La instancia que reunió a autoridades del sistema penitenciario, académico y parlamentario, destacó la importancia de la humanización de la privación de libertad, el fortalecimiento del vínculo materno-filial y las oportunidades educativas y laborales para mujeres privadas de libertad.
Con una importante convocatoria, se llevó a cabo en la sede Salto de la Universidad de la República (Udelar) una actividad académica centrada en la situación de mujeres privadas de libertad que conviven con sus hijos e hijas en el sistema penitenciario. La jornada fue organizada por la Oficina del Comisionado Parlamentario y contó con la presencia del Comisionado Miguel Petit, la directora de la Unidad 20 del INR, María de los Ángeles Machado, el director de la sede universitaria local, Juan Romero, y el director departamental del MIDES, Jorge Vaz Tourem.
En unidad local hay 16 niños
La directora de la Unidad 20, María de los Ángeles Machado, subrayó que esta actividad replica una realizada en Montevideo, extendiendo el alcance al interior debido a la relevancia de Salto en esta problemática. “Nuestra unidad es la segunda en el país con mayor cantidad de menores conviviendo con sus madres en reclusión. Actualmente tenemos 16 niños, dentro del total nacional de 67 menores institucionalizados en unidades penitenciarias”.
Machado destacó el compromiso institucional por generar condiciones dignas. “Desde diciembre contamos con un edificio exclusivo para madres con hijos, con espacios recreativos y seguimiento específico del vínculo madre-hijo”. También explicó que aunque el Instituto Nacional de Rehabilitación no tiene como competencia directa el cuidado infantil, termina asumiendo esa responsabilidad en el marco de la privación de libertad.
La cárcel como último recurso
Por su parte, el Comisionado Parlamentario Miguel Petit presentó el informe especial sobre mujeres con hijos en prisión y remarcó la necesidad de ampliar el enfoque sobre la pena. “El sistema penal no se agota en la cárcel. Debe apoyarse en tres pilares: penas alternativas, atención post-penitenciaria y el encarcelamiento solo en los casos necesarios. La cárcel debe ser un último recurso”.
Petit elogió el trabajo de la Unidad 20 de Salto, señalando que “pese a la estructura edilicia antigua y el problema nacional de hacinamiento, aquí se han logrado avances significativos tales como espacios educativos, artísticos, talleres y mecanismos para que madres puedan mantener el vínculo familiar, incluso permitiendo que hijos pasen parte del tiempo fuera del recinto”. También destacó el papel de la comunidad señalando que “Salto tiene una red social potente. Hay que regarla, innovar, sumar actores. La salud mental y el tratamiento de adicciones deben integrarse más aún al proceso de rehabilitación”.
Más de 20 reclusos estudian en la universidad
Desde la Universidad de la República, el director de la sede Salto, Juan Romero, remarcó la responsabilidad institucional en los procesos de inclusión. “Lo que pasa en nuestro entorno nos interpela como universidad. Si a nuestros vecinos les va mal, el barrio está mal. Por eso, trabajamos desde la extensión con el sistema penitenciario, formando y acompañando a personas privadas de libertad”.
Romero relató el crecimiento sostenido del número de personas privadas de libertad que cursan estudios universitarios. “Pasamos de 3 a más de 20 estudiantes privados de libertad. Esta experiencia nos obliga a rediseñar evaluaciones, coordinar con la unidad penitenciaria, ofrecer apoyo estudiantil. También nos confronta con historias de vida duras, que evidencian que no siempre el delito fue una elección libre, sino una consecuencia del contexto”.
“Nos duele cuando alguien reincide, pero también aprendemos de eso. Entendemos que no todo lo podemos resolver pero sí podemos ofrecer oportunidades reales de segunda chance”, reflexionó.
La jornada concluyó que para lograr una verdadera rehabilitación y justicia, es necesario ver a la persona privada de libertad como sujeto de derechos, especialmente cuando hay niños y niñas involucrados. Salto, con su red comunitaria y académica comprometida, se presenta como un territorio fértil para seguir innovando en alternativas al encarcelamiento tradicional.






