Llegó a nuestras manos hace un par de días el libro “Catarsis”. Se trata de un conjunto de poemas y relatos (más de noventa textos), con un marcado tono filosófico, cuyo autor es Wilson Faval Melo. Editado por Editorial Caburé, con 184 páginas, junto al título y nombre del autor, se lee en la tapa: “No intentes cortarme las alas, mejor coloca plumas en las tuyas y vuela conmigo”. Las páginas ofrecen, además, algunas fotografías, sobre todo de antepasados del autor y lugares de Montevideo.
Faval Melo se encuentra residiendo actualmente en Salto, pero su vida (75 años) ha estado
marcada por el peregrinar constante por diferentes países del continente.
Como “Purificación” o “Purga” aparece en la primera página explicado el concepto que da nombre al libro. Y en contratapa se lee: “Expresión de un alma que se desnuda para evocar y a su vez compartir a través de la palabra. Estos relatos y poemas de Catarsis pueden leerse como ficción, pero son también anécdota de una vida que no se resigna al olvido. Pasado y presente convergen en un universo que fluye sin hermetismos.
Tras la observación atenta y delicada Wilson Faval descubre matices y sensaciones que pueden contactar con aquellas almas que pretendan darse un respiro de la vorágine del día a día.
Es también este libro resumen de un camino compartido que hoy se multiplica e invita. Aceptar esta invitación puede significar aprendizaje y gozo”.A modo de presentación, escribe el autor: “Soy como el viento. Vengo no sé de dónde y voy no sé hacia dónde; busco puertas y rendijas abiertas, por ellas salgo, entro, voy, vengo. No me detengo. Soy vida en libertad. No me pongan cadenas ni rejas porque las reviento. Mi alma libertaria se escapa pradera adentro o en las olas del mar, por sond emis antepasados vinieron”.
“Catarsis” será presentado públicamente en el Auditorio de Casa Quiroga en la nochecita del próximo viernes 26 de abril.
Este es uno de sus textos:
QUIERO QUE VUELVAN MIS CALLES
¡Quiero sí!
Pido que vuelvan los jazmines a mis calles; a los jardines coquetos de los barrios que sus pétalos heridos por las caricias de la brisa vuelan explosivos a perfumarlo todo. Sueño con que vuelvan a mi Montevideo las mañanas frescas, limpias, oxigenadas. Las tardes de las alegres barras juveniles pensando en las esquinas sobre cómo ser felices. Soñando con el futuro sin tener que, por las noches, transgredir, marginalizándose, muriendo.
Era mejor formar parte de la sociedad de todos.
A dos en un rock, o en un bolero, soñar abrazados.
Pero es sólo la memoria despertando sueños. El futuro ya no nos pertenece y los jazmines murieron, no adornan ni perfuman y en las calles ahora se mueren.




