Obviar las “picadas”, el choque de copas y los abrazos, entre familiares y amigos, manifestaciones tradicionales por estas fechas del año, parece muy sencillo, pero nada más lejos de esto. Dejar esto de lado lo que consideramos casi “natural” entre los uruguayos, supone nada menos que un cambio cultural, algo que nos llamará poderosamente la atención, pero lo consideramos imprescindible en estos tiempos.
No ocultamos que no nos agradan los saludos, con el codo o el puño cerrado, pero esto no es óbice para que no lo aceptemos y lo compartamos incluso. Aún quienes tenemos un concepto particular de la muerte como fin de la vida terrenal y comienzo de la verdadera vida, entendemos que hoy la responsabilidad humana nos recomienda seguir los protocolos dispuestos.
Este ha sido un año diferente y seguramente que las fiestas también serán muy diferentes, pero los uruguayos tenemos que demostrar que somos capaces de seguir siendo los mismos, a pesar de un comportamiento totalmente diferente. No es tiempo de celebraciones físicas, sino de demostraciones afectivas por estos medios.
En esta ocasión es seguro que en habrá más lagrimas que sonrisas que es necesario que nos mantengamos en nuestros “habitats” y con el menor contacto posible. Para nosotros los uruguayos a quienes Wilson (Ferreira Aldunate) ubicaba entre los “llorones” latinoamericanos, seguramente que es un cambio cultural, algo que nos habrá de costar mucho, pero que bien vale la pena.
No es una cancelación, sino un aplazamiento y seguro que cuando todo vuelva a la normalidad disfrutaremos como nunca, pero por el momento no es aconsejable. Lo prudente es recurrir a otros medios de comunicación, a encuentros “on line”, que felizmente tenemos disponibles, aún a sabiendas que no es lo que más nos agrada, pero es lo que la hora exige.
El hecho de no poder abrazarnos y tener otras manifestaciones físicas personales, no deja de ser una experiencia interesante nos enseña a valorar más estas otras manifestaciones y demostrar nuestros afectos de otra manera.
El llamado a la responsabilidad de las generaciones más jóvenes, no deja de ser oportuno, pero quizás nos vuelca a una realidad que no queremos admitir y es que la vida se termina, en algún momento, en alguna etapa, pero se habrá de terminar. Quizás sea lo más desagradable, pero también lo más maduro, porque al fin y al cabo tendremos que admitirlo.
A.R.D.
Tremendamente difícil, pero necesario
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