“Soy como Julio Sosa, cuando hay una milonga no puedo estar sin ir”
Con una trayectoria de más de cincuenta años con la música en su vida, decidió cerrar una nueva etapa, dejando el canto del tango y dedicarse a su danza. Grabó cinco CD con el cuarteto “Tango Nuestro”. Juan Nilo Núñez se ha constituido por mérito propio en un exponente de nuestra cultura salteña y rioplatense, con premios y reconocimientos nacionales e internacionales.

1. ¿De dónde viene su vocación por la música?
– Creo que viene desde los genes de mi madre que ella cantaba, y mi padre tenía una muy buena colección de tangos. De todas maneras, no me inicié en el tango. A los nueve años de edad despertó en mí esa pasión, y mi hermana mayor que era profesora de piano, tocaba, yo la veía, me sentaba en el piano y también tocaba, y ella me preguntó si yo sabía lo que estaba haciendo, “no, el oído me lleva”. Entonces me dijo que yo cantara cuando ella tocara ciertas notas, y yo cantaba. Estudié música, pero siempre la jugué de oreja.
2. Y de chiquito, ¿qué cantaba?
– Siempre me gustó la música romántica, y como tenía un buen oído, salía cantando una canción y otra, a veces agarraba un peine con un papel y tocaba mientras mi hermana me acompañaba. Mi pasión en la música comenzó por el teclado, pero como los teclados portátiles eran muy caros no pude seguir. Pero me trajeron una batería para reparar, la arreglé porque siempre fui mecánico automotriz, que fue el oficio que mantuve toda la vida. Ahí empezó mi pasión por la batería y la percusión, tanto así que fui alumno de conservatorio y mi profesor fue el maestro Bautista Peruchena. Luego estuve en cantidad de orquestas como baterista, puedo contar diez, algunas las fundé. Me fui a Argentina y en 2005 me junté con Lidio Ángel Dacol y le comenté de la posibilidad de armar un cuarteto de tango, ahí nació “Tango Nuestro”.
3. ¿Quiénes más integraron ese cuarteto?
– Antes de armar este grupo estuvieron varios músicos, como Diloires Da Costa Leites, volaba en bandoneón, luego falleció e ingresó César Borghetti. Luego tuvimos otro guitarrista que fue Jorge Rodríguez que lamentablemente falleció por culpa del COVID, excelente amigo, talentoso músico. Y la integración que tuvimos mejor con la que pudimos viajar varias veces en todo el país y el exterior fue la que integraba Jorge Rodríguez, César Borghetti en bandoneón y Enrique Pucholo en bajo. Con esa integración grabamos nuestro quinto CD que fue “Vivencias”, que para mí es el de más calidad interpretativa.
4. ¿Cómo fue ingresar al mercado musical de Montevideo?
– Aunque te parezca mentira, nos costó ingresar a los festivales de Montevideo, y cuando nos escuchaban nos preguntaban de dónde veníamos, “¿de qué parte de Buenos Aires son?” (risas).
5. ¿Por qué cuesta tanto Montevideo?
– Para mí sigue siendo esa frontera del río Negro para allá o para acá, se valoriza mucho lo de allá, y lo de acá, si no conocen tu trabajo, no te valoran. Aunque el Ministerio de Cultura nos apoyó, porque logramos ingresar a la lista de artistas del MEC y ganamos el premio FONAM (Fondo Nacional de la Música) a la música rioplatense en las escuelas, también ganamos el Premio Nacional de Cultura y estábamos nominados por un premio internacional, pero pasó esto de la pandemia y nos quedamos trancados.
6. ¿Puede ser que el tango esté siendo relegado de actividades y espectáculos musicales?
– Lo está. Ahora que fue el Día del Patrimonio no hubo música patrimonial en ningún lugar, excepto en Montevideo, Buenos Aires. Acá en Salto hay grupos que no hacen solamente tango. Hacen otra música también. Nosotros hacíamos exclusivamente tango, vals y milonga, la música rioplatense.
7. Luego de casi 19 años de Tango Nuestro, que decidió jubilarse, ¿qué le dejó el cuarteto?
– Muchas satisfacciones. Por ejemplo, estábamos en Lima (Perú) tocando en un teatro y vino un peruano que me dijo “los felicito uruguayo, nunca pagué tan poco por algo tan bueno”, y esas cosas te gratifican. Además, he recibido muchos premios a nivel personal en Argentina, uno de Fox Music a la música latina, que son cosas que te empujan a seguir, aparte de un gran compañerismo que teníamos con los músicos. Teníamos temas que tocábamos que recuerdo que Jorge me decía que “esto es finoli finoli” (risas), y llegaban a ser tres voces con los instrumentos. Todo lo que hicimos fue más porque nos gustaba lo que hacíamos que por la parte lucrativa.
8. ¿Es cierto que también incursionó en el candombe?
– Salí de la batería a cantar tango, nadie entendió por qué era eso, pero bueno, salí, era algo que tenía que hacer, como también tocar un año el candombe. Compré el tamboril y toqué con Legado Candombero junto a Cándida Medina y el Peti Correa, y siento que me saqué un gusto. Yo soy así, como buen ariano, igual derribo un muro para conseguir lo que quiero.
9. El otro día me dijo que se jubilaba del canto pero no de la música, ¿cómo es eso?
– Dejé el grupo y el canto, me retiré, pero hace diez años que bailo tango, vals y milonga, que es la música patrimonial. Tuve varios profesores, empecé con la argentina Ivana Piñol, y después seguí con Angelina Díaz, con Marcela Cavallo y Luis Miguel Curbelo con quien estoy actualmente y con quien más tiempo he permanecido, donde tenemos un grupo hermoso de compañeras que bailo sin parar, porque siempre hay pocos hombres y muchas mujeres, “no te sientes que me toca a mí” (risas). Le mando un beso a todas que son excelentes compañeras, y bueno, soy como Julio Sosa, cuando hay una milonga no puedo estar sin ir. Me encanta bailar, si escucho un tango si no me atan con cadenas sigo saliendo (risas).
10. Al final de cuentas, ¿más de 50 años en la música?
– Y si, no sé si vos eras nacido, pero arranqué tocando con los Rítmicos, después seguí con Melody, fundé Avanzada, luego seguí en grupo Azul, Los Lirios y después formé mi propia orquesta que se llamó Industria Uruguaya en el año 90, ahí terminé la etapa de las orquestas, eso era todo música tropical, siempre vocalizando haciendo coros hasta que, como dijo el Polaco, el tango me atrapó.
