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La pandemia que podemos evitar

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Es una pandemia evitable con solo un medicamento: prudencia y respeto a las normas. Desde luego que nos estamos refiriendo a los “siniestros” de tránsito, es decir a todos los que se registran por error humano, descuido o lo que es más frecuente aún, imprudencia e irresponsabilidad, o falta de control.
En el Uruguay el tránsito y los denominados “accidentes”, que de tales nada tienen, constituyen la principal causa de muerte de jóvenes, con toda la expectativa de vida por delante.
Es más, muchas veces no son los imprudentes o los irresponsables los que resultan muertos o quienes quedan postrados o atrofiados para el resto de sus días.
Más diríamos la responsabilidad en estos casos es compartida, entre quienes causan los siniestros y los responsables de controlar o fiscalizar el cumplimiento de las normas. Es obvio que no se puede “plantar” un inspector o un policía de tránsito al lado de cada conductor, pero hay infracciones y violaciones que son visibles a simple vista.
Es en estas circunstancias en que entendemos que la principal causa es evitable. Si quienes tienen por cometido controlar y fiscalizar el cumplimiento de las normas que rigen el tránsito, cumplen con su cometido, quizás no se hubiera tenido que lamentar las consecuencias, a veces irreversibles.
Días atrás asistimos a episodios dolorosos como pocos. Un taxista que por desviar un perro suelto, atropelló a dos niños, hermanos que caminaban por la banquina, hacia la parada de un ómnibus. Vale decir que iban por el lugar que les correspondía. Un taxista los atropelló y mató a uno de ellos.
El taxista, chocó, volcó y resultó gravemente herido, al punto que al momento de escribir estas líneas se hallaba internado y peleando por su vida.
Es de las cosas que no entenderemos jamás y conste que somos grandes defensores de los animales, pero más lo somos y en forma innegociable de los niños. A la hora de buscar y hallar responsabilidades puede que sea fácil, pero la vida de esa niña no la devuelve nadie.
El dolor de esos padres, seguramente no se remediará jamás. Y el dolor del conductor y su familia será muy grande. ¿Se pudo evitar? Seguramente.
A esto vamos, “alguien” cometió alguna infracción, ¿el dueño del animal?, la velocidad de circulación, el lugar. La sociedad en su conjunto que ha aceptado como “normales” estos hechos.
No somos nosotros los encargados de dirimir las responsabilidades, pero mientras el tránsito sea desordenado y caótico, es que se puede esperar, no nos sorprendamos…
A.R.D.

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