La viralización de hechos violentos expone a niños y jóvenes a contenidos que afectan su salud mental y exige responsabilidad de familias, instituciones y comunicadores.

La preocupación por la violencia y su impacto en la sociedad, especialmente en niños, adolescentes y jóvenes, vuelve a ponerse sobre la mesa a partir de hechos recientes que circularon masivamente en redes sociales. Videos que muestran situaciones de agresión física, difundidos sin filtros ni resguardos, generaron un fuerte debate público y encendieron señales de alerta sobre la naturalización de la violencia y sus consecuencias en la salud mental. En este contexto, el rol de las familias, las instituciones, los comunicadores y el Estado se vuelve clave para reflexionar, prevenir y actuar de forma responsable.
Desde el Centro Bullying de Salto, su directora, Ingrid Figueroa, decidió alzar la voz mediante un comunicado público, motivado por la viralización de imágenes de extrema violencia ocurridas a la salida de un boliche. La difusión de este tipo de contenidos, accesibles incluso para niños a través de distintas plataformas y servicios de mensajería, pone en evidencia una realidad que no puede ser ignorada: los menores están expuestos a mensajes, imágenes y comentarios que afectan su sensibilidad, sus emociones y su forma de comprender la convivencia social.
En diálogo con este medio, Figueroa profundiza sobre los motivos que llevaron al centro a pronunciarse, el impacto real que estos hechos tienen en la infancia y la juventud, y la necesidad urgente de no normalizar la violencia. Además, destaca la importancia del compromiso colectivo para generar conciencia, regular la difusión de contenidos violentos y promover el diálogo como herramienta fundamental para la vida en sociedad. Una entrevista que invita a pensar, asumir responsabilidades y comprender que la prevención de la violencia es, verdaderamente, un trabajo de todos.
Días pasados el centro emitió un comunicado. ¿De qué se trataba?
“El comunicado que sacamos desde el Centro Bullying fue a raíz de la difusión de los videos que se viralizaron a la salida de un boliche, por los grados de violencia que se observan, no solo de los muchachos sino también de las jóvenes que estaban implicadas. Esto impacta significativamente en la salud mental de los niños, en sus emociones, y contribuye a naturalizar un hecho de violencia. Si bien he leído comentarios que dicen que los niños no tienen que tener Facebook, estos videos están accesibles para descargarlos y replicarlos en otras redes. En lo personal, incluso a mí me llegó la información en una oportunidad a través de WhatsApp.”
El objetivo del centro con este comunicado, ¿cuál sería?
“Primero que nada, desde el rol que estoy cumpliendo, mi prioridad es defender y proteger los derechos de los niños. Esto impacta de forma significativa, porque está comprobado que los niños lo han visto. Es cierto que hay padres que aplican restricciones al acceso de sus hijos a Internet y a distintas plataformas, pero también hay muchos que no. Los niños tienen acceso a WhatsApp, a diferentes grupos y a otras redes, por lo que no es tan real decir que no acceden. No deberían, pero lo hacen.”
¿Cómo se puede terminar con estos hechos de violencia?
“Es un compromiso de todos: de la familia, de las instituciones del Estado, de las instituciones civiles y también de la parte que a mí me corresponde. Desde el centro, además, extendimos el rango de edad de atención hasta los 24 años, por lo que ahora no solo defendemos a los niños, sino también a adolescentes y jóvenes.”
¿Les han llegado consultas de jóvenes por situaciones similares?
“Sí, nos han llegado. El año pasado recibimos consultas desde centros de estudio de jóvenes mayores, y eso fue uno de los motivos por los que decidimos ampliar el rango etario. Los jóvenes también necesitan ser atendidos. Además, hemos recibido consultas vinculadas al acoso laboral. Si bien el centro no trabaja específicamente el acoso laboral, en lo personal cuento con certificación y capacitación tanto en bullying como en mobbing, lo que me permite identificar si una persona realmente está atravesando una situación de acoso en el ámbito laboral. La concientización es clave: hay que trabajar desde la familia, desde los lugares de trabajo, desde las instituciones y desde el sistema de salud.”
“Es un trabajo de todos.”
“No normalizar. Me parece que los salteños hemos perdido un poco la capacidad de sentarnos a dialogar. Uno ve los comentarios en redes sociales y, hablando pronto y criollo, es un ‘calienta cabeza’. Eso afecta: afecta a quien lee y a quien escribe. El que comenta está afectado, y el que lee también. Se nota porque muchas personas necesitan volcar sus sentimientos y desahogarse a través de las redes, y eso ya es un indicador de que algo está pasando.
La viralización de hechos de violencia se puede regular desde las instituciones que tienen esa posibilidad. Yo vi hace uno o dos días un posteo que fue bajado automáticamente porque comprometía a una institución de Salto. Eso demuestra que se puede limitar o retirar contenido. Cuando éramos niños —y hay medios de comunicación que ya lo hacen, sobre todo en Montevideo— se difuminaban las imágenes para informar sin exponer. Acá no siempre sucede. Si bien el material fue subido inicialmente por personas civiles, luego hubo medios que lo replicaron. Por eso creo que también es un trabajo de ustedes, los comunicadores, filtrar la información y evitar que la gente caiga en ese ‘calienta cabeza’, porque la calidad de lo que se consume también afecta.
Yo incluso estoy gestionando una reunión con la gente de APC para trabajar este tema, para ver cómo, desde el rol de los comunicadores, se puede minimizar el impacto en la sociedad, porque esto está afectando a todos. A las familias de los jóvenes implicados, a las propias muchachas. Tal vez fue un momento de bronca —eso nos puede pasar a cualquiera—, pero después viene el impacto de verse expuestos de esa manera, en ese lugar, con comentarios de adultos que son una barbaridad.
Desde el centro está comprobado que los niños tienen acceso a redes sociales como Facebook o TikTok. Sabemos que no deberían, pero lo tienen. Y si no, lo ven por WhatsApp, porque los videos se descargan de una red y se replican en otra. Hay instituciones que deben comprometerse a no fomentar ni naturalizar la violencia, porque eso es lo que estamos haciendo: naturalizando. Los niños están viendo que salir a la calle y agarrarse a golpes de puño es normal, porque está en todas las redes.
El compromiso es de la familia, de las instituciones, de los comunicadores, de la Policía y también de los dueños de los boliches. Aunque este hecho ocurrió fuera de un local, fue en la vía pública y existe un perímetro. Hay que estar atentos a miles de jóvenes que se reúnen cada fin de semana. Esto pasó acá, pero también ha ocurrido en la zona Este de Salto, con hechos muy violentos que no siempre se difunden para proteger a otros jóvenes que solo salen a divertirse y terminan recibiendo un botellazo.
Hay que analizar todo y sentarse a conversar entre las distintas instituciones que deben regular estas situaciones. Desde mi rol como directora del Centro Bullying, y en defensa de los derechos de los niños, esto impacta directamente en su sensibilidad, y por eso consideré necesario emitir el comunicado. Si como referente no doy el ejemplo, se naturaliza que cualquier cosa está bien. Vivir en sociedad implica seguridad, pero también compromiso ciudadano. Creo que ese es el camino.”





