Con apenas 23 años, un joven cocinero transforma su propia historia de vida en una acción concreta contra el hambre, recorriendo la ciudad cada lunes para asistir a personas en situación de calle.
De la calle a la solidaridad: la historia de Nacho Estegiano y las viandas que alimentan esperanza

Con apenas 23 años, Nazareno —Nacho— Estegiano transformó una experiencia de vida marcada por la calle, el hambre y la indiferencia en un proyecto solidario que hoy interpela a toda la sociedad salteña. Cocinero desde hace siete años y dueño de un pequeño negocio de viandas, Nacho no habla desde la teoría ni desde la comodidad: habla desde haber dormido a la intemperie siendo adolescente, desde haber buscado comida en volquetas y desde haber sentido en carne propia lo que significa que nadie mire, que nadie ayude.
La iniciativa surgió sin planificación, casi de golpe, como él mismo lo define. No fue una estrategia ni una campaña pensada, sino una respuesta urgente a una realidad que conoce demasiado bien. Cada lunes, con una moto, tiempo y esfuerzo propio, y con el apoyo de su familia, vecinos y pequeños comercios, Nacho sale a recorrer la ciudad para entregar viandas a personas en situación de calle. No discrimina, no pregunta historias clínicas ni antecedentes: ayuda. Porque entiende que el hambre no espera y que la dignidad tampoco.
En pocas semanas, lo que comenzó como un gesto individual se convirtió en un movimiento colectivo. Las redes sociales amplificaron la acción, pero el motor sigue siendo el mismo: que nadie tenga que dormir con el estómago vacío. En cada entrega se construye algo más que un plato de comida; se genera un vínculo, un abrazo, una palabra, una posibilidad. Para algunos, incluso, la idea de que otra vida es posible.
Esta historia no solo habla de solidaridad, también funciona como un llamado de atención. Nacho lo dice sin rodeos: Salto fue una ciudad solidaria y esos valores parecen haberse diluido en la rutina, el miedo o el cansancio. Su proyecto, que hoy sueña con convertirse en una ONG, busca justamente eso: sacudir conciencias, demostrar que no hace falta ser millonario para ayudar y que un pequeño gesto puede cambiar realidades.
Desde la calle y para la calle, esta es la historia de un joven que decidió no mirar para el costado y que, a través de una vianda caliente, intenta rescatar vidas, incluida, de alguna manera, la suya propia.
Por tal motivo, el protagonista de la historia de vida de hoy es Nazareno —Nacho— Estegiano.
¿Cuántos años tenés?
—Tengo 23 años, tengo un negocio de viandas. Ya bastante me conocen por el tema de las redes sociales, por la obra social que estamos haciendo.
¿Cómo comienza esta idea de repartir viandas a personas en situación de calle?
—Si te digo que hay una planificación detrás, te miento. Fue todo de golpe. A pesar de la idea que tuvimos, yo ya viví la situación de estar en la calle hace años atrás. Entonces, esto es una forma también de repercutir en la ciudad. Yo creo que Salto siempre fue una ciudad solidaria; creo que esos valores se perdieron.
Cuando te tocó estar en situación de calle, ¿qué edad tenías?
—Catorce, quince años más o menos.
Vos más que nadie sabés lo que es estar en una situación así.
—Exactamente, es algo que no se lo deseo a nadie, pero con esto intentamos al menos cambiar algo.
¿Hubo alguna anécdota o algo que viste en la calle que te hizo decir “me tengo que ocupar de esto”?
—Sí, anécdotas ves todos los días: pasar frío, calor, hambre, gente volqueteando, comiendo comida con bichos. Y a partir de eso también te da la motivación de ayudar bastante.
—Hoy en día, por suerte, tenemos un negocio que nos permite generar ganancias para poder cocinarles a las personas.
Antes de comenzar con este proyecto solidario, ¿qué hacías?
—Soy cocinero hace siete años. Hago lo mismo, me dedico a la cocina. Aparte del negocio, tengo otro trabajo también y es todo en base a la cocina.
¿Cómo conseguís los recursos para hacer las viandas?
—El primer lunes, con todo lo que vendimos en la semana, sacamos plata y compramos. Pero lo de ayer fue distinto: un lote de empresas se unió y quiso donar, aportar su grano de arena, y gracias a eso salieron setenta u ochenta viandas.
¿Vas recorriendo zonas y viendo quiénes están en situación de calle?
—Salimos en una motito y vamos recorriendo. Ya más o menos tenemos noción de dónde hay. Andamos, los frenamos. Ayer fue completamente diferente al otro lunes, ya me conocen por los videos.
La primera vez que llegaste con una vianda, ¿qué te dijeron?
—La verdad que estaban sumamente agradecidos. Te dicen “muchas gracias”, “Dios te bendiga”. Hay algunos que te abrazan, te saludan.
Generás un vínculo.
—Exactamente. Ayer ya nos vieron en las redes y nos reciben cantando. Está muy bueno y es una forma de darles otra posibilidad: que digan “capaz me rescato de la calle y puedo hacer lo mismo que él”. Esa es una idea que tenemos: intentar rescatar la mayor cantidad de vidas posibles.
Vos pudiste salir de la calle.
—Y lo hice sin ayuda. Yo creo también que podemos dar. Si todo Salto pusiera un granito de arena, no habría tantas personas en situación de calle.
¿La gente mira para otro lado?
—Sí. Se lo he preguntado a gente y dicen “no me di cuenta que hay gente en el Bernasconi”. Tampoco es culpa de la gente, la rutina te mata. Capaz que esto es un tirón de orejas para todos.
Que la gente vea que se puede hacer.
—Y más que nada que no se precisa tener mucho para ayudar. Ese es el eslogan de la fundación: “Ayudar sin ser millonario”. No necesitamos tener mucho para poder ayudar al prójimo.
¿Por qué los lunes?
—Porque es el día que tengo más libre, entonces me dedico solo a eso.
¿Alguien te ayuda?
—Sí. Arranqué solo, ahora hay diez o quince personas atrás.
¿Qué dijo tu familia?
—“Dale para adelante”. Tengo dos hijas, mi mujer, y hoy ya están conmigo haciendo viandas.
¿Qué sentís cuando entregás una vianda?
—Te acostás tranquilo sabiendo que ayudaste a alguien. Hay gente que mira al cielo, cierra los ojos y agradece. Eso te llena el alma.
¿Qué ves hoy en la calle?
—Mucha necesidad. Ayer vimos dos gurisitos de siete u ocho años descalzos con la madre, y una persona no vidente sin comer. Hay situaciones feas que no se conocen, y con los videos hacemos que se vean.
¿Qué mensaje le darías a la sociedad?
—Que una gotita en el océano igual suma. Si todos damos un granito de arena, podemos cambiar esto. Hoy empezó con una vianda, mañana capaz con trabajo. Si una empresa dice “tengo trabajo”, ya podemos salvar a alguien. Esa es la idea principal: llegar a más.






