La cuota de género en la política: entre la norma y la realidad

Columnas De Opinión

En el marco del 8 de marzo, se reflexiona sobre la cuota de género en Uruguay y si su aplicación garantiza una participación política real de las mujeres o solo cumple una formalidad electoral.

FLORENCIA RIVAS

Dra. Florencia Rivas


Edila Departamental
Bancada CORE

Como mujer que participa en la vida política de nuestro departamento, surge inevitablemente una pregunta:

¿La cuota de género es un instrumento efectivo o ha terminado siendo una formalidad que no siempre se traduce en verdadera participación?

En Uruguay, la Ley Nº18.476 y sus modificativas establecieron la denominada cuota de género, con el objetivo de asegurar la inclusión de mujeres en la conformación de las listas electorales. La norma buscó corregir una desigualdad histórica y abrir espacios para que la voz femenina estuviera presente en la toma de decisiones políticas.

En el mes de marzo, cuando conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, resulta particularmente oportuno reflexionar sobre este tema.

Es justo reconocer que los partidos políticos han ido cumplido con lo que establece la ley. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos hoy es otra:

¿esa presencia en las listas se traduce realmente en participación efectiva dentro del sistema político?

La experiencia muestra que aún existen desafíos. La presencia de mujeres en la política uruguaya ha avanzado, pero lo ha hecho de forma moderada, y todavía persisten obstáculos culturales, institucionales y políticos que dificultan una participación plenamente equitativa.

Cuando observamos el escenario nacional y departamental, advertimos que la figura de la mujer política todavía busca consolidar un espacio que refleje verdaderamente el esfuerzo, la perseverancia y la constancia que históricamente han caracterizado la lucha femenina por la igualdad.

No se trata solamente de ocupar un lugar en una lista electoral.

Se trata de tener oportunidades reales de incidir, proponer, decidir y liderar.

La historia del movimiento por los derechos de la mujer nos recuerda que la igualdad nunca fue un regalo, sino el resultado de una lucha sostenida. Desde aquel primer 8 de marzo en que mujeres se rebelaron contra un sistema que las relegaba, hasta el Uruguay de hoy, el objetivo ha sido siempre el mismo: alcanzar una condición de verdadera igualdad.

Nuestra Constitución, en su artículo 8, establece que todas las personas somos iguales ante la ley, sin distinción de sexo o condición. Sin embargo, la práctica política demuestra que todavía hay camino por recorrer para que ese principio se exprese plenamente en la vida pública.

Al mismo tiempo, sería injusto no reconocer que muchas mujeres que han ingresado a la actividad política en estos años han demostrado una enorme capacidad de trabajo, compromiso y responsabilidad pública. Su presencia ha enriquecido el debate democrático, ha aportado nuevas miradas y ha contribuido a ampliar la agenda de temas relevantes para la sociedad.

Por eso, hablar de participación femenina en política no debe ser solamente un ejercicio de crítica sobre lo que falta.

También debe ser un reconocimiento del valor que aporta la mujer cuando accede a espacios de decisión.

La política necesita más diversidad de miradas, más sensibilidad social y más capacidad de diálogo. Y en ese sentido, la presencia de mujeres en la política no es solo una cuestión de justicia o de igualdad: es también un beneficio para la calidad de la democracia.

Por eso, el desafío que tenemos por delante es doble.

Por un lado, seguir evaluando y perfeccionando los mecanismos que promueven la participación femenina, para que no se queden únicamente en una formalidad electoral.

Por otro, incentivar a más mujeres a participar activamente en la vida política, sabiendo que su aporte es necesario y valioso para construir una sociedad más justa e inclusiva.

La igualdad real no se logra únicamente con leyes.

Se logra cuando la participación se vuelve cotidiana, visible y reconocida.

Y ese es el camino que, como sociedad, todavía estamos recorriendo.

Desde mi lugar, quiero alentar a todas las mujeres a seguir participando, a involucrarse, a aportar sus ideas y su trabajo al servicio de la comunidad.

Porque una democracia más fuerte también se construye cuando la voz de las mujeres se escucha con la misma fuerza y legitimidad que la de los hombres.

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