Ayer en estas columnas nos ocupábamos de los funcionarios públicos. Algo tan común y una aspiración diríamos en la mayoría de los uruguayos, máxime en aquellos departamentos o lugares donde no hoy otra cosa para hacer y que rinda mas.
Justo ese día tuvimos que realizar una gestión una dependencia pública (BPS) y a la hora que concurrimos tuvimos que hacer una hora de “cola” religiosamente junto a otras 20 personas que esperaban a que se las atendiera.
La enorme mayoría de ellas de edad avanzada, algunas con evidentes dolencias. Pero lo que nos mueve a estas líneas, es que del otro lado del mostrador hay no menos de cuatro escritorios (de los 20 y tantos enumerados), de los cuales sólo un estaba atendiendo a las personas y lógicamente llevaba varios minutos con cada una.
No sabemos a qué responde. Si hay falta de personal o si estaban en la hora descanso (una conquista gremial que no cuestionamos), pero a lo que vamos es que es inevitable que las personas que esperan con frío o llovizna incluso, piensan “para que tantos escritorios si luego no más de uno o dos funcionarios son los que atienden”.
No pretendemos que estos funcionarios “corran” o cumplan las funciones por varios de ellos, Nos limitamos a señalar las deficiencias del sistema. Recordamos que antes había no más de dos funcionarios para esta función y nos animamos a decir que por lo menos se atendía a tantas o más personas que las que se atienden hoy y con la igual o mejor celeridad.
Los escritorios no sirven cuando está vacios, cuando no hay funcionarios o estos están en otras funciones. Por eso expresamos un aspecto más que también incide en la situación que ayer planteábamos. No se trata sólo de temer las personas idóneas para el puesto, sino en tenerlas en número suficiente, porque volvemos a plantear lo mismo: lo malo no es que se aspire a tener un puesto público, sino al concepto que se tiene del mismo.
El funcionario público debería priorizar siempre a las personas, al cliente o al consumidor, más allá de la forma en que haya llegado al puesto que ocupa, porque es la mejor forma de que nada se le recrimine
Debería saber que el pueblo, o la población es la que paga su sueldo, mediante los impuestos o gravámenes que debe pagar. Mientras esto no se entienda así, de nada vale quejarnos.
A.R.D.
