Del homenaje general a las mujeres en su Día, esta página dedicada a la cultura, saluda a las artistas salteñas de todos los tiempos, y a través de los nombres de algunas de ellas, las celebramos a TODAS.

Anaranza, la décima musa, un homenaje a las mujeres de la cultura salteña
De pronto entré en una dimensión curiosamente familiar. No era ayer ni mañana. Era un presente suspendido, liberado de relojes implacables, de las veinticuatro horas que aprietan la vida en el corsé del tiempo y el espacio.
Era un hoy distinto, un plano donde respiran las historias y donde la memoria se vuelve paisaje.
El lugar estaba perfumado y luminoso. Había allí una estética delicada, casi ceremonial, con ese toque femenino inconfundible que atraviesa la creación artística. Era un jardín habitado por las presencias invisibles de tantas mujeres que sostienen, desde hace décadas, los pilares de nuestra cultura.
ENTONCES LAS VI
Majestuosa, vigilante, como una guardiana antigua. Minerva para los romanos, Atenea para los griegos, símbolo eterno de la sabiduría. Un poco más allá parecían pacer, serenas, las nueve musas de las artes, cada una con su dominio y su misterio.
Ellas —dice la mitología— conceden a los artistas la memoria, la creatividad y la persuasión necesarias para levantar obras que sobreviven al tiempo.
Estaba embelesado contemplando ese cuadro imposible cuando una figura femenina se detuvo a mi lado. Parecía escapada de una pintura clásica, o quizá de un poema todavía no escrito. Su presencia deslumbraba.
—Soy Anaranza —me dijo—, la décima musa. Hoy voy a guiarte en nuestro día.
Y me tomó de la mano.
EL JARDÍN DEL 8 DE MARZO

Guiado por Anaranza, comencé a recorrer un jardín simbólico. Era el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, y aquel lugar parecía un santuario donde florecían las creadoras de Salto.
Allí estaban algunas que siguen dando vida a la cultura y otras que ya partieron, pero cuya huella permanece intacta.
Aparecieron nombres que son parte esencial de la memoria cultural salteña:
Lacy Duarte, con su universo de texturas rurales;
Marosa di Giorgio, inventora de jardines verbales donde las frutas y los sueños hablan; Felisa Lisasola, guardiana silenciosa del saber; y Nydia Arenas, que aunque no nació en la ciudad, dejó en ella buena parte de su vida.
Mientras caminábamos, le pregunté a la musa:
—¿Qué significa tu nombre?
Anaranza sonrió, como si guardara un secreto antiguo.
—Mi nombre nace de tres raíces de tu tierra —explicó—.
Ana, por la sencillez y la fuerza de la mujer rioplatense.
Naranja, por el fuego de los cítricos de Salto, por el color de la energía creadora bajo el sol del Uruguay.
Añoranza, porque la cultura también se alimenta de memoria y de las voces que ya no están.
—Por eso —agregó— soy una musa con pies de barro, como los tapices de Lacy, y palabras de mariposa, como los versos de Marosa.
EL CANTO DE LAS CREADORAS
Entre los árboles de azahar comenzaron a aparecer otras voces de la cultura local. Cada una aportaba su color a ese mapa artístico que define la identidad de la ciudad. En la música coral emergía la figura de Amalia Zaldúa, mientras el cine encontraba su mirada en Alicia Cano Menoni. La poesía respiraba en los versos de Martha Peralta, y el folclore encontraba raíz en la voz de Gladys Monetta, “La Salteñita”.
La escena artística continuaba ampliándose con nuevas presencias: Lina Méndez, cuya voz atraviesa generaciones; las coreografías de Yiya, Roxana (López) y Cecilia (Lanzieri), que dibujan en el aire el lenguaje del cuerpo. Liliana Forti, a puro piano en la tarde…
Anaranza caminaba entre ellas como una tejedora invisible, uniendo disciplinas que van desde la pintura hasta la música, desde el cine hasta la danza.
PERO EL JARDÍN TODAVÍA TENÍA MÁS SENDEROS
Aparecían también Ofelia Piegas, guardiana de la memoria histórica; Inés Bortagaray, que transforma la vida cotidiana en literatura y cine; artistas visuales como Karina Carrara y Dita Carbone, que encuentran en el color un idioma propio. Las voces musicales seguían elevándose con Male Borba, mientras Pamela Cattani aportaba la potencia contemporánea del rock y la energía escénica de “La Tabaré”. Cada nombre parecía una estrella distinta en la constelación cultural de Salto.
LA REFLEXIÓN DE LA DÉCIMA MUSA
Cuando el recorrido terminó, Anaranza levantó una copa imaginaria en medio del jardín. El aire parecía detenerse para escucharla.
—Crear en Salto —dijo— no es solamente un acto estético. Es también un acto de conciencia y de amor.
Explicó que estas mujeres no solo escribieron, pintaron o cantaron, o lo hacen actualmente, fundando el suelo cultural que hoy habitamos.
—Ser la décima musa de esta tierra —continuó— es entender que la cultura es un hilo invisible que une a la tejedora de tapices con la cantante de rock, a la historiadora con la bailarina. El arte de la mujer salteña es como el Uruguay: fluye, golpea contra las rocas, pero siempre encuentra su camino hacia la luz del horizonte.
El brindis fue, entonces, por todas ellas.
Por las que están.
Por las que ya se volvieron memoria.
Por las que todavía están por llegar.
UN HOMENAJE QUE MIRA AL FUTURO

Este recorrido imaginario guiado por Anaranza no pretende solo recordar nombres ilustres. También busca abrazar a cada mujer de Salto, a la que crea arte y a la que sostiene la vida cotidiana.
Porque la cultura no nace únicamente en los escenarios o en los libros. Nace también en la casa, en las aulas, en las calles donde las mujeres trabajan, estudian, sueñan y construyen comunidad.
Las artistas que hoy celebramos no crearon en soledad. Se inspiraron en la fuerza de la mujer común, en su sensibilidad y en su lucha diaria.
Al despedirse, la décima musa dejó una última frase:
—Disfruta este 8 de marzo y recorre siempre el santuario de tu tierra. Aquí estaré cuando necesites que la décima musa vuelva a susurrarte algún verso.
Y el jardín —ese jardín de azahares donde habita la memoria cultural de Salto— quedó abierto para todos. Memoria que tiene otras voces, otros matices, otros colores, además, y debo confesarlo, fuera de libreto, aún me duele el tirón de orejas de Anaranza, por esa torpeza que me acompaña desde siempre, de los olvidos, de olvidarme de nombrar a muchas mujeres que hacen arte en mi ciudad, pero que sepan que en este homenaje también están ustedes…





