El turismo sexual en Salto involucra a jóvenes de todas las edades que buscan “una salida a sus problemas”.
¿Me puede mandar una chica a la habitación?
Testimonios reveladores de una realidad que nos golpea
Hace pocas semanas, un alto dirigente político local confió a un cronista de este diario un hecho tan real como tremendo. Salto podía ser sede de una convención empresarial y ante este advenimiento, un empresario vinculado al gremio del sector le consultó: “¿cómo está la zona roja?”. A lo que éste político local le respondió: “un desastre”. Por lo que el empresario le contestó: “entonces nos vamos para otro lado”.
Este hecho fue elocuente. El turismo sexual, que aparece como un secreto a voces, por su discreción y sutileza, existe en Salto desde hace muchos años. Lo peor del caso, es que involucra a jóvenes de distintos estratos sociales que llegan a verlo hasta como “una diversión” y lo más terrible, a menores de edad, que lo hacen como “una salida a sus problemas”.
En el siguiente informe de EL PUEBLO damos a conocer testimonios reveladores sobre la explotación sexual de jóvenes y relaciones que hablan por sí solas del deterioro social, que aún hoy tanto para la policía como para el INAU, son “sospechas” y no casos reales. Hacemos la salvedad a efectos de salvaguardar la identidad de las personas entrevistadas de que los nombres utilizados no son los reales.
«Yo tenía problemas en casa y él era bueno conmigo»
Muchas de los testimonios que se podrán leer a continuación tienen un denominador común, como los problemas familiares, y la carencia de contención y de valores en el hogar, que afectan en forma similar a quienes terminan siendo víctimas del abuso y la explotación sexual.
Aunque no es este el caso de salteñas en situación vulnerable, sino que muchos de los testimonios recabados por este diario, en este caso, es el de chicas que están en una muy buena situación económica y con posibilidades de crecer, pero por cosas de la vida terminan menospreciándose a sí mismas.
En ese sentido, EL PUEBLO recabó en forma directa el testimonio de varias adolescentes de la ciudad que se prostituyen. Se advierte al lector, que se utilizarán nombres que no corresponden a los verdaderos, a los efectos de preservar la identidad de las personas tanto de las menores como de los mayores que forman parte del relato.
ANA: EMPEZÓ A LOS 14 AÑOS
Ana empezó a prostituirse a los 14 años. Nunca conoció a su padre y no tuvo en su madre una buena referencia. Actualmente tiene 17 años de edad, vive en la zona del Cerro y hace poco retomó el liceo, el que había dejado hacía tres años.
Nos relató que una adolescente de su edad, del vecindario, un día le presentó a un empresario de alto poder adquisitivo, mayor de 40 años. Comenzó a frecuentar su casa, situación en la que la trataba bien y nunca se había propasado. En una ocasión, le prestó 100 pesos que necesitaba para salir al baile, y que nuestra entrevistada no consiguió con su madre.
Luego de eso relata que «empezamos a salir. Yo no le pedía plata, él me daba, o me regalaba cosas de su negocio o me traía ropa y cosas cuando se iba de viaje. Era «rebueno» conmigo, íbamos a comer y todo», dijo.
LUCÍA: EMPEZÓ A SALIR PORQUE QUERÍA PLATA
Lucía, tiene 17 años de edad y es amiga de Ana, también empezó a salir con el empresario, porque quería plata y Ana la inducía a que saliera con él.
«Ambas lo llamábamos a él cuando queríamos algo. Con él era distinto, a veces no hacíamos nada, íbamos a tomar cerveza a la costa o algo así, no era siempre como piensan». Lucía, no sale tanto por plata, sino por el simple hecho de salir si le gusta la persona que la invita.
«Pero ella llama a los hombres; les manda mensajes, cuando quiere plata llama a alguno. Les dice necesito plata, necesito tanto y sale a cambio de dinero. A ella no le falta nada: tiene una linda casa en el Cerro, vive con la madre y aunque ésta desconfía que se prostituye, aparentemente no lo tiene confirmado ya que Lucía le miente. Cuando le pregunta de dónde saca plata, ella le dice que fue a repartir folletos o algo siempre le inventa», nos contaron las chicas que son protagonistas de estas historias.
MAGDALENA: NO LO HACE POR NECESIDAD
Magdalena tiene 19 años, y también es amiga de Ana y de Lucía, y hacía tiempo que salía con otra persona mayor. Es del seno de una familia que tiene una buena posición económica y va al liceo.
Nos relató lo siguiente: «un día fuimos con Ana a las termas. Para poder costearnos los gastos, mantuvimos relaciones con la persona con la que yo salía, que nos dio dinero a las dos, y nos llevó hasta las termas».
Pero Ana, que hasta ese momento solo había salido con una persona, aún así admitió que no se sintió «rara». En este caso, ambas dividieron los roles con su amiga para consumar la relación.
Los adultos le mandan mensajes, como «¿ahora?», «¿pinta?», o cosas así, y ella confiesa es capaz de cualquier cosa, se atreve a todo tipo de relaciones, al punto que una vez hasta llegó a compartir una relación con un matrimonio. Dice que «no lo hace por necesidad», porque sale por cosas como por ejemplo, para comprarse cigarrillos, ya que sus padres tienen un negocio, autos y de todo.
LAURA: ESTUVO EN CHILE DE CONTRABANDO
Laura es de la misma edad que Ana (17), también tiene casa propia, vive en una chacra, y ha salido con muchas personas en un solo día, llegando a juntar en el mes hasta 16.000 pesos (16 mil pesos). Sale con extranjeros, un basquetbolista extranjero le consiguió unos clientes y la llevó a Montevideo y a Chile, según dijo ella salió casi como de «contrabando», puesto que sus padres no le habían dado permiso y no sabían nada.
Admite que incluso llegó a ir hasta a «fiestas» con empleados públicos o con deportistas del medio que la contrataban. Tiene un amante fijo, que la ayuda mucho, y no sabe que ella sigue saliendo con otros, piensa que con su ayuda la sacó de esto, hasta le compró una moto, un juego de living y le arregló toda la casa. Le mintió a la madre que tenía un novio, que la ayudaba, y lo llevó a la casa diciendo que ese era el tío del novio. Actualmente concurre a un liceo a tratar de terminar sus estudios de Secundaria.
ROMINA: ESTÁ BIEN ECONÓMICAMENTE
El caso de Romina es distinto. Ella es una chica que está muy bien económicamente; los padres pertenecen al rubro ganadero y conocía del liceo a Ana. Ésta un día le contó que salía con un hombre que la ayudaba y Romina dijo «yo también quiero salir», y así fue como Ana la invitó a una reunión, estuvo con ellos y mantuvieron relaciones. Ahora sale con personas que la contactan, pero lo hace de manera esporádica y cuando quiere hacerlo.
¿COMO SIGUIO ANA?: ME VOLVÍ «840»
Sin dudas que Ana fue la más abierta a contarnos su historia. De ese modo nos indicó que un día apareció Laura en una moto y le dijo que se la habían «regalado», y me invitó a ir a la casa de alguien, «fuimos y al final me contó que salía con esa persona y que la re ayudaba».
«Me querían presentar a un amigo de esa persona que tenía unos 60 años y que era un tipo muy conocido en el medio. Era Juan, que me ofreció trabajar para él en su negocio. Al rato me pasó un mensaje que decía ‘te gustan los regalos’, a lo que Laura me dijo ‘decile que sí’. Luego, «un día de noche salí con él», relató.
«Pasó el tiempo y se lo presenté a otras amigas, y ahí «me volví 840», contó Ana.
La expresión «840» proviene de una antigua ley (que tenía ese número) que sancionaba a los proxenetas (conocidos como ‘cafishos’) y a los «tratantes de blancas». Era una expresión que la policía usaba dentro de su «jerga policial» para identificar a un sujeto cuando era apresado por proxeneta.
Ana quería plata pero «no quería salir; entonces le presentaba a las mujeres». Con Juan salía pero a dar una vuelta o algo así, aunque la mayoría de las veces «no pasaba nada».
Juan la consideraba «una amante y un día le dije que necesitaba dinero para pagar el alquiler porque estaba en crisis y le pedí mucha plata, y no salí mas. Él me siguió llamando y entonces le dije que le iba a contar a su hijo y no me llamó más». Pero comentó que él siguió saliendo con las otras.
Como Ana no tenía ingresos, decidió salir con Luis, de unos 50 años de edad, el que ya era amante de Lucía. «Empezamos a salir. Yo tenía problemas en casa así que me iba a la casa de él, me cocinaba, le usaba la camioneta, era re bueno conmigo. Entonces decidí alejarme, además me había enganchado con un chico y no quería salir con nadie más», dijo.
Hoy sale con un hombre mayor, de unos 70 años de edad, de alto poder adquisitivo, del rubro agropecuario, «al que lo conocí por casualidad», afirma. Sostiene que esta persona es con ella «muy amable, somos muy amigos además, siempre que le pido algo me compra y me ayuda mucho».
«No son chicas del centro, sino más bien de los barrios», opina una persona que hace contactos
Según indicó a EL PUEBLO una fuente vinculada a tareas de relacionamiento con el público en horarios nocturnos (en un área que no se vincula directamente al objeto de este informe) «hay muchas personas que tienen números en su celular de chicas que se prostituyen, incluso menores de edad», que lo hacen.
Las personas que vienen de afuera de la ciudad (turistas o viajeros) ya «traen los contactos telefónicos de chicas los que lo consiguieron con alguna persona de Salto, así como también directamente consultan cuál es la zona roja y van derecho al lugar».
LAS ENCONTRADAS EN LOS BARRIOS
La fuente consultada para este informe, contó que quienes trabajan con él «tenemos teléfonos de chicas, que cuando arrancaron a prostituirse eran menores de edad y que tendrán hoy 18 años. Trabajan por su cuenta, algunas de las cuales ni siquiera les tenés que pagar algo: las invitas a salir y lo hacen nomás por placer, por cobrar algo. Las sacás a tomar algo y está», indicó.
Advirtió que sus contactos generalmente «no son chicas del centro, sino de los barrios que son las que no se paran en la calle, son consideradas más lindas, y usualmente dándoles algún regalito basta».
¿POR DINERO?
Si bien algunas de estas chicas lo hacen por dinero, «hoy en día encontrás personas que lo hacen porque les gusta». Según reveló esta fuente la situación se da prácticamente así: «las llamas, las invitás a tomar algo, te acompañan a salir y están con vos de noche».
La mayoría de los contactos están en los diferentes barrios de la ciudad. «Uno va hasta donde están y te das cuenta que ellas lo hacen porque les gusta, que no tienen necesidad económica de llegar a prostituirse».
SE HACE A ESCONDIDAS
Es una actividad que se hace «fuera del alcance de la vista. Se hace de manera muy discreta y anónima. Uno va a los barrios sobre el fin de semana y encuentra, se consulta y siempre hay contactos para llegar a las chicas que andan en esa movida, te hacés de un número telefónico y después se establece un contacto directo. No se da la prostitución en las calles. Suele ocurrir que las chicas que no trabajan más te pasen el número de otras chicas que están comenzando».
LA REALIDAD DE LAS CHICAS
Según nuestro entrevistado es «un tema sociológico. Uno busca estas personas en la periferia de Salto no por una causa menor. Esta gente está fuera del sistema social básicamente: no siempre está estudiando y no siempre está trabajando. Y esta gente se agrupa en la parte más lejos del centro de la ciudad y tendrá una manera de pensar en donde todo esto es normal. Esto está establecido en ellas: o lo hacen como una forma de diversión o de encontrar a alguien que les haga un regalo o como una manera de trabajo», opinó.
Marisa González, jefa departamental de INAC
Los adultos están «enfermos» porque usan a menores de edad para «satisfacer sus necesidades sexuales»
La directora departamental del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU) Marisa González, expresó que la llamada explotación sexual comercial «viene encubierta con otras situaciones de vulnerabilidad. Han venido los padres o algún referente familiar a pedir ayuda preocupados por la situación de un adolescente». Sobre todo las «nenas son las que generan mayor preocupación, porque es lo que más se ve y más expuesto está».
Las denuncias vienen relacionadas «con la permanencia de largo tiempo en la calle y también con el consumo de sustancias psicoactivas». La «práctica sexual sola no la encontramos, se da una complejidad de conductas, de vulneración de derechos que es propio, sobre todo de los adolescentes».
HAY DENUNCIAS EN BARRIOS DE SALTO
En determinadas zonas «se planifica un seguimiento de visitas, y pienso que en algún momento se va a llegar a concretar esta situación». La jerarca, afirmó que éstos hechos «se suelen dar en los barrios, de manera encubierta y en determinados casos se nos dice que parece casa de familia, pero mire que no es, o en lugares de expendio de bebidas, o una sala de juegos o en un ciber que tampoco son sólo eso».
La directora departamental de INAU consultada por EL PUEBLO para este informe, expresó que «en los casos individuales en que se pide ayuda para determinados adolescentes, se sigue, se sabe donde están, se interviene con la familia». Se trabaja primero siempre con «el área social y se pone en conocimiento al Juzgado de las determinadas situaciones».
Para que el INAU pueda intervenir existe todo un procedimiento con el Ministerio del Interior, con el Poder Judicial, a través del departamento de Espectáculos Públicos y con unidades especiales del INAU. Las denuncias permiten que se haga foco en «zonas que no son las que habitualmente la gente las tiene como las zonas rojas, aunque hemos tenido denuncias del trabajo de menores en dichas zonas».
En el caso de lugares físicos «lo trabaja el inspector de Espectáculos Públicos con la gente de Montevideo» e inmediatamente se acciona. En situaciones de calle, el INAU «no puede intervenir, pero hay otros procedimientos de intervención. Siempre se interviene»
ADULTOS ENFERMOS Y SALTO CIUDAD PROPICIA
Para el INAU es fundamental que surjan las denuncias «para que podamos intervenir para evitar daños mayores». La situación siempre aparece encubierta «sobre todo cuando el que pide ayuda es del entorno familiar cercano, porque es un tema muy doloroso e interpela a los roles parentales, y porque a nivel social genera un síntoma de alta vulnerabilidad».
Para González «si existe» la prostitución, quiere decir que «existe un cliente que está dispuesto a pagar», y por lo general todos los clientes son adultos. «Estamos hablando de una sociedad adulta que está enferma, que usa para satisfacer sus necesidades sexuales a menores de edad. El que sostiene la existencia de esa situación es el adulto que usa y abusa de los menores». El INAU plantea en el análisis que «Salto tiene todos los ingredientes que potencian la explotación sexual comercial de menores, por ser una sociedad turística y un lugar de tránsito, que tiene la frontera con Argentina, factor considerado de alto riesgo». El litoral es considerado «una ruta muy potencial para estas cosas. En su momento eclosionó una red en Paysandú y hubo una gran alerta a nivel regional y se plantean intervenciones».
EL CONSUMO Y LA COMPLEJIDAD
González nos ilustró expresando que «hoy los adolescentes se enfrentan a un alto índice de consumo comercial globalizado, por el que se quiere tener cosas materiales tan mínimas como desde el calzado de marca, hasta el último celular, cosas que en su familia no lo puede alcanzar».
Esto permite que aquel adulto que se sirve de su cuerpo «en corto tiempo le puede satisfacer esa necesidad de consumo global. Lo que ve y queda expuesto al análisis social por lo general está directamente relacionado con la franja social más vulnerable, pero esta situación existe también en las clases medio altas muy bien disfrazada. Lo que sale a la vista y en el análisis primario y que siempre es más fácil de cargar es que para satisfacer necesidades básicas, uno de los caminos más cortos para los adolescentes, es la practica sexual prostituida en la mujer y la delincuencia en los varones. Es todo una cadena que no se puede desligar. Son un conjunto de causas que confluyen en una conducta», analizó.
¿HAY REDES? ¿Y LA CONCIENCIA CIUDADANA?
No se ha constatado la existencia de redes o de personas que «hagan trabajar sexualmente a menores», según González. Pero, agregó que «está la sospecha». Para que exista esto, tiene que haber un cliente, «ese cliente le trasmite esto a otros y se hace que se forme un circuito. No lo hemos podido comprobar pero en los decires está planteado». Falta un poco de «conciencia ciudadana sobre estos temas. Si yo tengo datos confiables y verídicos de que hay un determinado circuito o zonas en que adultos regentean, administran u organizan menores para prostituirse tengo la obligación moral de ir al Poder Judicial, o al INAU, a la oficina de Violencia Doméstica y trasmitir esa información, para que empecemos a cortar estos circuitos si es que existen», advirtió la jerarca.
«Me puede mandar una chica a la habitación»
Según pudo saber EL PUEBLO hace un tiempo se daba una situación en la que un taxista proporcionaba, a pedidos concretos, información sobre mujeres que trabajaban a domicilio (algunas de ellas menores de edad), para realizar fiestas privadas que incluían desnudos y relaciones sexuales.
Esta situación no se pudo verificar que continúe existiendo, pero según testimonios recabados por EL PUEBLO es frecuente que haya encuentros motivados por personas que contratan servicios a través de terceros.
También, fuentes vinculadas a sectores turísticos, nos informaron que se ha planteado la situación en la que turistas extranjeros, principalmente provenientes de Europa, solicitan servicios de acompañantes en los hoteles en los que se hospedan. Si bien hay muchos hoteles en Uruguay que tienen en su cartilla de promociones la oferta de «damas de compañía», sobre todo en el sur del país, en Salto todavía no se brinda oficialmente tal servicio.
Aunque según pudo saber EL PUEBLO, las solicitudes de esta naturaleza aún existen. No hace mucho tiempo, un turista asiático que llegó a hospedarse en un hotel de Salto, llamó a la recepción del lugar solicitando «si le podían mandar una chica a la habitación», pero fue más allá y le dijo a un ya atónito recepcionista «envíenme la del servicio de ustedes, lo que tengan».
¿Qué hago ahora?, se preguntó el empleado del hotel que no podía dejar disconforme al cliente. Sin embargo, como el hotel no brinda ese tipo de servicio sexual de acompañantes, el turista fue contactado con otra persona, conocedora del rubro, que finalmente le proporcionó lo que estaba buscando, «muchachita joven» pidió al fin, la que al cabo de unos minutos se le apersonó en la habitación.
Policía «no sabe» si hay prostitución de menores
Oficialmente para la Policía la prostitución de menores «no existe» en Salto. Puesto que no han tenido denuncias concretas al respecto y en ese sentido, no han tomado intervención alguna. Consultado para este informe el jefe de Policía de Salto, el inspector general retirado Carlos Ayuto, comentó que si bien desde que está en Salto «no han habido» detenciones por hechos de esta naturaleza, admitió que «tampoco han salido a la caza de hechos de este tipo, por la simple razón por la que no cuentan con denuncias puntuales.
SOLO SE QUE NO SE NADA
Consultado por EL PUEBLO, el jerarca policial señaló que en primer lugar el problema que surja con la minoridad atañe exclusivamente al INAU, según lo establece el Código de la Niñez y la Adolescencia. «Pero si nosotros sabemos algo, actuamos de inmediato», agregó.
En ese sentido, el jefe de Policía subrayó que «nosotros no tenemos denuncias al respecto, oficialmente no sabemos que existan casos de prostitución de menores, no hemos detectado situaciones de este tipo. Ahora, debo reconocer que tampoco hemos salido a la caza de casos específicos», comentó.
Advirtió por su parte que «en caso de que exista una denuncia concreta tomaremos los recaudos que sean necesarios».
El inspector general retirado Carlos Ayuto asumió como jefe de Policía de Salto el pasado 1º de marzo, e informó que desde entonces no ha tenido problemas de este tipo. «Sí recuerdo un caso en el que un par de menores denunciaron problemas con una persona que se propasó con ellas, pero no fue más que ese hecho», aseveró.
Ayuto se refirió a la denuncia que hicieron dos menores de 14 años de edad, las que fueron invitadas a asistir a un local de la zona portuaria, y terminaron acosadas por el propietario del lugar, que terminó con un procesamiento por este hecho.
Normativa aplicable en el país
Ante «la urgente necesidad de implementar acciones concretas en el combate a la explotación sexual de la niñez y la adolescencia en todas sus formas, sean estas, prostitución, pornografía, tráfico de niños con fines de explotación sexual, turismo sexual y cualquier otra modalidad de violencia sexual tanto comercial como no comercial», el 27 de octubre del 2004 se creó en Uruguay el «Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y no Comercial de la Niñez y la Adolescencia». En el artículo 41 de nuestra Constitución se lee que «La ley dispondrá las medidas necesarias para que la infancia y juventud sean protegidas contra el abandono corporal, intelectual o moral de sus padres o tutores, así como contra la explotación y el abuso».
La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989; establece la obligación de Uruguay de comprometerse «a proteger al niño contra todas las formas de explotación y abuso sexuales, y de tomar medidas para impedir la incitación o la coacción para que un niño se dedique a cualquier actividad sexual ilegal; la explotación del niño en la prostitución u otras prácticas sexuales ilegales; y la explotación del niño en espectáculos o materiales pornográficos».
La ley 18250 en su artículo 78 establece que «Quien de cualquier manera o por cualquier medio participare en el reclutamiento, transporte, transferencia, acogida o el recibo de personas para el trabajo o servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares, la servidumbre, la explotación sexual, la remoción y extracción de órganos o cualquier otra actividad que menoscabe la dignidad humana, será castigado con una pena de cuatro a dieciséis años de penitenciaría. A su vez se considera como agravante especial cuando la victima se trate de un niño o un adolescente o incapaz físico o intelectual.





