Edil cuestiona el discurso “técnico” del oficialismo sobre el presupuesto y denuncia soberbia política, falta de sensibilidad social y posibles acomodos en cargos.

Danny Coelho
Edil de la Agrupación El Sol – Frente Amplio
Lista 2022
Hace unos días, en la sesión donde se votó el presupuesto, nos tocó escuchar a un edil de la coalición dándole lecciones a todo el mundo. Con un tono de «iluminado» que recién baja de un pedestal, el muchacho soltó que nosotros no entendemos el presupuesto porque «no hablamos su idioma». Y de paso, sacó chapa de joven, como si tener menos años te hiciera automáticamente más inteligente.
Miren, vamos a decir las cosas como son. Ese verso de que ellos «no legislan desde los sentimientos» ya lo conocemos de memoria. Es la forma elegante de decir que no les importa un rábano cómo le afecta el bolsillo a la gente lo que ellos firman entre cuatro paredes. Dicen que el presupuesto es «técnico», pero lo que hacen en realidad es usar palabras bonitas para marear a los vecinos que ellos, desde su soberbia, creen que son ignorantes.
La jugada de los «doctores»
A estos muchachos que se la dan de intelectuales hay que mirarlos con lupa. Porque mientras te encandilan con términos difíciles y poses de renovación, te están pasando el elefante por el medio de la sala. Hablan de «modernizar» y de «gestión técnica», pero lo que vemos atrás de esos discursos son las mismas jugadas de siempre: millones que se van para cargos de confianza y asesores, mientras en los barrios seguimos esperando que tapen un pozo o que pase el barrendero.
Esa supuesta superioridad no es otra cosa que falta de calle. Creen que porque usan traje y hablan como si estuvieran en la facultad nos van a pasar el trapo. Pero se olvidan de una cosa: el presupuesto no es un examen, es la plata de todos nosotros. Y para darse cuenta de que esa plata se está usando para acomodos, no se necesita un título de doctor, se necesita tener los ojos abiertos.
Dice este muchacho que vino otra generación a «jugar y a gobernar». Y se nota que están jugando, pero el problema es que juegan con la necesidad de la gente. El idioma que hablamos nosotros es el de la realidad, el que se habla en la feria, en el almacén y en la parada del ómnibus. Ese idioma no tiene palabras rebuscadas, tiene necesidades reales.
A los que se creen tan «cracks» hay que controlarlos el doble. Porque a veces, entre tanto «concepto» y tanta «visión moderna», se les terminan traspapelando millones que deberían estar en la calle y terminan en los bolsillos de los amigos de turno.
No se gaste, edil. El respeto no se gana con un diccionario bajo el brazo ni sobrando a los que tienen más años de barro que usted. Se gana laburando para el pueblo y no usando la política como un juego para ver quién es más vivo. Nosotros seguiremos hablando el idioma del vecino, ese que a usted, por lo visto, todavía le queda muy grande.








