Estoy de acuerdo, pero con ciertas condiciones
Se me ocurre hoy empezar esta columna con un romance (versos octosílabos y rima asonante en los pares) titulado Los desgajados de la vida, cuyo autor no viene al caso. El poema tiene una anotación inicial que dice «Si no los salva la suerte/que los salve la poesía» y luego:
De mirada muy ausente
demasiado se diría
tristísimas chimeneas
rubias, morochas, caminan
en esferas paralelas:
desgajados de la vida.
No les digo «pibes», sino
«gurisito», «gurisita».Ç
A los gritos por la calle
entre parloteo y risa
va una barra nebulosa,
gris, marchita amanecida…
¡Huracán de amaneceres!
Gurisito, gurisita…
él arma el faso con diario,
ella prepara otra línea.
Recostado a un delirio
aquel tirado en la esquina
(¿nada espera? ¿nadie? ¿nunca?)
parece estrella marchita:
no es cosa de exagerado
ver que se les va la vida.
Y desde una cerradura
la chusma vecina espía;
es ella todos nosotros,
(¿un dejo de hipocresía
de sembradores de morbo?)
distraídas calesitas
que damos vueltas y vueltas
en divagues de política,
partidos y candidatos
(mientras los días se estiran)
ausentes como miradas
que miran irse la vida.
El tema Adicciones es actual, preocupante y debería existir sobre él una actuación permanente. Acciones y evaluaciones de sus resultados de continuo, creo que sería lo más conveniente. No digo que el Estado Uruguayo no se ocupe del tema, pero todos sabemos que siempre vamos “corriendo detrás de la liebre”, y buscando «emparchar» cosas sobre la marcha (lo que no sería del todo malo si se piensa que esa marcha -en el avance de las drogas- es vertiginosa), pero sin dudas que el Uruguay necesita un trabajo mucho más profundo, más desde las raíces del problema, y que sea Política de Estado, no improvisación (aunque generalmente muy llamativa, atractiva) de cada gobierno que va pasando. Por supuesto que estamos ante un tema que no debería nunca ser usado como tema de campaña política.
Creo que todos coincidimos que lo ideal es abordar este asunto, como tantos, desde la concientización, desde la educación, es decir, trabajar en la tan mentada prevención. Pero como no quiero parecerme a ningún político, dejaré de palabras que solo conforman lindos discursos pero que no encierran más que un cúmulo de abstracciones, o la nada misma. Y hablaré de un tema mucho más puntual: ¿internación compulsiva sí o internación compulsiva no? Entonces concluyo lo del título de esta nota: estoy de acuerdo con la internación compulsiva, PERO (y la mayúscula es a propósito porque es un grito) SIEMPRE Y CUANDO SE CUMPLAN, REALMENTE SE CUMPLAN CIERTAS CONDICIONES. Es que allí es precisamente donde se nos aparecen las dudas y los temores. Veamos…
Se dio recientemente la aprobación del proyecto de ley que va a permitir de aquí en más internar de forma compulsiva (aún contra su voluntad, a la fuerza) a personas en situación de calle, pero que tengan probadamente “capacidades de juicio afectadas por problemas de salud mental o consumo de drogas”. Sin dudas es un intento más por luchar contra esto que tanto afecta a miles de familias, pero ya nos surgen dudas. ¿En verdad serán solo quienes probadamente tengan esa característica los que serán llevados a internarse?
El proyecto de ley salió adelante con 74 votos a favor de los 83 legisladores presentes en sala, fue aprobado en la Cámara de Senadores y refleja, como muestran los números que arrojó la votación, un consenso mayoritario entre parlamentarios de los diferentes partidos.
Esto entrará en vigencia una vez que termine de ser reglamentado por el Poder Ejecutivo, y según se ha informado, “establece mecanismos claros y procedimientos específicos para la internación de personas que se encuentren en situación de intemperie completa, con riesgos graves para su salud o incluso riesgo de muerte. Estas medidas se podrán llevar a cabo incluso sin el consentimiento del individuo, siempre que un médico acredite la necesidad de tal acción. Es importante destacar que esta intervención se realiza sin que implique una privación correccional de la libertad, enfocándose en la asistencia y recuperación del individuo”.
Al leer lo entrecomillado en el párrafo anterior, solo me resta decir que estoy de acuerdo. Pero insisto: no estoy seguro, ni cerca de estarlo, con que todas esas condiciones se prueben antes de la internación. Hablemos claro: ¿no caeremos en arrastrar a la fuerza y amontonar gente que está en la calle, sin ese informe previo de un médico?
Usted que está leyendo estas líneas, podrá preguntarse: ¿pero por qué este periodista “agita fantasmas” sobre algo que todavía no empezó a implementarse? Mi respuesta es sencilla: lo hago porque hay ejemplos, con otros temas, que muestran que se está haciendo lo contrario a lo que se dijo cuando una ley fue a aprobarse. Pienso concretamente en el aborto, es decir en la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Más allá de estar a favor o en contra, digo lo siguiente: se dijo que antes que una mujer abortara, se le realizaría un completo tratamiento a cargo de profesionales para, en primer lugar, persuadirla que no lo haga; pues eso no se está cumpliendo en la mayoría de los casos, y dudamos que se haya hecho efectivamente alguna vez. La realidad indica que muchísimas mujeres apenas manifiestan su intención de acceder al aborto, acceden a él, sin etapas previas que se prometieron. ¿Cómo estar seguros entonces, que antes de la internación, se probará debidamente que hay “riesgos graves para su salud o incluso riesgo de muerte”, o que esa persona tiene “capacidades de juicio afectadas por problemas de salud mental o consumo de drogas”?
“El artículo único especifica que en casos donde la capacidad de juicio de la persona esté afectada por una descompensación de patología psiquiátrica o consumo de sustancias psicoactivas, el Ministerio de Desarrollo Social podrá solicitar el traslado a instituciones médicas apropiadas. Un informe médico deberá certificar previamente que la persona presenta un riesgo inminente para sí misma o para terceros, o que su estado de salud podría deteriorarse significativamente sin tratamiento médico adecuado”. Bien, de acuerdo, pero nos quedan dudas en cuanto a los procedimientos, ¿verdad?
Una vez que la persona esté en el centro de atención médica al que se lo lleve, el trabajo médico continúa -según se argumenta- con la certificación de un médico sobre las condiciones del individuo y la aplicación del tratamiento necesario conforme a la normativa vigente, particularmente la Ley N° 19.529, de 24 de agosto de 2017, que establece los derechos y deberes durante el proceso de hospitalización.
Lo que además no nos queda claro es dónde serán internadas estas personas; porque se supone que si usted va a llevar personas con estas características para una buena atención, deberá tener no solo el personal suficiente (y suficientemente capacitado) para ello, sino además un espacio físico adecuado. ¿Y no tenemos superpoblación de pacientes en muchas salas de hospitales? ¿Y no están faltando médicos por aquí y por allá?
¿Se entiende cuál es nuestro temor? Porque si, aún con la mejor intención (de eso no dudo) se empieza a derivar personas a un lugar donde no están dadas las condiciones, ¿no terminaremos simplemente “amontonando” gente en un espacio, y con resultados todavía peores? Deja claro la ley que no es una prisión. Pero para eso las condiciones tienen que estar dadas de antemano. De lo contrario, estaremos poniendo la carreta delante de los bueyes.
Internación compulsiva sí, pero…que quedan muchas dudas, seguro que quedan. Y que hay motivos para temer, también es cierto.
