«Debemos preguntarnos si hay lugar en nuestro corazón para que nazca Jesús, más allá de las luces y el estruendo»

Monseñor Arturo Fajardo, Obispo de la Diócesis de Salto

Retomando una vieja costumbre de llegar estas festividades de fin de año y solicitar una palabra sensata que nos ayude a entender el mundo que nos ha tocado vivir, es que convocamos a Monseñor Arturo Fajardo, hombre del interior, de su Aiguá natal, que recuerda con emoción cada vez que ve la película uruguaya «Un viaje hacia el mar» basada en un cuento de Morosoli. Así lo recordamos en la charla amena y afable que se dio como siempre, casi de manera natural, mientras hablábamos del mundo que nos dejó la pandemia.

  • ¿Cómo evalúa la Iglesia este año que está terminando y de pos pandemia?
  • Es como un recomenzar en muchas cosas, también en la vida de la Iglesia tuvimos que recomen­zar. El primer año que estuve aquí, en 2020, estuve bajo pandemia, y me acuerdo cuando llegué que andaban todos con tapabocas, si bien ahora hay nuevamente un aumento de casos. Después también surgió lo de la guerra de Ucrania que ha impactado a nivel mundial. Una guerra en el corazón de Europa, algo que era totalmen­te inesperado, una economía mundial que se ralentiza y situaciones nuevas que van surgiendo que complican la vida de la humanidad.
  • Creo que ha sido un tiempo difícil donde hemos sido probados en cantidad de desafíos, desde lo medioambiental, por ejemplo. Justamente, hoy leía todo lo que está produciendo la destrucción del medioambiente y todas sus consecuencias. Y si faltara algo, también tenemos la situación del litoral que nos afecta a todos debido a la diferencia de precios con Argentina, con cerca de un 150% según creo recordar del último informe del Observatorio Económico de la Universidad Católica, lo que sin duda ha generado que el departamento de Salto hoy tenga el mayor índice de desocupación de todo el país. O sea que son situaciones complejas que la sociedad en su conjunto tiene que enfrentar y ver cómo salir adelante, porque en definiti­va, es el trabajo lo que dignifica a la persona.
  • Hablando con psicólogos me dicen que la pandemia provocó que las personas se metieran dentro suyo buscando redescu­brirse. Ese encerramiento en sí mismo, ¿no nos alejó de la sociedad?
  • Lo decían los antiguos sabios, conócete a ti mismo, que es el principio de la sabiduría, el conocimiento de uno mismo. Si ese entrar dentro de nosotros
  • mismos es para conocernos, para conocer nuestra fragilidad y para ver nuestras posibilidades, está bien. Si se trata de un encerra­miento egoísta, de un sálvese quien pueda y aquello de hacé la tuya, en ese sentido la sociedad se empobrece. Cuando comenzó la pandemia yo estaba de Obispo en San José,y ahívi muchos gestos de solidaridad, de compartir, de apoyo de muchas maneras, la utilización de todo lo que significa­ron las nueva tecnologías para acompañar a las personas.
  • Como todas las situaciones, nunca son unívocas, siempre hay personas que de repente se encierran en sí mismos por miedo. Me acuerdo que había una persona en San José que no se animaba a sacar la basura, y se ponía guantes para sacar la basura, era una especie de psicosis. También conocí a otras personas que supieron ayudar, estar cercanos, llevarle los alimentos a los que no salían. Hubo muchos gestos lindos, pero hubo otros que no condicen con eso. Fue muy variada la gama de situaciones que se vivieron.
  • país que tiene de los valores más altos en suicidio de América Latina, así que todo el sentido de la vida se pone ahí en cuestiona­miento.
  • Por eso, creo que una de las cosas que la gente más pedía era ser escuchada, de las que más extrañaba poder encontrarse, algo que también pasó en la familia. Una navidad la tuvimos que celebrar prácticamente sin poder reunirse. Así que el reunirse, el poder estar en familia, es una de las cosas que más valora el uruguayo, somos familieros por naturaleza. En lo social y en lo religioso, el encontrarse, que es como me gusta definir al cristianismo, que es como un encuentro, el encuentro con Jesús. Así que si no nos podíamos encontrar, las tecnologías por más que nos ayuden, no es lo propio de la convivencia y de la comunidad. Así que siempre será eso una dificultad, el no poder estar juntos.
  • Tocó un tema delicado, el suicidio. No solo adolescentes y jóvenes tienen la franja más elevada en ese sentido, la pandemia trajo también la franja de personas mayores de entre 60 a 80 años de edad que también se ha desbordado en materia de suicidios, dicen que como consecuencia de la depresión generada por una soledad obligada por el COVID. ¿Qué mensaje puede darse ahora que hablamos de la familia y el reencuentro?
  • Es un tiempo complejo para mucha gente. He visto en las redes a mucha gente que ya llega la navidad y dicen que no es un tiempo lindo porque recuerdan a quienes ya no están porque fallecieron. Siempre cito una frase de un famoso psiquiatra vienés, Viktor Frankl, de toda esa línea de
  • la logoterapia. Él decía que uno no puede elegir lo que le toca, pero siempre va a poder elegir cómo va a vivir lo que le toca. Esa libertad no la perdemos nunca. Él perdió a toda su familia en el campo de concentración de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, perdió a su mujer, y cuando salió, lo único que no le pudieron quitar los nazis fue su libertad de poder elegir seguir viviendo y hacer el bien.
  • Eso es una actitud frente ala vida. que la noche se hace buena Yo puedo elegir cómo voy a vivir lo}}
  • que me toca, y eso en una enfer­medad, en una situación de depresión, esa libertad última nunca la perderemos, y ahí está también, me parece, un motivo de esperanza de que uno pueda salir adelante.
  • La Iglesia ha demostrado en los Últimos años estar en sintonía con el mundo en el que está inserta con un mensaje navideño
  • específico según el tiempo en el que estamos viviendo. ¿Cuál sería el mensaje para este año?
  • Antes de encontrarnos para esta charla leí un artículo que me hizo pensar mucho, que llevaba por título Esperando lo inesperado, jugaba con esas palabras.
    La Navidad es un acontecimiento de vida, pero para los que no tienen fe, que se ponen en ese modo navidad, les recuerdo que el centro no puede ser ni el consumo ni la parafernalia ni los ruidos, es Jesús que nace en la periferia del mundo, en un lugar desconocido y que nace en un pesebre porque no había otro lugar. O sea, la gran pregunta que podemos hacernos es si hay lugar para Jesús y para lo que Jesús representa en este tiempo yen mí.
    La pregunta que debemos hacernos es si hay lugar en nuestro corazón para que nazca Jesús, más allá de las luces y el estruendo.
    Y para los cristianos es como el comienzo de un nuevo mundo. Veía a un Padre de la Iglesia que decía, «bueno, nuestro cuerpo, nuestra sociedad está tan deterio­rada que el nacimiento de Jesús viene a sanar y renacer, es la luz que ilumina la noche de Belén, es la nochebuena en el sentido de
  • Eso es una actitud frente ala vida. que la noche se hace buena Yo puedo elegir cómo voy a vivir lo porque nace Jesús,que es la luz.
  • Creo que el mensaje de este año va por ahí este año, de que la vida humana tiene un sentido, de que toda persona tiene una inmensa dignidad, sin importar dónde esté ni qué situación le toque vivir, y que hay una buena noticia, que es la que conmueve al mundo, que es un poco el mensaje central de la Navidad.
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