Ruben Márquez, luchador social, sindical y político de toda la vida cuenta parte de su historia donde recuerda sus orígenes, el haber quedado sin padre a sus 3 años y tener que ayudar a su madre junto a sus hermanos para poder sobrevivir y su experiencia con la última dictadura, la que tuvo que perseguirlo por los techos céntricos de la ciudad para arrestarlo y detenerlo con torturas por 4 años.
SUS ORÍGENES
Márquez nació un 3 de junio de 1936 en el Barrio Cien Manzanas, del que tiene pocos recuerdos porque “enseguida nos
mudamos para el Barrio Saladero, después fuimos para Salto Nuevo y allí me quedé”.
Su padre falleció a los 37 años de edad de un ataque cardíaco cuando él tenía apenas 3 años de edad, “trabajaba en la intendencia”, quedando su mamá sola con sus cuatro hijos del que Ruben Márquez era el tercero, “dos varones y dos mujeres”.
Después que muere su padre “nos echaron del rancho” donde vivíamos en Cien Manzanas, “frente al puente de Los Algarrobos”, y fueron “de agregados al Barrio Saladero, a la casa de mi tía. Mi madre lavaba ropa, pisos y todo eso en el centro, y cuando volvía traía la comida que dejaban en la casa donde hacía los trabajos de limpieza. Nosotros con mi hermano, como estábamos al lado del río, pasábamos ahí, pescando y nadando, hasta que venía nuestra madre con la comida que le daban… la verdad que quedamos indigentes cuando murió mi padre”.
AYUDANDO A LA CASA
“Cuando vivíamos en Saladero, mi madre lavaba la ropa en el río y planchaba con un planchón de carbón, y con mi hermano después que mi madre lavaba todo el día, íbamos para el centro con una canasta con la ropa planchada y a la vuelta traíamos más ropa sucia”. En ese momento Márquez contaba ya con 4 o 5 años y su hermano era tan solo 2 años mayor.
Más tarde trabajó de mandadero de una casa de familia, atendía además el jardín. Como tuvo que ayudar a los ingresos de la casa desde muy chico, no pudo ir a la escuela. También trabajó en un molino de arroz ubicado donde hoy se encuentran los talleres de la intendencia por calle Uruguay al 1800, “ya era un obrero, tenía 14 años”. Pero en el molino se presentó un problema salarial donde la patronal se negó a cumplir con los aumentos previstos, y como Márquez no aceptó firmar por la mitad del aumento, fue despedido junto al delegado gremial. Ahí se fue al norte, a trabajar en la caña de azúcar “y haciendo otras cosas”.
LA UTE
Márquez jugó al fútbol en Salto Nuevo y en Chaná, “yo jugaba de número 2 o de 5”. Recuerda que “vino un muchacho, Aguilera, que había sido de Chaná y que en ese momento se encontraba jugando en Colombia. Vino a ver a sus familiares y entonces iba a entrenarse con nosotros”, ahí se conocieron y lo invitó a irse a vivir a Colombia. “Andaba sin trabajo buscando, y yendo por la calle Rivera hasta donde está la UTE, vi una cantidad de camiones inmensos, le pregunté a alguien quién mandaba, me señaló a un hombre bien grande, era un alemán, eran todos unos motores que iban a ensamblar y este alemán era ingeniero. Pedí para hablar con el hombre, le pedí trabajo, me miró de arriba para abajo, yo tenía 22 años, y me dijo que volviera mañana. Fui al otro día y empecé a trabajar, era 1958. Culminada “la changa”, le pidió “a los ingenieros de la UTE” para seguir trabajando. Luego de estudiar “la carpeta nos dijo que habíamos cumplido, así que quedamos todos, ‘pero eso sí, van a hacer pozos y zanjas’, nos dijeron”.
Una tarde mientras estaba haciendo una zanja “a pico y pala para los cables subterráneos” apareció “un funcionario, me preguntó si yo era Márquez, me afligí porque esa persona tenía mi ficha donde quedaba en evidencia que no había ido a la escuela, yo no sabía leer ni escribir, me preguntó entonces si no quería estudiar, le dije que si, entonces de día hacía pozos y zanjas y de noche estudiaba. Tenía que dar los exámenes en Paysandú y en Montevideo, la UTE me facilitó todo. Era un peón, después medio oficial, después oficial, capataz, luego sub jefe técnico y me jubilé de jefe técnico”.
TIEMPOS DIFÍCILES
Márquez recuerda que desde que ingresó a la UTE ya fue nombrado por sus compañeros como delegado gremial de AUTE, “ahí ya me querían echar los colorados, después también los blancos, pero como estaba AUTE de por medio, tenían que respetar y no me podían echar”.
Sus recuerdos del golpe de Estado lo trasladan a 1968, durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco con medidas prontas de seguridad y la militarización de los sindicatos, donde pasó noches en los cuarteles siendo conducido al día siguiente al trabajo. Recuerda haberse encontrado ya en esas vueltas con “Batalla, Altamiranda, los Chácharo, los bancarios…”
Márquez tiene presente otro episodio ocurrido en 1971, viajando a una reunión sindical en Montevideo el ómnibus fue detenido “por los milicos que habían atravesado un camión en plena ruta” a la altura de Flores, “me agarraron en andas y me tiraron al camión. Me llevaron al cuartel”. Márquez piensa que fue detenido porque su “situación era bastante particular porque fui fundador de la CNT, también fui fundador del Frente Amplio y siempre estuve en AUTE”. Está convencido que gracias a la intervención de la CNT y del Frente Amplio que se preocuparon por averiguar por su destino, es que hoy está vivo.
El día de la disolución de las Cámaras, el 27 de junio de 1973, siendo presidente de AUTE, Márquez recuerda haberse dirigido a la casa de AUTE, como solía hacer todos los días luego de trabajar y le extrañó encontrarse con sus puertas cerradas, “abrí la puerta y estaba lleno de milicos con fusiles, me apuntaron. Vi lo que estaban haciendo, estaban rompiendo todo, teníamos una biblioteca para los hijos de los funcionarios que estudiaban, agarraron esos libros, los tiraron y los quemaron. Nos robaron todo, fue algo impresionante, suponemos que se llevaron nuestros muebles al cuartel porque metieron todo en sus camiones. Esa casa quedó hasta el 85 intervenida por el ejército, que puso a Subsistencias para que funcionara ahí”.
PRISIÓN Y TORTURA
El 2 de febrero de 1976 “llevaron presos en forma definitiva a todos los dirigentes sindicales, donde estábamos los Altamiranda, Batalla, yo, los Chácharo, a todos”. Esto ocurrió luego de una reunión de la CNT realizada en la sede de ADEOMS (Brasil 380), “habíamos terminado la reunión, los muchachos estaban jugando al casin y otros tomando una cerveza, y la policía rodea la manzana, entraron y sacaron presos a los muchachos, yo dije que no me iba a entregar, me saqué los zapatos, subí por el muro del fondo y empecé a andar por los techos de las casas de los vecinos hasta que un perro empezó a ladrar, vino el dueño con un revólver, menos mal que no me tiró, entonces me tiré para la calle y me agarraron. Nos llevaron a todos presos”.
Márquez desde ese momento estuvo preso 4 años, la mitad del tiempo en el cuartel de Salto y los últimos dos años en el Penal de Libertad, hasta 1980. En esos años “todos fuimos torturados. Nos daban palizas, nos ponían de rodillas con las manos en la nuca, y a algunos nos pegaron más y a otros menos, a otros los rompían todo”, algo que no se explica porque “en Salto todos nos conocíamos, sabían quiénes éramos del partido, la mayoría éramos del Partido Comunista”. Márquez recuerda que los torturaban sin preguntarles nada “porque ya sabían todo de nosotros, a mí nunca me interrogaron, supongo que nos pegaban para ablandarnos”.
“CUANDO ESTEMOS MUERTOS”
Márquez fue una de las personas que el año pasado presentó una demanda penal contra sus torturadores. Preguntado qué espera de la Justicia, dijo sin titubear, “espero que la Justicia actúe y le muestre al pueblo quiénes son los torturadores que caminan libremente por la calle, para que así las nuevas generaciones que no saben qué pasó en este país durante la dictadura, sepan”.
– ¿Cuándo habrá finalmente paz en este tema?
– Creo que algo de razón tiene (el presidente José) Mujica… cuando estemos todos muertos, porque yo no puedo dejar de decir lo que le estoy diciendo a usted… ¿Por qué? Porque murió mi madre por culpa de que me llevaron preso, no lo pudo soportar. Yo iba todos los días a verla, y cuando se dio cuenta que yo no iba más se enfermó y murió. Mis hijos no pudieron terminar el estudio, los echaron de la casa, mis hijos y mi mujer quedaron indigentes. Mientras estuve en el Penal nunca me pudo ir a visitar ningún familiar… ¿Cómo puedo olvidarme de esas cosas? Mientras estos criminales estén, nunca los voy a dejar. Cuando me muera… tá, se terminó, y cuando ellos se mueran también.
Hoy por: Leonardo Silva





