Pamela Ferreira: una vida marcada por la pasión y la resiliencia

Historia de Pamela Ferreira, futbolista salteña que superó prejuicios, maternidad temprana y el autismo de su hijo para convertirse en referente y capitana del fútbol femenino.

La historia de vida de Pamela Ferreira es un testimonio profundo de perseverancia, amor y lucha constante frente a las adversidades. Desde muy pequeña, su vínculo con el fútbol no fue simplemente un pasatiempo, sino una pasión arraigada que marcó su identidad. Sin embargo, crecer con ese sueño no fue fácil: en una época donde el fútbol parecía estar reservado únicamente para los varones, Pamela tuvo que enfrentarse a prejuicios, negativas y situaciones que la hicieron sufrir, incluso dentro del ámbito escolar. A pesar de ello, nunca soltó esa pelota imaginaria que la acompañaba a todas partes, ni dejó de prepararse en silencio, convencida de que algún día llegaría su oportunidad.

Su camino no solo estuvo atravesado por la lucha en el deporte, sino también por desafíos personales que pusieron a prueba su fortaleza emocional. La maternidad a temprana edad y, especialmente, el diagnóstico de autismo severo de su hijo mayor, marcaron un antes y un después en su vida. Lejos de rendirse, Pamela transformó el dolor en motor, reorganizando sus prioridades, encontrando nuevas formas de seguir adelante y sosteniéndose, muchas veces, en el fútbol como espacio de refugio, descarga y reconstrucción personal.

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Con el paso de los años, lo que en su infancia parecía imposible comenzó a hacerse realidad. El crecimiento del fútbol femenino en Salto le abrió puertas que antes estaban cerradas, permitiéndole no solo volver a jugar, sino también ser protagonista de momentos históricos, como la obtención de un campeonato y su convocatoria a la selección salteña. Su recorrido dentro del deporte está atravesado por el esfuerzo, el sacrificio diario y una enorme pasión que la llevó incluso a convertirse en capitana, transformándose en referente para las generaciones más jóvenes.

Hoy, Pamela no solo representa a una futbolista, sino a una mujer que supo sobreponerse a los obstáculos, romper barreras y construir su propio camino. Su historia refleja la realidad de muchas mujeres en el deporte y, al mismo tiempo, deja un mensaje claro: los sueños, aunque postergados, pueden cumplirse cuando hay determinación, amor y entrega.

Por tal motivo, la protagonista de la historia de vida de hoy es Pamela Ferreira.

«Muchas gracias por la invitación, la verdad espero estar dispuesta siempre que se pueda colaborar en lo que es comentar y apoyar el fútbol femenino, este deporte tan lindo que amo, y espero siempre estar a la orden cuando pueda».

¿ Cómo fue tu niñez?

Todo arranca por allá por los 6, 7 años. Desde muy chica, la verdad que siempre tengo el recuerdo mío con una pelota, pero la pasé mal. La verdad que es un sueño frustrado que tuve desde chica. Por ejemplo, estaba en la escuela, no me dejaban jugar a la pelota porque era mujer, porque las nenas tenían que jugar al handball, a la quemada.

¿ Cómo que lo veían mal?

Claro, los varones, porque te pueden lastimar. Me acuerdo un día que lloraba, lloraba, lloraba mal porque me habían dicho que sí y yo estaba ilusionada, y llegó el momento y no, no, vos andá a jugar a la quemada. De esos tengo varios recuerdos, es bastante feo para una niña que quiere simplemente hacer un deporte, que no tendría por qué haber un género o algo que separe.

Tu familia, ¿cómo lo tomaba cuando vos les decías que lo que querías era jugar al fútbol?

Igual que las maestras y eso en ese momento, que era peligroso, que era para varones, que si quería jugar tenía que jugar con el baby fútbol masculino y te podían lastimar, y que los gurises eran más brutos, cosas así.

Al principio insistí que me llevaran y después empecé a entrenar yo sola por mi cuenta. Recuerdo en el fondo de mi casa, donde me armaba circuitos con 8, 9 años. Veía cómo entrenaban los gurises, veía videos y me armaba en el fondo de mi casa y ahí practicaba, tiraba la pelota para arriba, buscaba controlarla, contra el piso dominarla, porque sabía que en algún momento me iba a tocar formar parte de un equipo y yo, por las dudas, me estaba preparando.

¿ Eras de mirar fútbol en canal de televisión?

Hasta hoy por hoy yo no miro otra cosa. Yo llego a mi casa y me apronto un mate y pongo Sport Center, pongo algún partido viejo igual, lo llevo al fútbol realmente en mi día a día siempre que puedo.

En mi adolescencia, 14, 15 años, por primera vez no me voy a olvidar jamás. Estaba en la casa de mis abuelos cuidando la leñería mientras ellos sesteaban y me acuerdo que yo siempre miraba el diario, ellos compraban diario El Pueblo de lunes a lunes, y yo me iba a la parte de Deportes. Siempre tengo la imagen de una tarde que no me voy a olvidar nunca, donde voy a la sección de Deportes y veo la foto de unas nenas con camiseta y un señor donde invitaban a jugar al fútbol femenino en la plaza de Deportes, y me acuerdo que se me habrá iluminado la cara. En su momento lo recorté y me fui corriendo para casa, le di a mamá y le dije: mamá, acá hay un número, llamalo. Mi madre llama a Ramón Prado, fundador del fútbol femenino, y ahí empecé mi primer contacto en un equipo, donde Ramón, con sus medios que eran pobres, pero se movía siempre, juntaba diez gurisas de ahí del barrio y entrenábamos, una o dos veces a la semana entrenábamos. Ese fue mi primer contacto con el fútbol realmente, que le agradezco a Ramón siempre. Y de 14 a 16 jugué. A los 16 yo estaba muy enfocada en mi estudio, también me puse de novia y a los 18 fui madre, madre joven. Obviamente tuve que cortar con el tema fútbol y a los dos años y medio de mi hijo me entero que tiene autismo severo.

¿ Cómo lo tomaste cuando te dieron el diagnóstico?

Y es para toda madre lo peor que te pueden decir, sí, porque vos venís proyectando muchas cosas. Mi primer hijo varón, lloraba cuando me dijeron que era varón, yo dije: lo voy a llevar al fútbol, ya con mal concepto porque hoy las nenas juegan, pero claro, yo sabía lo que había pasado, sabía que si tenía una nena capaz no podía jugar.

¿ Qué encontrabas en él que te diste cuenta que por algo tenías que llevarlo al médico?

Lo llevé al médico y me dijeron que era muy chiquito, que no me podían dar diagnóstico, pero yo me guié por mis propios medios porque tenía dos años y medio y aún no hablaba, no te miraba a los ojos. Busqué varias cosas en Internet y me di cuenta que estaba muy parecido a lo que sería el autismo y a los tres años me dieron el diagnóstico, que era autista. Y justo ahí quedé embarazada de mi segundo hijo, entonces fue como todo muy junto, estaba procesando recién el diagnóstico de mi hijo, viene mi otro hijo, yo estaba estudiando. Fue una etapa donde el fútbol pasó a un segundo plano, casi último plano, y me enfoqué en otras cosas. Y ya aprovecho para decir que mi hijo tiene 13 años, es autista severo. El 2 de abril celebramos el Día Mundial de Concientización del Autismo».

¿ Cómo es el día de una mamá de un niño autista?

Es difícil, como yo digo: niños especiales para padres especiales, porque a veces te demanda tiempo extra. Uno dice: crecen y recuperás tu independencia. No, con un autista severo crecen, sí, ahora él está entrando en la adolescencia, yo ya sé que se me vienen cosas difíciles, pero ya estoy preparada psicológicamente y gracias a Dios tengo el fútbol, y se la va llevando.

Más adelante, ¿a qué equipo ingresás de fútbol femenino?

Gracias a una prima que un día me cae un mensaje. Yo tenía 24 años, mis hijos estaban un poquito más grandes. Romi me dice: estoy vendiendo milanesas para colaborar con el fútbol femenino de Salto Uruguay, y yo digo: ¿fútbol femenino, Romi, hay? Me dice: sí, hay una liga donde hay como nueve equipos, con árbitros, organizada, formal. Yo no podía creer porque el último recuerdo que tenía a los 16 años era ese rejunte que Ramón hacía, y de golpe a los 24 se me dio vuelta todo en ese momento y no podía creer. Digo: bueno, decime cuándo entrenan que voy a empezar. Y el papá de mis hijos siempre me apoyó, sabía lo que yo amaba el fútbol, siempre mirábamos con él. Empecé en Salto Uruguay y en el 2020 fuimos el único cuadro, tengo el orgullo de decirlo, que destituyó la invicta a Ceibal en el campeonato salteño. Hasta ahora, hasta el 2026, Ceibal sigue ganando todos los años, solamente en el 2020 Salto Uruguay ganó y formé parte de ese equipo, que fue un recuerdo hermoso. Tengo la publicación del diario El Pueblo siempre, en cada febrero lo publico como recuerdo. Esa fue la primera alegría que me dio el fútbol, una alegría enorme, un sueño ya hecho realidad. Levantar una copa para una futbolista ya es algo increíble».

¿ Y cuándo te convocan a la selección salteña?

Ahí empieza otra etapa también de mi vida, donde yo me enteré que iba a salir en el 2024 el primer campeonato de OFI de selecciones y que Salto iba a participar. Ahí dije: es mi oportunidad de poder vestir la camiseta de Salto, para mí soy salteña a muerte, defiendo siempre mi departamento en todo sentido y esa era mi oportunidad también en el fútbol. Me entero que los técnicos van a ser los técnicos de Universitario, que yo ya estaba jugando en Universitario, y dije: bueno, ellos me conocen, saben mis sacrificios, saben mi esfuerzo, por ahí me citan. Lanzan la citación, yo estaba nerviosa para verla y quedo como invitada, no quedé seleccionada. Sí, tengo derecho a entrenar, pero a la hora de jugar me pueden citar. Ahí lloré, hablé con mi técnico, me dijo: yo sé cómo sos vos, tenés que redoblar esfuerzos. En ese momento me enojé, después entendí que fue para que yo demostrara que yo tenía que estar. Entrené el doble, salía a correr de mañana, me esforcé en todo sentido. Dije: de repente alguna se lesiona, se baja y yo quedo. Llegada la fecha seguía entrenando, empezaba el campeonato y avisan que se puede llegar hasta 26 jugadoras, que entraban las sparring. Una emoción tremenda para mí saber que ya estar en el banco con la camiseta ya estaba cumplido. Llega el primer partido, me citan, ya iba a estar esperando mi oportunidad para entrar. Empieza el partido, en el segundo tiempo entro, hago un gol. Para mí ya no pedía más nada, ya está. Después de todo el sacrificio de haber sido invitada a jugar, hacer un gol no pedía más. Y las alegrías no terminaban ahí. El segundo año vuelvo a quedar, ya ahí no quedo como invitada, quedo seleccionada y me nombran capitana el año pasado. Un orgullo enorme porque yo sé el sacrificio que hago en el día a día. Hoy por hoy trabajo, tengo mis hijos, me organizo, trato de cumplir, entreno doble si es posible y me nombraron capitana. Obviamente me puse el equipo al hombro, hasta ahora siempre estoy enfocada en eso, siempre que puedo. Como yo hablo con las más chicas que ponen excusas, que no quieren entrenar, que no pueden, que están cansadas, yo les tomo el pelo y les digo: yo tengo 32 años, cumplo ahora 32 años, vos tenés 16, ¿qué me venís a decir? También por eso capaz me pusieron como referente, para que las chicas vean que tiene que ser un sacrificio. Y más el fútbol femenino, que me preguntaban recién si ganábamos algo. No, al contrario, en el fútbol femenino vos tenés que aportar, tenés que trabajar, tenés que vender rifas, lo que sea. Universitario, por ejemplo, si bien el club nos cede la cancha para entrenar, nosotros tenemos que pagar cuerpo técnico. Hoy por hoy es difícil que consigas a alguien que lo haga por amor al arte.

«El fútbol femenino es todo a pulmón».

¿ Qué es el fútbol para vos?

Para mí es mi terapia. Cuando me dieron el diagnóstico de mi hijo me dijeron: tenés que ir a psicólogo porque los padres necesitan. Dije: no, no preciso psicólogo, yo ya voy al fútbol, me río, me olvido de todo, me desenfoco, ya sea una hora, dos horas, y vuelvo a mi casa renovada. Por eso siempre estoy invitando. Hoy por hoy es increíble, pero pasamos de no tener nada hace unos años a que haya senior, a que haya fútbol sala, a que haya baby fútbol, hay sub 13, sub 17. Es un orgullo enorme.

¿ Qué le dirías a aquella niña que fuiste, que no la dejaban jugar en la escuela, que sufría tanto y hoy en día pudo lograr lo que más quería, que era jugar al fútbol?

Siempre me planteo eso, me da un poco de tristeza y pena, pero pienso que todo eso me ayudó hoy por hoy a estar donde estoy y a tratar de siempre dar una mano en lo que sea y tratar de que el fútbol femenino vaya en crecimiento, justamente para evitar eso, para evitar que otras niñas estén pasando por lo que yo pasé. Por eso también este año, dado que fútbol sala femenino no había en Universitario, me puse el equipo al hombro, conseguí técnico, conseguí jugadoras, cosas mínimas pero que sumen, que es lo que siempre quise de chica.

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