Junio invita a visibilizar la salud mental masculina, reconocer señales de alerta y promover espacios seguros para pedir ayuda.

Mes de la Salud Mental Masculina: el silencio que todavía pesa sobre los varones
Junio se ha convertido en un mes especialmente valioso para hablar de la salud mental masculina. Su importancia no radica en una fecha aislada, sino en la posibilidad de poner en palabras aquello que durante mucho tiempo permaneció relegado, minimizado o directamente oculto.
El llamado Mes de la Salud Mental Masculina se inscribe dentro de un movimiento más amplio de concientización sobre la salud de los hombres. En 1994, Estados Unidos reconoció oficialmente una Semana Nacional de la Salud Masculina en los días cercanos al Día del Padre, con el objetivo de promover la prevención y la detección temprana de problemas que muchas veces no recibían la atención necesaria. Años después, organizaciones de distintos países comenzaron a coordinar iniciativas internacionales durante junio. Con el tiempo, la conversación se amplió: ya no se trataba solamente de controles médicos o enfermedades físicas como el cáncer de próstata, sino también de bienestar emocional, depresión, ansiedad, consumos problemáticos, soledad y dificultades para pedir ayuda.
Durante generaciones, a numerosos hombres se les enseñó que debían mostrarse firmes, autosuficientes y capaces de resolver cualquier dificultad sin apoyo externo. Desde la infancia, frases aparentemente inofensivas como “no llores”, “aguantá”, “tenés que ser fuerte” o “los hombres no se quejan” fueron construyendo una manera particular de relacionarse con las emociones.
El problema no es la fortaleza. La capacidad de atravesar dificultades, asumir responsabilidades y sostener a otros puede ser valiosa. El problema aparece cuando esa fortaleza se transforma en una obligación permanente y excluye toda posibilidad de expresar miedo, tristeza, cansancio o desorientación. En ese punto, el silencio deja de ser una elección y se convierte en una carga.
¿Por qué se habla tan poco de la salud mental masculina?
La salud mental de los varones suele quedar invisibilizada por varias razones. Una de ellas es cultural. Muchos hombres crecieron con la idea de que pedir ayuda equivale a reconocer una debilidad. Otros sienten que deben proteger a sus familias evitando preocuparlas. También existen quienes no encuentran palabras para describir lo que les ocurre porque nunca aprendieron a identificar sus propias emociones.
No siempre existen espacios donde un hombre pueda hablar sin sentirse juzgado. En determinados grupos, la vulnerabilidad todavía se responde con bromas, incomodidad o consejos apresurados. La frase “tenés que salir adelante” puede clausurar una conversación antes de que realmente comience.
La invisibilización se refuerza cuando el malestar no adopta la forma que solemos asociar con la tristeza. Un hombre puede atravesar una depresión y continuar trabajando, cumplir con sus responsabilidades y mantener una apariencia de normalidad. Desde afuera parece funcional. Por dentro siente que cada día requiere un esfuerzo mayor.
Cuando la tristeza no parece tristeza
La depresión masculina no siempre se manifiesta como llanto permanente o abatimiento visible. En muchos casos, el sufrimiento aparece hacia afuera: irritabilidad, enojo, discusiones frecuentes, impaciencia, aislamiento, pérdida de interés, dificultades para dormir o sensación constante de fracaso.
También pueden aparecer conductas de evasión. Algunos hombres se refugian excesivamente en el trabajo, entrenan de manera compulsiva, incrementan el consumo de alcohol, recurren a drogas, se vuelcan a las apuestas o buscan situaciones de riesgo. Estas conductas no siempre son identificadas como señales de malestar emocional. A veces incluso reciben elogios: se valora al hombre que nunca descansa o que parece resistir cualquier presión.
El cuerpo también puede convertirse en una vía de expresión del sufrimiento. Dolores de espalda, cefaleas recurrentes, contracturas, molestias digestivas, cansancio persistente o dificultades sexuales pueden motivar consultas médicas sin que la persona advierta el componente emocional.
Por eso es necesario ampliar la mirada. No todo hombre deprimido parece triste. A veces parece enojado. A veces distante. A veces agotado. A veces sostiene una rutina intensa mientras siente que ya no puede más.
El mandato de “poder con todo”
La autosuficiencia puede ser un recurso, pero se vuelve peligrosa cuando se transforma en una obligación absoluta. Muchos hombres sienten que pedir ayuda equivale a admitir una derrota. Temen ser juzgados, preocupar a sus familias o perder el lugar de referencia que ocupan en su entorno.
El mandato del proveedor todavía pesa. Para algunos varones, el valor personal continúa asociado a cuánto trabajan, cuánto ganan, cuánto resuelven y cuánto resisten. Una pérdida laboral, una separación, una deuda, una enfermedad o una crisis familiar pueden vivirse como cuestionamientos profundos a la propia identidad.
En esos momentos aparece con frecuencia una frase: “No quiero molestar a nadie”. El hombre se aísla, deja de llamar a sus amigos, evita encuentros y responde automáticamente que está bien. No siempre ese silencio es una decisión consciente. Muchas veces es el resultado de años de aprendizaje emocional.
La soledad masculina merece atención. Un hombre puede estar rodeado de personas y, aun así, no tener con quién conversar sobre lo que realmente le ocurre. Puede compartir trabajo, deportes o reuniones, pero carecer de un espacio donde expresar fragilidad sin vergüenza.
No alcanza con decir: “Tenés que hablar”
Sugerir que los hombres deberían expresarse más es correcto, pero insuficiente. También debemos preguntarnos si generamos espacios seguros para escucharlos. No alcanza con pedir apertura emocional si luego respondemos con burlas, minimizaciones o soluciones rápidas.
Expresiones como “hay gente que está peor”, “poné voluntad”, “no exageres” o “salí y distraete” pueden cerrar una conversación que recién comenzaba. Escuchar no significa tener todas las respuestas. Significa mostrar disponibilidad, evitar el juicio y acompañar la búsqueda de apoyo cuando sea necesario.
A veces conviene formular preguntas concretas: “¿Cómo estás durmiendo?”, “¿Te sentís desbordado?”, “¿Estás tomando más alcohol que antes?”, “¿Tenés con quién hablar?”, “¿Pensaste en pedir ayuda profesional?”. Las preguntas sencillas pueden abrir una puerta que la persona no sabía cómo abrir sola.
También debemos prestar atención a cambios como aislamiento marcado, abandono de actividades habituales, irritabilidad persistente, consumo creciente de alcohol o drogas, comentarios desesperanzados o despedidas inusuales. Frente a una señal de riesgo, no corresponde dejar a la persona sola ni esperar pasivamente a que el momento pase. Es necesario buscar atención profesional o acudir a un servicio de emergencia.
Redefinir la fortaleza
El Mes de la Salud Mental Masculina invita a revisar una definición antigua. Ser fuerte no es aguantar indefinidamente. No es ocultar el dolor para no preocupar a los demás. No es refugiarse en el alcohol, el enojo o el trabajo. Ser fuerte también es reconocer que algo no está bien, hablarlo y pedir ayuda.
Consultar con un profesional no representa un fracaso. La evaluación psicológica o psiquiátrica permite comprender cada situación, identificar riesgos, fortalecer recursos y definir el abordaje adecuado. Algunas personas necesitarán psicoterapia; otras, una valoración médica o espacios de acompañamiento.
Dormir mejor, mantener actividad física regular, reducir el consumo de alcohol, conservar rutinas y recuperar vínculos son medidas protectoras. Sin embargo, no sustituyen la atención profesional cuando existe un sufrimiento intenso o sostenido.
La conversación tampoco debería limitarse al consultorio. La prevención comienza en la familia, entre amigos, en el trabajo, en los clubes y en los centros educativos. También comienza en la crianza, cuando enseñamos a los niños que llorar no los hace menos valientes y que pedir ayuda no les quita autonomía.
Junio puede servir como punto de partida. No como una campaña aislada, sino como una invitación a cambiar hábitos y miradas. El desafío consiste en dejar atrás la idea de que un hombre valioso es aquel que puede con todo. Nadie puede con todo.
Pedir ayuda no es rendirse. Es una forma de cuidado, responsabilidad y fortaleza.
Ante una situación de crisis o riesgo de suicidio, en Uruguay funciona la Línea de Prevención del Suicidio 0800 0767 / *0767. Ante un riesgo inmediato, se debe acudir a un servicio de emergencia.
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