
El rival de Salto tiene a un desgarrado, pero otro lesionado puede ser titular
La atmósfera del fútbol del Interior se espesa cuando las definiciones asoman en el horizonte. Al fin de cuentas, siempre ha sido así. El Parque Liebig’s se prepara para ser el escenario de una batalla táctica y emocional, donde el «albicelete» busca recomponer su estructura tras el impacto sufrido en suelo salteño. La selección que tiene entres sus filas a un líder natural como Jean Michel Palacio (foto), bien que sabe lo que está en juego.
La sanidad rionegrense trabaja a contrarreloj, y los diagnósticos marcarán el diseño del equipo:
– Bruno Silva: Es la preocupación principal. Un desgarro no solo es una baja física, sino que restaría una pieza de equilibrio en el funcionamiento que pretende Ricardo Olivera. Su ausencia obligaría a un replanteo en la zona de gestación o contención.
– Bryan Osores: El panorama con el delantero es paradójico. Si bien una luxación de codo suena de gravedad, en términos de competencia —y dependiendo de la estabilidad de la articulación— suele permitir la infiltración o el uso de protección rígida, lo que le daría luz verde para estar presente en la revancha. Es cosa concreta que a nivel de medios de prensa de Fray Bentos a la hora de la información, no se descarta a Osores, lesionado en el juego del Dickinson.
EL DÍA «D»
Mañana será el día en que Olivera «plante» el once inicial. No será una práctica más; será el momento de calibrar la respuesta anímica tras la derrota en el Dickinson. Se espera que el DT priorice la intensidad para intentar revertir la serie ante un Salto que llega con el viento a favor del resultado previo.
Por lo demás, el fútbol de tierra adentro demuestra su vigencia con una movilización masiva, frente a algunos partidos en especial. No cabe duda que este Río Negro y Salto que se viene, simplemente lo es.
– Locales: Se prevé un Liebig’s a pleno, con la hinchada fraybentina ejerciendo la presión lógica de quien se sabe fuerte en su casa. No se descarta un lleno total.
– Visitantes: Desde Salto, el entusiasmo no decae. El flujo de excursiones ya confirmadas garantiza que la selección no estará sola, trasladando a hinchas dispuestos a defender la ventaja obtenida. Pero además con una suma que no es menor a la hora de la atracción puntual: una visita a el balneario «Las Cañas».
La moneda está en el aire, y el jueves será determinante para saber con qué armas contará Río Negro para intentar la épica. Es el rival en el horizonte de Salto. Un rival demasiado especial.
Ever Hugo Almeida «El guardián de la historia que nació en Salto»

Hay hombres que no solo juegan al fútbol; hay hombres que lo colonizan, que lo habitan hasta volverse parte del paisaje. Si Salto es cuna de goleadores mundiales, también es la raíz de un arquero que se hizo estatua en tierra paraguaya. Ever Hugo Almeida no es solo un nombre en las planillas de la CONMEBOL; es el eco de una trayectoria que comenzó a orillas del Uruguay y terminó besando el cielo de Asunción.
EL VUELO DESDE EL LITORAL
Nacido en julio de 1948, Almeida llevó consigo la impronta del futbolista de nuestro norte: la resiliencia y el carácter. Aunque su destino final sería la gloria con la franja negra sobre el pecho, su esencia se forjó aquí. En 1972 emprendió el viaje hacia Paraguay. Tras un breve paso por Guaraní, en 1973 el Club Olimpia se convirtió en su templo, y él, en su sumo sacerdote bajo los tres palos.
LA CIFRA DE LO IMPOSIBLE
Hablar de Almeida es desafiar a la aritmética. No son solo los 578 partidos defendiendo el arco decano o sus 113 batallas en Copa Libertadores —un récord que parece blindado contra el tiempo—. Es la mística de un hombre que estuvo presente cuando Olimpia conquistó el mundo.
– El dominio local: Fue el pilar del histórico hexacampeonato (1978-1983), una dictadura deportiva de talento y mando.
– La Conquista de América: Dos Copas Libertadores (1979 y 1990) que lo elevan al altar de los elegidos.
– El mundo a sus pies: La Intercontinental de 1979 ante el Malmö sueco, donde sus manos fueron el cerrojo de un continente. Para que las nuevas generaciones lo sepan, más allá del fútbol, «El Éver» fue jugador de básquetbol en Salto Uruguay. A la hora de la pelota en los pies y volando también , su primer equipo no otro que Dublín Central. Allá nomás, por la década de los 60. Almeida. El guardián de la historia. Lo fue.
El regreso del patriarca

Su retiro en 1991 no fue un adiós, sino una metamorfosis. Como entrenador, Almeida demostró que su liderazgo no dependía de los guantes. Su regreso en agosto de 2025, a los 77 años, fue un acto de amor puro hacia el Decano. Tomar el mando en un momento de transición y dirigir hasta el cierre del Clausura 2025 no fue solo una decisión técnica; fue el patriarca volviendo a casa para ordenar el destino de su familia futbolística.
Ever Hugo Almeida representa esa raza de salteños que, cuando se van, no lo hacen del todo. Se llevó la sobriedad del arquero clásico y la transformó en la épica del «Superolimpista».
«Un arco no son solo tres palos; es el honor de una nación que te adoptó como hijo, sabiendo que en tus venas siempre correría la sangre guerrera de tu Salto natal.»
Hoy, con 16 títulos oficiales a sus espaldas, Almeida es la prueba viviente de que la gloria no es una casualidad, sino la recompensa para quien decide ser leal a una camiseta y a una historia. Un salteño que no solo triunfó, sino que se convirtió en el estándar con el que se medirá la grandeza en Paraguay por los siglos de los siglos.
Ese último adiós…

«Con profundo dolor despedimos a un gran hincha, colaborador incansable y ex presidente, quien dedicó gran parte de su vida a ver crecer a esta institución que tanto amaba. Su compromiso, pasión y amor por estos colores dejaron una huella imborrable en cada rincón del club.
Acompañamos a su familia y seres queridos en este difícil momento, enviándoles nuestras más sinceras condolencias.
Su legado vivirá por siempre en la memoria de todos los hinchas. Nunca te vamos a olvidar.
Hasta siempre. Dr. Luis Pozzi»
El fallecimiento del expresidente, caló hondo en Salto Nuevo. Sucede que el Dr Pozzi fue un servidor de la causa….desde siempre. En la memoria del Salto Nuevo club y del barrio todo, no se
dejará de rescatar al inolvidable conductor. Generosa y humanamente….¡lo fue!





