue Estudiantina. Estudiantina nace un domingo de que yo voy a Paysandú; andamos paseando ahí por la ciudad y veo que en la principal avenida, en el Club Social, se llama, veo movimiento de gente que entra, de jóvenes, de mayores, y pagando entrada, y subían. Pagamos la entrada, subimos y veo ahí ‘Domingos Sociales’ se llamaba, y eran juegos de salón, pero que lo hacían familias, o sea, eran grupos familiares. Y de ahí digo: esto puede andar en Salto, pero no la familia es medio difícil llevarla de un comienzo, pero sí puede andar en lo que son estudiantes. En aquel entonces nosotros recibíamos —no existían como hoy en día los celulares— recibíamos 4 mil cartas por semana en Radio Cultural porque teníamos buzones en todos los liceos. Se hacían bailes de la elección de la reina de los liceos, se hacían las fiestas en los liceos IPOLL, Piloto, Zona Este, donde ahora está el shopping, ahí estaba el Zona Este. Y nosotros recibíamos las cartas esas de toda la juventud y ahí fue que comenzamos. Bueno, ahí dijimos: vamos a hacer algo para los Nos quedó chico Chana, Club Chana, que era baile, baile, y nos fuimos a Salto Uruguay, que hablamos con don José Boada, que fue un padre para nosotros, guiándonos. Y en el salón, al día de hoy, existen las fotos y existen las primeras transmisiones con Jorge Jacques Producciones y demás. Y nació Estudiantina, que eran grupos de estudiantes: SAFA, Salesianos, los liceos públicos y privados los primeros años, y eran competencias de salón, juegos de salón. Y ahí nacieron las murgas como La Nueva; ahí nacieron voces como Stella Moreira, que cantó para un grupo, vivía a la vuelta El Chamaco y la fueron a buscar. Stella, con 12 años, cantó con una banda para un grupo de Estudiantina; gana la primera vez a María Fernanda, que había cantado para otro grupo. Ahí salían excelentes intérpretes de cantantes hasta el día de hoy, y marcó una época muy especial donde la juventud iba a las siete de la tarde, salían en barras, se reunían en la plaza, llevaban banderas, tamboriles; las gradas se ponían todas al costado. Jugábamos hasta las 10 y media de la noche y después hasta las cero horas se hacía un baile, pero siempre controlado; a las doce se terminaba, 12 y 30 llegábamos a meter 2.500, 3.000 estudiantes por domingo. Después, a través de los estudiantes, comenzábamos a hacer participar a los padres, porque tenían que, por ejemplo, presentar un par de padres que bailaran el pericón o salir las famosas cacerías a buscar cosas en la ciudad, y participar los padres, los ayudaban. Entonces terminó siendo igual con participación de los padres. Trabajaban en la semana, ensayaban. Después, a raíz de eso, hicimos también los desfiles de carrozas con Prinsatex a través de Estudiantina por calle Uruguay. Era una época realmente nada que ver con la actual, no sé si mejor o peor, pero aquella generación nosotros la seguimos considerando la generación dorada.»
Mucha gente te debe parar y hacerte recordar esos momentos.
«Siempre. Algunos que se han casado, divorciado y vuelto a casar. Familia Da Rosa, vinculada con los medios de comunicación y demás; también la profe, la hermana de él, la primera reina de carnaval de Salto. Va a estar otra vez en el jurado y siempre está porque le gusta y porque desarrolló eso también de enseñar las buenas costumbres ejerciendo la docencia. Sí, sí, hasta el día de hoy cuando hacemos los bailes de nostalgia, dos bailes hacemos en el baile acá, va toda esa gente. Incluso me dicen: ‘Mirá, nos conocimos en Estudiantina, nos casamos, hasta el día de hoy’, ya tienen nietos. Sí, marcó una generación, un espectro muy grande de los jóvenes; hoy se han transformado en padres y en abuelos.»
En la actualidad, hace poco hiciste un evento en Parque Harriague.
«Siempre hicimos, desde el primer Banana Pueyrredón, que don José Boada decía: ‘Ta, no entra más gente’. Superaste el récord de Katunga, eran 2.800 personas que habían metido, y ese día con Banana y toda su banda nosotros metimos 3.600 personas. Fue el récord que quedó.»
«En Salto Uruguay se hacían, antes de la discoteca, se hacían bailes de orquestas, y Salto llegó a tener de las mejores orquestas del país y la mayor cantidad; había como 30: Grupo Azul, Manzana, tantas bandas. Y nosotros entramos en la era, a partir de ‘Fiebre de sábado en la noche’, en la era de la discoteca. A partir de ‘Fiebre del sábado a la noche’, John Travolta comenzó la época de la discoteca, y batimos el récord de eso y Banana, Los Pericos, Los Rancheros, Fabulosos Cadillacs, Manuel Ortega, Buitres, La Vela Puerca, y luego la generación nueva ahora de Lucas Sugo, a Márama, bandas argentinas. Creo que sí que fueron muchas que han marcado en sus diferentes momentos. Macaferis y Asociados, impresionante.»
Todo este recorrido, ¿qué te ha dejado? ¿Mucha enseñanza?
«Y sí, enseñanza de vida. No todo han sido cosas que han resultado económicamente positivas, pero sí se han hecho con mucho sacrificio, con mucho amor. Y luego, desde hace 18 años, compartiendo con una nueva… Yo tengo 4 hijos, de mi primera señora, que quedó en Estados Unidos: Víctor Andrés, recibido, vive en Montevideo, casado; Sofía nació en Estados Unidos, quedó a vivir en Estados Unidos; y luego con Paula, que es mi compañera hace 18 años, Juan Carlos, que está en comunicaciones hoy en día, licenciado en Ciencias Políticas; y Alfonsina, la Pipi, que hace un par de meses partió, que me marcó mi vida. 18 años con un ser de luz, no un ángel, sino que una niña maravillosa que no dejaba de ser niña a pesar de partir con 21 años, experiencia de vida.»
«Creo que de a poco uno va marcando ya su retirada. Yo el otro día decía en el parque, me emocionaba y decía que de a poco vendrán otras generaciones y uno tiene que ver… No sé si la generación actual está dispuesta a veces a correr con tantos riesgos como organizar un evento, tener que fijarte en si llueve.»
¿Qué nervios se deben pasar?
«Sí, la adrenalina. Y mi hijo Víctor Andrés me dice: ‘A vos te gusta la adrenalina’. Y quizás sí, pero también llega un momento que la radio, hasta el último día voy a estar, y la tele, que la hago todos los días son mi trabajo, es mi vida. El estar acá tres horas para mí es desahogo. Los desestres y lo que vivimos o sabemos del medio de comunicación, o estamos en esto, nos gusta el camarógrafo toda la vida también. Vos, y hay que andar para arriba porque nosotros producimos nuestro programa. Hay momentos que se bajan algunos sponsors porque les va mal y vos decís: ‘No te voy a apoyar dos meses o tres hasta que levante’. Va todo en la empatía también y tener ese relacionamiento para seguir pagando un espacio en radio, en televisión, pagar eventos que a veces no resultan como uno quiere, pero lo hacemos porque realmente lo sentimos y lo queremos.»
Paula, un pilar fundamental en tu vida, una gran compañera.
«Claro. Yo volví de Estados Unidos, de separarme; volvimos con Víctor Andrés porque quería estudiar. Al no tener los papeles allá se hace muy difícil y quedó la nena, porque la nena tenía que quedar con su madre, es así. Dejamos la mitad de nuestro corazón allá, pero resolvemos volver y ahí estuvimos un año en Punta del Este haciendo radio. Y después Víctor Andrés dijo: ‘Voy a estudiar a Salto’, y yo me tuve que volver con él. Y ahí comenzó la historia otra vez con alguien que no está, que me dijo: ‘Vamos a hacer radio’, Rubén Balbuena, que con Pasaporte marcó una era. Él tenía su estilo, tenía un estilo muy lindo de radio. Tuvo su boliche, tuvo La Parada 31, que marcó una época.»
«El primer baile que transmitimos para radio fue en el Club Agropecuaria, frente a la radio, con la gente de Acuario FM y con el Boca Amaral.»
Hablando de tu parte personal, si pensamos en el momento más feliz de tu vida, ¿cuál sería?
«Y muchos de la primera parte: el nacimiento de mis hijos. Y también capaz una parte, uno enfrascado en mucho trabajo, muchas cosas, en estar en la noche, disc jockey y todo, quizás un poco el debe no haber estado capaz más con ellos. Pero estuve, estuve siempre trabajando y tratando que no les faltara nada. Y la nueva etapa con Paula ha marcado un antes y un después, porque conocí una mujer realmente que venía de haber tenido un momento realmente de haber perdido a su esposo, también que trabajaba en comunicación, de una niña que conocí que era diferente a las niñas comunes porque no podía bailar, saltar, cantar, reír, pero que con el amor que tenía empezó a escuchar las voces. Y yo era el padre, porque fui el padre para ella. Y esos fueron los años hermosos haber compartido. Ahora que uno no la tiene la extraño día a día y me doy cuenta que Dios te va colocando en diferentes situaciones de la vida y uno tiene que vivirla. O sea, feliz en la radio siempre.»
¿Y el momento más triste de tu vida?
«La pérdida de Alfonsina, sí, la Pipi, que fue hace muy reciente. El espectáculo que hicimos fue… nos habíamos comprometido, viste que para manejar bandas y grupos tenés tres, cuatro meses, y pasó. Y nosotros teníamos un baile programado y en noviembre suspendimos, pero no pudimos suspender lo del parque por compromisos con las bandas, siempre. Y lo hicimos , la Pipi siempre estaba en nuestras fiestas. Cuando veníamos, a veces alguna señora que era la que la quedaba a cuidar, estábamos pendientes de ella. Estuviéramos donde estuviéramos, teníamos que estar cerca. La madre es madre y Paula fue una madre. Vos sabés también lo que han luchado por los suyos »
«Paula, desde que nació su niña y que le dijeron que no iba a estar más de un mes, estuvo 21 años, y eso es por el amor. Entonces cuando uno volvía, más allá de que te fuera bien o mal económicamente, si vos tenías gente divertiste… Yo siempre digo que la pista, o sea, el disc jockey o el que anima para 10, para 20, para 100 o para 1.000, tiene que hacer su trabajo y divertir. Nosotros veníamos y ella siempre nos esperaba con una sonrisa, y con su mirada nos hablaba. Se dormía en mi pecho a veces cuando estaba media mal enseñada, le decía yo. Creo que fue el momento más que me tocó vivir, porque era mi hija.»





