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miércoles, enero 28, 2026

IRPF: el ajuste silencioso que hace pagar más a los trabajadores

El cambio en el ajuste de la BPC hace que más trabajadores entren al IRPF o paguen más, sin subir tasas ni crear nuevos impuestos.

Desde que se creó el impuesto a la renta en Uruguay, su diseño y funcionamiento han ido cambiando de acuerdo con la mirada política de cada gobierno y, sobre todo, con las necesidades de recaudación del Estado. Sin embargo, en muy pocas oportunidades el foco estuvo puesto en el verdadero sujeto de ese impuesto: el trabajador. Esa falta de mirada se nota claramente cuando se analizan las deducciones permitidas, que son escasas, limitadas y poco representativas de los gastos reales que enfrenta una familia promedio.

En los hechos, el llamado Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) funciona más como un impuesto a los ingresos brutos que como un verdadero impuesto a la renta. No se consideran adecuadamente situaciones concretas que generan grandes diferencias entre personas que, sobre el papel, ganan lo mismo. Un ejemplo claro es la desigualdad entre quienes viven en Montevideo y quienes residen en el interior del país. Dos familias con idénticos ingresos pagan el mismo impuesto, aun cuando la familia del interior deba afrontar costos mucho más altos para sostener a sus hijos estudiando en la capital, como alquiler, alimentación y transporte. Esa realidad no es contemplada por el sistema.

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El IRPF, al igual que el Impuesto de Asistencia a la Seguridad Social (IASS), se organiza a partir de un mínimo no imponible y de distintas franjas de tributación. Si una persona gana menos que ese mínimo, no paga el impuesto; a medida que el ingreso aumenta, se pasa a franjas donde el porcentaje a pagar es mayor. Tanto el mínimo no imponible como las franjas se ajustan utilizando un indicador llamado Base de Prestaciones y Contribuciones (BPC). Aquí es donde aparece el punto central de la discusión.

La BPC puede ajustarse de distintas formas. Puede crecer según la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumo (IPC), o puede hacerlo siguiendo la evolución de los salarios, medida por el Índice Medio de Salarios (IMS). La diferencia entre uno u otro criterio no es técnica ni menor: tiene un impacto directo en el bolsillo de los trabajadores.

Cuando la BPC sube menos que los sueldos, ocurre un fenómeno conocido pero poco visible: personas que antes no pagaban el impuesto comienzan a hacerlo, y otras que ya estaban alcanzadas pasan a franjas más altas, pagando más. Todo esto puede suceder aun cuando el salario real no haya mejorado de forma significativa. Es un aumento de la recaudación que no surge de subir impuestos, sino de cambiar la forma de actualizar los valores.

En el período más reciente, el gobierno decidió ajustar la BPC únicamente por inflación. El problema aparece cuando los salarios crecen por encima de esa inflación, como ha ocurrido en determinados momentos. En ese contexto, el mínimo no imponible queda “atrasado” respecto a los sueldos. El resultado es claro: más trabajadores superan ese mínimo y entran al IRPF o al IASS, y otros cambian de franja y terminan aportando más.

El gobierno anterior, en cambio, había optado por ajustar la BPC de acuerdo con el Índice Medio de Salarios. Esto implicaba que, si los sueldos subían, el mínimo y las franjas subían en la misma proporción. En términos generales, eso evitaba que más personas quedaran atrapadas dentro del impuesto solo por el paso del tiempo. En el peor de los casos, el efecto era neutro: no aumentaba la cantidad de contribuyentes ni la carga relativa sobre quienes ya pagaban.

Por eso, afirmar que ese mecanismo generó un aumento de la recaudación no resiste un análisis serio. De hecho, durante ese período se escucharon críticas políticas que iban en sentido contrario a la realidad de los números. El verdadero efecto recaudatorio aparece cuando se desacopla la evolución de la BPC del crecimiento de los salarios.

Este tipo de medidas suelen pasar desapercibidas porque no implican anuncios rimbombantes ni subas explícitas de impuestos. No se crea un nuevo tributo ni se aumentan las tasas. Sin embargo, el impacto es concreto y directo. Lo mismo ocurre con otros ajustes silenciosos, como los vinculados al FONASA o al precio de los combustibles.

Al final del día, el trabajador suele enterarse cuando mira el recibo de sueldo y descubre un descuento nuevo o mayor. Y ahí queda en evidencia que, más allá de los discursos, los cambios técnicos también son decisiones políticas que afectan de forma real el ingreso de miles de personas.

Explicación para humanos… IRPF ¿Qué cambió y cómo te afectará?


Primero, lo básico

El IRPF y el IASS son impuestos que se cobran sobre lo que gana una persona.
En teoría, el IRPF debería ser un impuesto “a la renta”, pero en la práctica funciona más como un impuesto a lo que entra, porque casi no permite descontar gastos reales de la vida cotidiana.


El problema de fondo

El sistema no tiene en cuenta muchas situaciones reales.
Por ejemplo:

  • Dos familias ganan lo mismo.
  • Una vive en Montevideo.
  • La otra vive en el interior y tiene que mandar a sus hijos a estudiar a Montevideo.

Aunque la segunda gasta mucho más (alquiler, comida, transporte), paga el mismo impuesto. Eso hace que el sistema sea poco justo.


¿Cómo decide el Estado quién paga y cuánto?

Hay dos cosas importantes:

  1. Un mínimo no imponible:
    Si ganás menos de ese monto, no pagás el impuesto.
  2. Franjas:
    A medida que ganás más, vas pagando un porcentaje mayor.

Tanto el mínimo como las franjas se ajustan usando un número llamado BPC.


Acá está la clave de todo

La BPC puede subir de distintas maneras:

  • siguiendo la inflación (lo que suben los precios), o
  • siguiendo los salarios (lo que suben los sueldos).

¿Qué pasa si la BPC sube menos que los sueldos?

Pasa esto:

  • gente que antes no pagaba, empieza a pagar;
  • gente que pagaba poco, pasa a pagar más.

👉 Sin que le aumenten el sueldo “real”, el impuesto le come más plata.


Qué hizo el gobierno actual

El gobierno actual decidió subir la BPC solo por inflación.

Pero en los últimos tiempos:

  • los sueldos subieron más que la inflación.

Resultado:

  • más trabajadores superan el mínimo y entran al impuesto;
  • otros cambian de franja y pagan más.

O sea: más recaudación, pero sacada de forma silenciosa.


Qué hacía el gobierno anterior

El gobierno anterior ajustaba la BPC al mismo ritmo que los sueldos.

Eso lograba que:

  • si tu sueldo subía, el mínimo también subía;
  • no entrara más gente al impuesto “por arrastre”;
  • en el peor de los casos, el efecto fuera neutro.

Por eso, decir que ese sistema aumentó la recaudación no es correcto.


¿Por qué estas cosas pasan sin que muchos se den cuenta?

Porque:

  • no se crea un impuesto nuevo,
  • no se suben las tasas,
  • solo se cambia la forma de ajustar un número.

Pero el resultado es claro:
más gente pagando y pagando más.

Lo mismo pasa con otros ajustes “chicos” como FONASA o combustibles.


En resumen, bien cortito

  • El impuesto no es tan justo como parece.
  • El cambio en la BPC hace que más gente pague IRPF o IASS.
  • Muchos lo van a notar recién cuando miren el recibo de sueldo.
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