
Edil Mario Furtado
Coord. de bancada Frente Amplio
Lista 70
Hace unos días el Intendente de Salto, Carlos Albisu, dijo ante ediles de la CORE que está gobernando “con escarbadientes”. Con esa frase buscó transmitir urgencia y reclamar rapidez para aprobar el Presupuesto Quinquenal, argumentando que es necesario para poner en marcha el departamento.
Pero cuando se mira el contenido de ese presupuesto, la metáfora empieza a tomar otro significado.
Porque en ese proyecto no hay construcción de viviendas.
Tampoco aparecen mejoras para los trabajadores municipales.
Y la inversión social es escasa o directamente inexistente.
Sin embargo, el propio oficialismo lo presenta como el mayor presupuesto de la historia de Salto, con un 51% destinado al rubro obras.
Hasta ahí se podría discutir prioridades.
Lo que resulta mucho más difícil de justificar es otro dato que aparece con total claridad: 13 millones de dólares destinados a los cargos de confianza en el quinquenio.
Mientras tanto, los trabajadores municipales seguirán esperando mejoras que nunca llegan. Como si en la Intendencia hubiera dos categorías de trabajadores:
los de confianza, que mejoran… y los demás, que esperan.
Aquí aparece la gran contradicción.
Durante la campaña se habló de transformar Salto, de una nueva forma de gobernar, de prioridades distintas.
Pero cuando llegan los números, lo que se transforma con mayor rapidez no es la realidad del departamento, sino los ingresos de unos pocos cargos de confianza. Entonces la frase del Intendente cobra un sentido inesperado.
Porque tal vez hoy diga gobernar con escarbadientes… pero todo indica que muy pronto algunos estarán sentados a la mesa con cubiertos de plata.
Y la pregunta cae por su propio peso.
¿Cuántas viviendas se podrían construir con 13 millones de dólares?
Aproximadamente 300 viviendas para familias que hoy siguen esperando.
¿Cuántas políticas sociales se podrían financiar para quienes más lo necesitan?
Las preguntas son muchas. Las respuestas, por ahora, brillan por su ausencia.
Lo único claro es que cuando un gobierno empieza a parecerse demasiado a un club de privilegios, la gente termina entendiendo rápido para quién se gobierna realmente. Porque el problema no es gobernar con escarbadientes. El problema es cuando unos pocos se sientan al banquete del poder mientras el pueblo sigue esperando soluciones.
Porque cuando el poder se usa para servirse y no para servir, el cambio prometido termina siendo apenas un cambio… de quién cobra primer








