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jueves, enero 22, 2026

Mujeres murgueras: voces que transforman el Carnaval salteño

Las murgueras Mariana Bottaro y Natalia Machado reflexionan sobre el rol de las mujeres en el Carnaval salteño, la experiencia de La Miguelona en murgas de mayores y el proceso colectivo que impulsa un carnaval más diverso y consciente.

En el corazón del Carnaval salteño, donde la murga es identidad, memoria y resistencia cultural, las voces de las mujeres comienzan a ocupar, con fuerza y convicción, un lugar cada vez más visible sobre el escenario. Mariana Bottaro y Natalia Machado son parte de esa transformación que no surge de la casualidad, sino del trabajo colectivo, del compromiso y del deseo de habitar espacios que durante años parecieron ajenos. Integrantes de La Miguelona, una murga joven que este año asumió el desafío de presentarse en la categoría de murgas de mayores, ambas representan a una nueva generación que entiende el carnaval no solo como espectáculo, sino también como proceso, militancia cultural y construcción comunitaria.

Salir por primera vez al Carnaval mayor implica enfrentar responsabilidades, exigencias y nervios, pero también reafirma la impronta de la murga joven: hacer todo desde adentro, aprender en conjunto y sostenerse como grupo. En ese camino, la participación femenina no aparece como excepción ni como cuota, sino como parte natural de un colectivo que trabaja sin diferencias, donde cada voz, cada rol y cada esfuerzo cuentan por igual. La presencia de mujeres arriba del escenario —cantando, dirigiendo y creando— dialoga con una historia en la que siempre estuvieron presentes, muchas veces desde el detrás de escena, sosteniendo vestuarios, organización y logística, y hoy también ocupando un rol protagónico frente al público.

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La Miguelona propone, además, una mirada crítica y actual sobre la sociedad, utilizando el humor como herramienta para cuestionar conductas naturalizadas, herencias del machismo y actitudes que dañan la convivencia. En ese marco, las experiencias personales de Mariana y Natalia se entrelazan con una reflexión más amplia sobre el carnaval como espacio de aprendizaje, contención y crecimiento, donde el proceso vale tanto como el aplauso final. Esta entrevista recorre sus motivaciones, desafíos y sueños, poniendo en palabras una realidad que sigue transformándose: un carnaval más diverso, más consciente y con mujeres que, sin pedir permiso, crean y habitan los espacios que desean.

Mariana Bottaro y Natalia Machado, mujeres murgueras

“La primera vez que salimos en Carnaval y que tenemos participación en la murga es muy especial. La Miguelona es una murga joven que decidió salir en murga de mayores y eso implica, además de mantener la impronta de murga joven, asumir la responsabilidad que conlleva el Carnaval mayor”, expresaba Mariana.

Natalia, ¿qué te motivó a salir en una murga y justamente en La Miguelona?
“A mí siempre me gustó la murga. Desde chica escuchaba y un amigo me contó que estaba en una murga joven. Me llamó la atención eso, porque acá en Salto no se ve tanto, y también que hubiera varias mujeres. Además, yo ya conocía a Mari. Al principio estaba medio indecisa, pero fui a un ensayo, empezamos a trabajar y me re gustó”.

¿Sienten que hoy las mujeres tienen participación en las murgas? ¿Ha cambiado, ha evolucionado?
“Sí, obvio. Hoy no hay diferencias si sos hombre o mujer, si unos hacen más o menos. Trabajamos todos en conjunto, como grupo”, comentaba Natalia.

“Con el paso de los años y el recambio generacional se ve cada vez más la participación de mujeres en escena. Las mujeres siempre estuvieron en el carnaval; incluso había una consigna que decía ‘sin mujeres no hay carnaval’. Eso buscaba visibilizar el rol fundamental que cumplían detrás de escena: vestuario, organización, logística. Todo ese trabajo muchas veces fue sostenido por mujeres. La diferencia ahora es que también estamos arriba del escenario, no solo detrás, y eso cambia mucho”, reflexionaba Mariana.

Detrás de escena también hay un trabajo enorme, que muchas veces no se ve.
“Sí, es fundamental. Se ve a quienes cantan arriba del escenario, pero el trabajo de los utileros y de todo el equipo es clave. Para sostener esos 45 minutos hay muchísimo detrás. Lo de arriba no existe sin lo de atrás”, remarcaba Mariana.

Natalia, ¿te sentís cómoda dentro de la murga?
“Sí, totalmente. Se creó un ambiente muy lindo”.

¿Cuál es tu papel dentro de la murga?
“Soy sobreprima”.

¿Es tu primera experiencia cantando, aunque ya habías participado en Carnaval?
“Sí, salí una vez bailando. Siempre bailé, pero esto de cantar frente a un público es totalmente nuevo para mí. Nunca lo había hecho y la verdad que está buenísimo”.

También hay otras murgas con presencia femenina en el coro.
“Sí, claro. Hay dos murgas más que tienen mujeres: Falta la Papa tiene dos y La Grandulona tiene una murguera”, señalaba Mariana.

¿Con qué se viene La Miguelona este año?
“Este año el repertorio se llama ¿Qué, Marcelo?. A través del humor intentamos problematizar ciertas actitudes que hemos naturalizado, muchas de ellas ligadas al machismo. El ‘¿qué, Marcelo?’ funciona como un concepto que todos entendemos y nos permite señalar esas conductas, no solo de varones, también de mujeres, porque son actitudes heredadas del patriarcado. En el fondo, tiene que ver con el respeto, con no creerse más de lo que uno es, con no contaminar el entorno. Es una crítica a la sociedad, pero también una invitación a revisarnos a nosotros mismos”, explicaba Mariana.

Concursar con murgas de mayores debe ser todo un desafío.
“Sí, porque no somos las únicas que estamos por primera vez arriba de un escenario. Hay varios compañeros y compañeras que nunca habían salido ni cantado. Es nuevo para todos”, decía Natalia.

“A eso le sumamos que nosotros mismos confeccionamos los trajes y también metemos mano en la puesta en escena. Es esa impronta de murga joven que hace todo, pero aplicada al Carnaval mayor”, agregaba Mariana.

“En estos días se vive una intensidad muy grande para llegar a tiempo con todo. No es solo el ensayo, sino el antes y el después, y todo el tiempo que se le dedica a las tareas que rodean a la murga”, comentaba.

Natalia, ¿tenés familia de murgueros?
“Sí, mi padre llegó a salir en Falta la Papa”.

“En mi casa siempre se miró el Carnaval de Montevideo y también íbamos al Parque Harriague. Quizás no venimos de una familia súper murguera, pero siempre estuve vinculada al arte y a la danza. En 2022 participé un poco con La Punto y desde ahí me encantó todo lo que implica el Carnaval: la adrenalina de ensayar todos los días. El año pasado, cuando no hubo murgas, fue una tristeza grande para muchos. Cuando se retoma el proyecto de La Miguelona, empecé a ir a los ensayos y en un momento dije: ‘¿por qué no pruebo cantar?’. Así empecé, y después, cuando faltó director, dije: ‘si quieren pruebo’”, contaba Mariana.

¿Vos sos la directora de la murga?
“Sí. Nunca había dirigido, pero me animé. Por suerte Gary está siempre acompañando, es un genio, y me va guiando y tirando piques para asumir ese rol tan importante”.

“Es todo un desafío ser directora y además mujer”, reflexionaba Mariana.

“La Miguelona viene con muchos vientos nuevos y con ganas de hacer cosas distintas”, agregaba.

Natalia, ¿qué le dirías a una mujer que tiene ganas de salir en murga pero todavía no se anima?
“Que se anime. Es un espacio re lindo y no tiene que pensar que es solo para varones o solo para gente grande”.

Quedó atrás esa idea de que la murga es solo de hombres.
“Sí, totalmente. Se genera un ambiente muy lindo. El carnaval es hermoso y el proceso también. No es solo subirse al escenario; el proceso es lo más lindo porque conocés gente y aprendés un montón”.

Muchas veces lo más valioso pasa en los ensayos.
“Sí, los recuerdos que te quedan, todo eso. Está bueno animarse a hacer cosas nuevas”.

Mariana, ¿qué le dirías a una mujer que quiere salir pero todavía piensa ‘qué dirá la gente’?
“Que se anime. Ojalá el año que viene y los siguientes se puedan generar muchos más espacios de murga joven. Para empezar, la murga joven es un lugar ideal, con otra impronta y mucha gurisada. Hay una frase que me encanta de Daniela Sosa, coordinadora del club de lectura Un Tal Club y de la librería Blimunda Libros: ella dice que las mujeres tenemos que crear los espacios que queremos habitar. A veces hay prejuicios o malas experiencias, pero la forma de cambiar eso es estar, ganar esos lugares y marcar otra manera de hacer y de relacionarse”.

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