Male Borba: la música como elección de vida y desafío profesional

Exploramos el universo de Male Borba, artista de Salto que equilibra la pasión interpretativa con la gestión cultural. Desde su formación en el Conservatorio hasta la creación de proyectos infantiles y de jazz, Male analiza los desafíos de profesionalizarse y el abismo entre el arte y la burocracia.

1 – ¿Cuándo empezaste en la música?

Empecé desde muy chica, en edad escolar. Mi primer acercamiento formal fue en el Conservatorio Municipal. Ahí fue cuando empecé a trabajar la idea de que la música no era solo algo que me gustaba, sino algo que quería que formara parte de mi futuro.

2 – ¿Quiénes son tus aliados en Salto? Una carrera no se hace sola. ¿Cómo fuiste armando tu red de confianza (músicos, técnicos, familia)?

Creo que ninguna carrera se construye sola. En mi caso, todo empezó con una convicción muy interna: esa intuición de que la música era parte de quién soy. Ya en la adolescencia tenía claro que quería dedicarme a esto, aunque en ese momento fuera solo el sueño de cantar con una banda.

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Después, por supuesto, están los pilares fundamentales: mi familia y mis amigos, que siempre me acompañaron. Y con el tiempo fui construyendo una red con músicos, colegas con quienes compartimos no solo lo profesional, sino también compromiso y amor por lo que hacemos.

3 – ¿Qué es lo primero que buscás asegurar para vos y para tus músicos antes de subir al escenario?

Para mí hay tres cosas clave: el clima humano, la conexión (química) y lo técnico.
Necesito que haya un buen ambiente en la previa, clima de buena onda, alegría, pero también respeto y compromiso. Eso impacta directamente en lo que pasa arriba del escenario y automáticamente el público lo percibe, se transmite.

Después, lo técnico (sonido, organización) todo tiene que estar resuelto, porque es lo que nos permite dar lo mejor. Todo tiene que estar en equilibrio.

4 – Siendo una artista del interior, ¿sentís que hubo una falta de guía sobre cómo profesionalizarte o fuiste aprendiendo a los golpes, entre ensayo y error?

Más que una cuestión del interior, creo que tiene que ver con cómo ha cambiado el concepto de “hacer una carrera musical”. Existe todavía esa idea de que ser artista es “sufrirla” o no poder vivir de eso.

En mi caso, primero fui aprendiendo en la calle, en la práctica, desde el hacer, desde el ensayo y error. Y después entendí que, si quería crecer, necesitaba profesionalizarme, estudiar música, formarme vocalmente y, también, aprender otras herramientas.

Creo que a muchos artistas nos pasa eso, primero nos hacemos en la experiencia, y después buscamos la formación para sostener y proyectarnos.

5 ¿Cómo gestionás tu imagen? ¿Cuál es el próximo paso en el que la Male artista y la Male gestora están trabajando hoy?

Mi imagen la construyo en coherencia con lo que quiero expresar artísticamente. Me gusta explorar distintas facetas, pero siempre con una identidad clara.

Siempre supe que quería vivir de la música, pero sin perder la pasión… un gran desafío. Por eso también busqué formarme y generar distintas oportunidades dentro del campo musical, para así poder abrir todas las puertas posibles.

Hoy, además de ser cantante de la Banda Departamental, estoy siempre inquieta, pensando y creando nuevos proyectos. Me motiva mucho detectar necesidades, personales o sociales, en cuanto a lo artístico; y transformarlas en propuestas.

Aprovechando mi otra vocación que es la docencia y mi experiencia en la primera infancia; surgieron varios proyectos para niños: talleres para la primera infancia y sus familias, espacios musicales para niños más grandes (CANTIKIDS), banda musical MAPÁ; y lo último fue en 2025, un proyecto de jazz en alianza con estudiantes de UTEC de Mercedes.

6 – El choque de mundos: ¿por qué el lenguaje de las sociedades de gestión suena a idioma extranjero para un compositor? Cuando abrís un estatuto de AGADU o ASDEMYA y leés términos técnicos, ¿sentís que ese sistema no fue diseñado para personas que piensan en melodías y ritmos?

Creo que hay una distancia muy grande entre el lenguaje institucional y el lenguaje del artista. Muchas veces, quienes crean desde lo sensible, desde lo intuitivo, se encuentran con estructuras muy técnicas, frías y poco accesibles.

No necesariamente siento que esté “mal”, pero sí que no está pensado desde la experiencia del artista. Falta una traducción, un puente que acerque ese mundo a quienes trabajamos desde lo creativo.

7 – La burocracia como barrera de entrada: ¿cuántas veces abandonaste un registro de obra solo por la complejidad del formulario? ¿Es el desinterés una falta de voluntad o es una respuesta lógica ante plataformas y trámites que parecen laberintos diseñados para que te rindas a mitad de camino?

Más que abandono por falta de voluntad, creo que muchas veces el desinterés es una respuesta lógica. Cuando los procesos son complejos, poco claros o poco amigables, generan distancia.

En mi caso, al no estar tan vinculada a la composición, no he transitado tanto esos registros, pero sí percibo que son espacios que podrían ser mucho más accesibles y acompañados.

8 – El rol de la educación: ¿alguna vez alguien te explicó estos mecanismos de forma humana o siempre fue a través de una ventanilla fría? ¿Sentís que hay una falta de mediadores que traduzcan la gestión a un lenguaje que el artista pueda abrazar y no solo padecer?

Sinceramente, muchas veces la información llega de forma fría, más administrativa que humana. Y eso genera distancia, el artista no se acerca porque no se siente parte de ese lenguaje.

Creo que es fundamental que existan mediadores, personas o espacios que traduzcan estos procesos a un lenguaje cercano y que acompañen sin generar más barreras.

Los espacios físicos existen, los equipos también. Pero el desafío es pensarlos como lugares que realmente acompañen, orienten y fortalezcan a los artistas en estos procesos. Y no solo informar, sino formar…con talleres, asesorías y acompañamiento real. Porque cuando eso pasa, la gestión deja de ser un obstáculo y se convierte en una herramienta de crecimiento.

9 – El desinterés como síntoma de soledad: ¿te sentís solo frente a la burocracia o creés que los sindicatos y sociedades son clubes cerrados? ¿Sentís que si tuvieras un equipo o un colectivo que te respaldara, tu interés por estos temas cambiaría o seguiría siendo algo que preferís evitar?

Muchas veces hay soledad en ese proceso. No porque no existan instituciones, sino porque no siempre logran generar cercanía. El interés cambia cuando hay acompañamiento. Cuando hay alguien que guía, o un colectivo que respalda y propone, enfocado en el crecimiento real del artista (tanto profesional como artístico), es mucho más fácil involucrarse. Ahí es donde deja de ser una carga individual y pasa a ser una construcción compartida.

10 – El cambio de paradigma: ¿qué tendría que pasar en las instituciones para que registrar una obra o agremiarse te genere entusiasmo en lugar de rechazo? Si pudieras rediseñar la relación entre el músico y la gestión, ¿cómo sería ese puente para que no sientas que estás perdiendo tu tiempo de artista?

El cambio pasa por simplificar y acercar. Que los procesos sean claros, ágiles y pensados desde la realidad del artista. Si gestionar se sintiera como una herramienta para crecer y no como una traba, sería completamente distinto. El verdadero desafío está en que el artista no tenga que elegir entre crear o entender cómo gestionar su carrera, sino que ambos procesos vayan de la mano como parte del desarrollo artístico.

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