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domingo, febrero 1, 2026

Presupuesto de Salto 2025–2030 como motor de desarrollo

Columnas De Opinión

La edil Florencia Rivas plantea que el presupuesto departamental debe pensarse con criterio técnico y sentido común, priorizando organización, descentralización y uso eficiente de los recursos para impulsar el desarrollo de Salto.

Sin colores políticos: pensar el presupuesto como herramienta de desarrollo para Salto

Dra. Florencia Rivas

Bancada CORE

Hablar del presupuesto quinquenal 2025–2030 del Gobierno Departamental de Salto no debería ser un ejercicio partidario, sino un acto de responsabilidad institucional. Allí se expresa, con claridad, la hoja de ruta del departamento para los próximos cinco años: los recursos disponibles, las prioridades de gasto, las inversiones proyectadas y, fundamentalmente, la visión de desarrollo que se propone para Salto.

Como ciudadana y como edil, entiendo que analizar este presupuesto exige dejar de lado los colores políticos y concentrarse en lo verdaderamente importante: el impacto real que puede tener en la vida cotidiana de los salteños y en las posibilidades de crecimiento del departamento. En un contexto complejo, marcado por dificultades estructurales de empleo, una actividad comercial retraída y un potencial turístico aún insuficientemente aprovechado, el presupuesto debe ser leído como una herramienta de transformación y no solo como una enumeración de cifras.

Otro de los puntos centrales del debate tiene que ver con aquello que puede hacerse sin necesidad de recursos adicionales, apelando al criterio, al orden, a la planificación y al sentido común. No todo desarrollo requiere nuevas partidas presupuestales; muchas veces requiere mejores decisiones, coordinación entre áreas, eliminación de superposiciones y un uso más eficiente de la infraestructura y del capital humano ya existentes en la Intendencia.

En este sentido, el nuevo organigrama propuesto constituye un acierto relevante que merece ser destacado. Su diseño ordenado y funcional, con una clara diferenciación entre conducción política, coordinación central y ejecución operativa, fortalece la transparencia, la asignación de responsabilidades y la rendición de cuentas. Esta arquitectura institucional moderna permite gestionar mejor, aun con los mismos recursos, y dota al gobierno departamental de mayor previsibilidad y eficiencia.

El fortalecimiento del enfoque territorial, a través de áreas específicas de cercanía y descentralización, mejora la capacidad de respuesta ante las realidades locales y acerca la gestión a la ciudadanía. Asimismo, la reorganización de la Dirección General de Hacienda, alineada con buenas prácticas de administración pública, contribuye a un control más claro de los recursos y a un uso más responsable del dinero de todos.

En materia turística, Salto cuenta con activos que no requieren enormes inversiones adicionales: termas, río, patrimonio, cultura y posición estratégica regional. Lo que se necesita es planificación, mantenimiento, articulación institucional y una narrativa clara que posicione al departamento como destino. El organigrama y el presupuesto, leídos en conjunto, habilitan ese camino.

Desde mi rol institucional, considero que el deber es informarse, cuestionar, proponer y aportar, no para obstaculizar, sino para mejorar. Pensar el presupuesto sin colores políticos es asumir que el desarrollo de Salto está por encima de cualquier bandera partidaria. Gobernar con criterio, responsabilidad y sentido común es, hoy más que nunca, una obligación ética con el departamento y su gente.

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