En nuestro país, después de 1945, los ministros de economía han estado en permanente lucha contra la inflación. La “adicción” a la emisión monetaria, (luego que se abandonó el “patrón Oro” en 1931), cuando en 1935 se hizo el famoso “revalúo” del oro de César Charlone, (apodado “Fumanchú” en referencia al famoso mago chino del cine de la época), durante el gobierno de Gabriel Terra, se hizo constante.
La emisión monetaria, habilitada sobre el valor de las reservas revaluadas y su aplicación al crédito y la obra pública, (entre otras la Represa de Rincón del Bonete), permitieron al país salir de la gran Depresión, que, sumada a la demanda acrecentada por la guerra, a partir de 1941, nos volvieron a la ilusión del “Uruguay Feliz”.
El “revalúo del oro”, era “solución de única vez”, pero el mecanismo de la emisión monetaria, liberada del freno del respaldo en oro, se fue haciendo cada vez más frecuente, y la inflación, al principio encubierta, se fue volviendo evidente cuando la pérdida de valor del dinero, y la consiguiente la carestía, se reflejó en los salarios, en el creciente desequilibrio entre la exportación y la importación, (crisis de la balanza comercial); entonces se aplicaron todas las “recetas” anti inflacionarias, (¿recuerdan la COPRIN?) que fracasaban inexorablemente, por el creciente déficit del gasto público financiado con emisión.
El Dr. Ramón Díaz fue quien señaló la correlación entre excesos de gasto en el año electoral y la necesidad de una corrección inflacionaria a partir del año siguiente, que se cumplió casi puntualmente en los últimos 67 años, luego de la devaluación del 167% de la reforma Cambiaria y Monetaria de Azini y el FMI.
Pero luego de un período en que utilizando herramientas financieras (deuda a corto plazo), como las Letras de Regulación Monetaria del BCU, para controlar la liquidez del mercado, la inflación se fue alineando con cifras del debajo del 10%.
Ahora, repentinamente, la inflación se insubordinó, y “cayó” a un inesperado 3,4%; para completar el dólar, afectado por las aventuras diplomático-bélico-arancelarias de Donald Trump, agarró una tendencia bajista que está causando estragos en exportadores, la construcción, los negocios inmobiliarios y vendedores de bienes teóricamente “no transables”, que vía TEMU han ingresado al mercado interno en forma imparable.
No se puede soslayar que la uruguaya, luego de las confiscaciones sucesivas de devaluaciones e inflación crónica ha sido, en los últimos 50 años, una economía bi-monetaria indexada; los pesos para el almacén, la panadería y el verdulero, pero los ahorros, los autos, los inmuebles y hasta los electrodomésticos se compran y pagan en dólares.
Este nuevo escenario, inflación en caída, devaluación del dólar, significa un cambio abrupto, y la necesidad de nuevas políticas monetarias y cambiarias, que apenas se han comenzado a esbozar. La dupla Oddone-Tolosa desde el Ministerio de Economía y Fianzas y el Banco Central, serán puestos a prueba en los próximos meses y años.




