Salto: potencial enorme, desafío pendiente

Salto combina producción, energía y turismo, pero enfrenta desempleo e informalidad. El desafío es transformar su potencial en desarrollo y empleo sostenible.

Dr. Horacio De Brum

HORACIO DE BRUM

Diputado Partido Colorado
2025-2030

Hay departamentos que viven de su historia.
Otros viven de su potencial.
Salto, curiosamente, vive de ambos.
Es el segundo departamento más extenso del Uruguay y uno de los motores productivos más importantes del interior del país. Con poco más de 130 mil habitantes, su economía combina agro, industria, energía y turismo. Una combinación poco frecuente en el mapa nacional.
La base productiva es sólida. La ganadería, la citricultura y la horticultura intensiva forman parte del paisaje económico desde hace décadas. A eso se suman frigoríficos, molinería, producción de chacinados y nuevas agroindustrias vinculadas a los arándanos, el aceite de oliva o la cerveza artesanal.
Pero Salto tiene además dos activos estratégicos que pocos territorios del país pueden exhibir.
El primero es la represa de Salto Grande. Con casi mil megavatios de potencia instalada, genera más de la mitad de la energía consumida en Uruguay y constituye uno de los principales proyectos de integración binacional con Argentina.
El segundo es el turismo termal. Las termas del Daymán y del Arapey han consolidado al departamento como uno de los principales destinos turísticos del país, generando una economía de servicios que hoy representa aproximadamente la mitad del valor agregado departamental.
En términos económicos, Salto aporta cerca del 2,7 % del Producto Interno Bruto nacional, lo que lo ubica entre los departamentos más productivos fuera del área metropolitana.
Hasta aquí, el cuadro parece auspicioso. Sin embargo, la realidad social introduce matices que no pueden ignorarse.
La tasa de desempleo ronda el 12 %, claramente por encima de los promedios nacionales, mientras que la informalidad laboral alcanza aproximadamente al 34 % de los trabajadores. A ello se suma un dato particularmente preocupante: casi la mitad de la población presenta al menos una necesidad básica insatisfecha.
Es decir: un departamento con gran capacidad productiva que todavía no logra traducir plenamente esa riqueza en bienestar social.
La pregunta entonces no es si Salto tiene potencial. Eso está fuera de discusión. La verdadera pregunta es cómo convertir ese potencial en desarrollo sostenido.
El futuro del departamento pasa por agregar valor a su producción, fortalecer la agroindustria, expandir el turismo termal, desarrollar el enoturismo asociado al Tannat —del cual Salto es cuna histórica en el país— y aprovechar su posición estratégica en la frontera para dinamizar comercio, logística e integración regional.
Nada de esto es imposible. Pero exige algo que a veces escasea: visión de largo plazo, acuerdos políticos amplios y políticas públicas capaces de conectar producción, educación y empleo de calidad.
Porque el desafío de Salto no es demostrar que puede producir. Eso ya lo ha demostrado. El verdadero desafío es lograr que toda esa energía productiva se convierta en oportunidades reales para todos los salteños.
Ese es el salto que todavía está pendiente.

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