En alguna oportunidad hemos manifestado en estas columnas que no nos gusta ver a veteranos, o ancianos presos y muriendo tras las rejas. Y lo ratificamos hoy. No nos gusta. Como tampoco nos gusta ver a los delincuentes comunes tras las rejas, privados de su libertad.
Otra cosa muy diferente es cuando hablamos de justicia. Si alguien delinquió, si alguien torturó y mató demostrando el mayor desprecio por las leyes que se ha impuesto la sociedad que integran, y en la que inciden aunque no les importe, deben ser responsabilizados con todo el rigor de la ley, ni más ni menos.
No es cuestión de gustos, sino de justicia, no compartimos, ni compartiremos jamás la tortura y las injusticias, vengan de donde vengan, quien infringió la ley, debe pagar hasta el último día en las condiciones de reclusión establecidas.
No nos gustan los privilegios. Mucho menos las leyes que procuran beneficiar a alguien en particular por eso repetimos nuestra posición. No nos gusta, pero entendemos que es lo justo.
En nuestro país se está hablando de un proyecto de ley que procura cambiar las condiciones de reclusión (en condiciones benévolas) en que se hallan los militares procesados por lesa humanidad (tortura, crímenes y demás en aplicación de una política de Estado) y en cambio darles prisión domiciliaria. No nos gusta que haya ancianos presos, pero creemos que es lo justo. Nuestras leyes se oponen a este alcance. Es más la Constitución establece que la prisión no puede ser para torturar o demostrar odio a los infractores, sino para tratar de recuperarlos.
Es más, entendemos que cuando alguien elige el camino fuera de la ley, cualquiera que este sea, sabe o debe saber al menos, muy bien cual es el riesgo que enfrentará. Nuestro país no tiene pena de muerte (decisión que compartimos) ni cadena perpetua y por lo tanto pedir que esto sea modificado, es pedir que se desconozca la Constitución y la humanidad misma.
No nos gusta que haya ancianos muriéndose en la cárcel, pero lo entendemos, es más lo aceptamos y lo reclamamos cuando se trata de obrar con justicia. Ellos sabían y saben bien a que se exponían cuando infringieron la ley.
No compartimos los privilegios -ninguno de ellos- por la sencilla razón, de que cuando infringieron la Constitución y la ley tampoco se mostraron dispuestos a conceder ningún privilegio.
Alberto Rodríguez Díaz
