El Frente Amplio investiga a Andrés Lima por presuntas presiones a ediles en Salto. La crisis interna escala y podría afectar su cargo en Mevir.
La política salteña atraviesa horas de una incertidumbre profunda que trasciende las fronteras del departamento y se instala en la capital del país. El destino de Andrés Lima al frente de Mevir pende hoy de un hilo, sujeto a lo que dictamine el Plenario Nacional del Frente Amplio. La sospecha de un desacato institucional por haber, presuntamente, forzado la voluntad de sus ediles genera un sismo interno. Este conflicto surge tras la votación de la línea de crédito solicitada por la administración de Carlos Albisu, que, a entender del Frente Amplio, compromete las finanzas locales por dos décadas.
La información a la que accedió El Pueblo indica que el foco no está solo en los ediles, sino en la responsabilidad política del líder de la agrupación. Se investiga si existieron presiones directas para que tres curules de la oposición permitieran al oficialismo alcanzar la mayoría especial. Este movimiento habilitó un endeudamiento que impactará en las próximas cinco administraciones departamentales, algo que la Mesa Política local no está dispuesta a dejar pasar por alto.
El quiebre definitivo en la bancada opositora
La ruptura dentro del Frente Amplio en Salto ya no tiene vuelta atrás y las sanciones administrativas comenzaron a ejecutarse con rigor. El coordinador de bancada, Mario Furtado, fue el encargado de comunicar que los ediles disidentes quedan fuera de todas las comisiones. La medida busca aislarlos de los ámbitos de decisión del Legislativo departamental, bajo el argumento de que ya no representan más al Frente Amplio.
Desde la Mesa Política Departamental se redactó un informe técnico y político que será elevado al Plenario Nacional en Montevideo. El documento detalla la falta de acatamiento a las órdenes directas de la fuerza política, lo que derivó en el retiro de confianza absoluto hacia Analía Fernández, Gladys Martínez y Eduardo Varela. La situación de este último, quien integraba la Comisión de Hacienda, es el ejemplo más claro de este desplazamiento forzado que busca marcar un precedente de disciplina partidaria.
Sospechas de injerencia y presiones externas
El ruido político aumenta al analizar los movimientos previos a la votación en la Junta Departamental. Voces internas del Frente Amplio sospechan que la llegada de Andrés Lima y el senador Felipe Carballo a Salto no fue casualidad. Se especula con una serie de reuniones privadas destinadas a doblegar la postura de los ediles para favorecer la gestión de Albisu. Mucho se especuló con la injerencia de Andrés Lima en la decisión, sobre todo por los vínculos familiares directos que existen con Analía Fernández, su esposa.
Resulta llamativo para los analistas que, mientras la mayoría de los ediles mantuvieron su postura, los de la Lista 711 decidieron retroceder a último momento. Estos últimos, estrechamente vinculados a Carballo, optaron por ampararse en la disciplina partidaria y votaron en contra, dejando expuestos a quienes sí acompañaron el fideicomiso. Esta diferencia de criterios refuerza la teoría de un operativo político que terminó fracturando al bloque opositor de manera irremediable.
La defensa de Varela ante la persecución
Eduardo Varela no se quedó callado ante lo que considera una maniobra de hostigamiento político y personal. El edil manifestó su sorpresa por la forma en que se comunicó su destitución de las comisiones, acusando a la dirigencia de falta de coraje. Según sus palabras, la decisión se tomó de espaldas al debate, optando por una carta administrativa en lugar de una discusión frontal. Se ha vuelto insoportable e insostenible la persecución política que estamos sufriendo, denunció con dureza.
Para Varela, su voto a favor de la línea de crédito fue un acto de responsabilidad institucional para no poner palos en la rueda al gobierno actual. Asegura que su prioridad es el desarrollo de Salto y que la política de la «tranca» solo termina perjudicando a los ciudadanos. Cuando a un gobierno le va mal, no pierde un partido político, pierde la gente, sentenció el edil, marcando una distancia ética con la conducción actual de su fuerza política.
El rol de la Presidencia del Legislativo
En medio del fuego cruzado, el presidente de la Junta Departamental, Enzo Molina, aclaró la postura institucional del organismo. Tras recibir el reclamo de restitución por parte de Varela, Molina se remitió estrictamente al Reglamento Interno. Explicó que la designación en las comisiones depende de las propuestas de los partidos políticos a través de sus coordinadores. Por lo tanto, la Presidencia debe respetar la voluntad de la bancada que solicitó los cambios de manera formal.
Sin embargo, Molina dejó abierta una puerta legal que podría cambiar el tablero en los próximos días. Si los ediles excluidos deciden conformar una nueva bancada o expresión política independiente, la integración de las comisiones debería revisarse. Todavía no se han expresado formalmente, señaló el jerarca, anticipando que el tema traerá cola y que la interna frenteamplista está lejos de encontrar una solución pacífica en el corto plazo.
Un futuro incierto en la capital
El desenlace de esta crisis se trasladará ahora a Montevideo, donde el Plenario Nacional evaluará el informe de Salto. Si se comprueba que Lima orquestó una maniobra para maniatar a los ediles, las consecuencias sobre su cargo en Mevir podrían ser inmediatas. La ética partidaria está en juego y los sectores más ortodoxos del Frente Amplio exigen una sanción ejemplarizante ante lo que consideran una traición a los lineamientos estratégicos de la coalición de izquierdas.
Mientras tanto, en Salto, el clima político es de vigilia permanente. La gestión de Albisu respira con el oxígeno financiero obtenido mientras el costo político para la oposición ha sido devastador. El tiempo corre y el sonido del reloj político se hace sentir en cada rincón de la capital departamental.








